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Bajo contrato con el magnate

Bajo contrato con el magnate

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Maltrato Emocional / Venderse para pagar una deuda / Amante arrepentido / Romance oscuro / Completas
Popularitas:51k
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Para pagar el tratamiento de su abuela, Valentina Cabrera acepta convertirse en la amante de Damián Mondragón, un magnate acostumbrado a decidir cuándo empieza una relación y cuándo termina.
El acuerdo es claro: acudir cuando él la llame, guardar el secreto y no confundir la cama con el amor.
Valentina tiene su propio plan. Anotar cada peso que recibe, seguir bailando y devolverle todo para poder marcharse. Lo difícil será cumplirlo cuando Damián empiece a romper sus reglas y ella a esperar algo más que dinero cada vez que él la busca.
Pero mientras sus besos la hacen creer que es especial, sus decisiones empiezan a cerrarle las puertas que necesita para construir una vida propia.
Cuando Valentina decide irse, él le recuerda el precio de romper el contrato: seis millones de pesos.
Ella acepta la deuda.
Damián estaba preparado para sus reclamos, sus lágrimas, incluso para que le pidiera más. No para verla elegir una vida sin él.
Ahora tendrá que descubrir cómo recuperarla cuando su dinero ya no basta para hacerla volver.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Capítulo 24 — Comprar mi libertad

Valentina llegó a la Academia Armonía antes de que abrieran, con el pelo todavía húmedo y el cuaderno de las cuentas bajo el brazo.

Pidió más horas. Todas las que hubiera.

—¿Segura, Vale? —la maestra Liliana la miró por encima de los lentes—. Ya das cuatro grupos. Vas a acabar molida.

—Puedo con seis —dijo Valentina—. Los sábados también, si hace falta.

Liliana dudó un segundo, con esa cara de quien quiere ayudar y no sabe hasta dónde. Luego apuntó los horarios nuevos en el pizarrón, junto a su nombre, y no dijo más.

Valentina se quedó mirando ese renglón: sus clases apretadas una tras otra, de la mañana a la noche. Cada casilla era dinero. Cada peso, un ladrillo menos en la pared que la tenía encerrada.

Abrió el cuaderno en la primera hoja.

Ahí estaba la cifra, en su letra chiquita: todo lo que Damián Mondragón había gastado en ella desde la primera noche. La mesada. El hospital de la abuela. La tobillera con la campanita. La casita. Cada cosa con su fecha, como un préstamo de usurero que corría intereses mientras ella dormía.

En la otra columna, lo que iba juntando ella. La resta todavía daba un número que la mareaba.

—Falta mucho —murmuró—. Pero se va a acabar.

Se apretó la muñeca con el pulgar, ahí donde tenía el aguilucho mal tatuado. Águila, se repitió. No pájaro de jaula.

* * *

—Vale, te vas a matar.

Melisa la alcanzó en el pasillo, cargándole la mochila como si con eso le quitara peso de encima.

—Tienes ojeras hasta el cuello. Das clases, corres al otro trabajo, no comes. ¿Y todo para qué?

—Para pagar.

—¿Pagar qué? Si él te lo da todo.

Valentina se detuvo. Miró a su amiga, a esos ojos que no entendían, y decidió no explicar. Meli era buena, pero era de las que creían que un hombre rico era la solución y no el problema.

—Justamente —dijo Valentina—. Por eso.

Y siguió caminando.

* * *

Ese fin de semana, colgada a ocho metros del suelo, el mundo se veía distinto.

El set olía a polvo y a cable caliente. Abajo, el equipo movía cámaras; nadie miraba hacia arriba. No había red. No había arnés de sobra. La chica que hizo esa misma acrobacia la temporada pasada se había caído y ya no volvería a caminar bien, y todos lo sabían, y a todos les daba igual mientras la toma saliera.

Valentina enredó la seda en la pierna, respiró, y se dejó caer.

El aire le silbó en los oídos. Por dos segundos no fue la mantenida de nadie, ni la del club, ni la deudora de Mondragón. Por dos segundos fue solo cuerpo y vértigo y decisión.

