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NO ERA TU FAN

NO ERA TU FAN

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance de oficina / Posesivo
Popularitas:357
Nilai: 5
nombre de autor: Daniela escalante Jiménez

Fama, dinero, miles de seguidores… Ian lo tiene todo. Y su mánager se asegura de que nada ni nadie arruine su carrera. Hasta que entra una nueva integrante al equipo: ella.

Dicen que es fría, que es profesional, que es incapaz de experimentar ninguna emoción. Para ella, maquillar a la celebridad más grande del momento es solo un trabajo más.

Pero Ian no está acostumbrado a ser invisible para nadie. Lo que empieza como curiosidad pronto se convierte en un reto: hará lo que sea para sacarle una sola reacción, aunque eso signifique poner en riesgo su propia estabilidad y descubrir que su mundo perfecto tiene mucho menos sentido que esa chica que no siente nada.

NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 3 EL CAMBIO

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Había pasado ya una semana desde que envié mis solicitudes y tomé la decisión firme de empezar mi vida por mi cuenta. En ese tiempo, no había perdido ni un solo minuto: busqué, revisé, comparé y analicé decenas de opciones hasta dar con lo que consideraba el lugar perfecto. Era un departamento situado en el último piso de uno de los edificios más modernos, seguros y lujosos de toda la zona centro de la ciudad. Tenía vistas amplias hacia el horizonte, mucha luz natural y la privacidad absoluta que tanto necesitaba. No lo alquilé: lo compré directamente. Sabía que tenía el dinero suficiente y que era una inversión más, igual que las acciones que mantenía en la bolsa. Estaba en proceso de remodelación, pero ya había dejado muy claras mis indicaciones a los arquitectos