Frenó a un metro del piso, con los brazos temblando.

—¡Corte! ¡Perfecto, la de rojo! —gritó alguien—. Otra vez, igualita.

La hizo cuatro veces más. Al bajar, tenía las palmas en carne viva y un moretón nuevo floreciéndole en el muslo, morado sobre los morados de antes. Se lo tapó con la ropa, como tapaba todo.

Un técnico le aventó una botella de agua sin mirarla.

—Aguantas bien, güera. La anterior lloró en la primera toma.

—¿Y dónde está la anterior? —preguntó Valentina, destapando el agua.

El técnico se encogió de hombros y se fue a enrollar cables. Nadie en ese set contestaba esa pregunta. Valentina se tomó el agua de un trago y se prometió, en silencio, no ser la anterior de nadie.

Cobró en efectivo. Contó los billetes en el baño, sola, y los anotó en el cuaderno esa misma noche.

Había pedido los llamados de fin de semana a propósito. Los sábados y domingos Damián casi siempre estaba fuera, en Monterrey o en el extranjero, cerrando negocios. Eran las únicas horas de la semana que le pertenecían de verdad. Las horas en que podía trabajar sin sentir esa mirada encima.

* * *

El lunes se vio con Toño Belmonte en un café cerca de la escuela.

Él llegó tarde, con lentes oscuros y esa media sonrisa de siempre.

—Señorita Cabrera. La bailarina misteriosa.

—Director Belmonte. —Ella no perdió el tiempo—. ¿Consiguió algo?

Toño revolvió su café sin tomarlo.

—Usted no pide poco, ¿eh? Papeles que paguen bien. Que caigan en fin de semana. Que no pasen por según quién. —La miró—. Es una lista rara.

—Es la única que puedo cumplir.

—¿Y por qué en fin de semana? —Toño la miró con curiosidad—. La gente normal ruega por entre semana.

—Tengo mis razones.

—Todos tienen sus razones en esta ciudad. —Se encogió de hombros y no insistió. Luego suspiró—. Mire, hay una película chica, producción independiente, nada de lujos. Necesitan una bailarina para una secuencia. Pagan decente y ruedan sábado. —Deslizó un papelito sobre la mesa—. La audición es el viernes. Yo la recomendé. Solo la recomendé; de ahí para adelante, es su talento.

Valentina tomó el papel como quien recibe agua en el desierto.

—Gracias —dijo, y por primera vez en semanas la voz le tembló de esperanza y no de cansancio—. No lo voy a decepcionar.

—A mí no me decepcione. Decepcione a los que apuestan a que no llega. —Toño se levantó, dejó unas monedas—. Y ándese con cuidado, Cabrera. Las paredes oyen. Ya se lo dije.

Ella no le hizo mucho caso a esa última parte. Estaba demasiado ocupada mirando el papelito, calculando cuánto sumaría ese trabajo en la columna de la derecha.

* * *

En el piso ejecutivo de Grupo Mondragón, Lino cerró la carpeta y esperó.

Damián estaba de pie frente al ventanal, de espaldas, con la ciudad entera a sus pies.

—La academia le dio más horas —dijo Lino—. Y aceptó otro doble de telas aéreas. Sin protección, señor. La chica que se lesionó el año pasado...

—Sé quién es. —La voz de Damián no cambió—. ¿Qué más?

—Belmonte le pasó una audición. Producción independiente. El viernes.

Hubo un silencio. Damián no se volteó. Afuera, el sol le pegaba a los vidrios de las torres vecinas y los encendía como espejos.

—Habla con la producción —dijo al fin—. Con quien haga falta. No la quiero en esa película. Ni en esa ni en ninguna.

—Ya está hecho, señor. —Lino bajó la vista—. Corrí la voz hace semanas. En este medio, si usted dice que no, nadie la contrata. Cada audición a la que vaya... se va a caer sola. No va a entender por qué.

Damián por fin se dio la vuelta. Tenía la mandíbula tensa y algo en los ojos que Lino no supo leer: no era rabia. Era otra cosa. Más fea. Más parecida al miedo.

—Que se caigan todas —dijo, bajito—. Que se canse. Que se dé cuenta de que sola no puede. —Apretó los dedos sobre el respaldo de la silla—. Y de que a mi lado, sí.

—¿Y si en vez de cansarse, lo odia?

Damián no contestó. Volvió a mirar la ciudad, como si en algún punto de todo ese concreto pudiera ver el café donde una muchacha guardaba un papelito con esperanza.

—Pásame su número —dijo—. Voy a llamarla.

* * *

Valentina iba saliendo del café con el papelito bien guardado en el bolsillo, repasando en la cabeza qué pieza bailaría, qué se pondría, cómo iba a soltar el pelo.

Por primera vez en mucho tiempo, algo salía bien. Algo suyo, sin la sombra de él encima. Sonrió sola en la banqueta.

El teléfono le vibró en la mano.

Lo miró. Se le borró la sonrisa de golpe.

En la pantalla, dos palabras que le apretaron el pecho como una correa: Damián Mondragón.

Se quedó parada en medio de la gente, con el pulgar encima del botón verde, sin decidirse. El corazón le latía en la garganta. Detrás de esa llamada estaba la casa, la tobillera, la deuda, la jaula.

Respiró hondo y contestó, con la voz plana, de usted, como se había prometido:

—¿Bueno?... Señor Mondragón.

1
Patricia Trujillo Marin
hay se si está escritora lee los mensajes pero ya está muy cansona la novela cambie ya a Valentina está muy aburrida que pereza
America Lopez
la recomiendo, excelente
America Lopez
ame está historia
Patricia Trujillo Marin
la dignidad no paga cuentas ni pone comida en la mesa
America Lopez
ya vas entendiendo Damián, paso a paso
Isabel Contreras Zavala
si tanto la quiere porque le hace daño .
por qué no decirle que la quiere
que quiere lo mejor para ella
Haydee Neyra
exelente historia 👏👏👏👏👏
Mar Sol
Emocionante
Mar Sol
¿Cómo le quedó la cara a la tal Lucia?
Mar Sol
Esa tía ¿de qué se da, golpes de pecho? eso no es cuidar, cuidar es a ver estado pendiente de la señora Amparo, Valentina sólo hizo lo que creyó, que era salvar a su abuela, como fuera.
Mar Sol
Damián, se complica la vida, pudiendo hacer las cosas fáciles, con sólo decir que la ama.
Mar Sol
¡¡Que locura!! Valeria se adjudica un rencor sin motivo, por que Valentina, jamás le quitó nada, no le dijo que se emocionara por Damián.
Mar Sol
Damián no la deja, lo que no entiendo, si él está tan encaprichado, enamorado ¿por qué, no se cada con ella?
Mar Sol
Valentina tiene mucha dignidad, pero en casos como los que se le presentan a veces, no funciona.
Mar Sol
Damián dejó claro a quien quiere, lo malo es que Valentina no, todo por que no hay comunicación y siempre hay, cobardes, envidiosos, con mi Gonzalo.
Mar Sol
Me parece exagerado que Valentina, lleve esa responsabilidad de su abuela, teniendo una tía que tiene dinero, para solventar los gastos de salud que necesita, así ella termina de una vez por todas con lo que le debe a Damián.
Mar Sol
¡¡Cómo les gusta sufrir, caramba!! por que Damián no habla claro, que diga que es lo que quiere al retenerla, el habló de una boda, si es con ella, que lo planteé de una vez y no le haga daño, si es con otra.
Isabel Contreras Zavala: porque hacen sufrir tanto a la protagonista.
si el la quiere por qué no se lo dice para que ella no sufra tanto
total 1 replies
Mar Sol
Paola es nefasta, quién sabe que ganará haciendo tanto daño a Valentina.
Mar Sol
Damian es inestable, acostumbrado a que lo busquen con lo más absurdo y ahora que Valentina no lo hace, eso espera.
Mar Sol
Seguramente Gonzalo, comentará esa situación que hacen de las acompañantes de Damián, para hacerlo quedar mal.
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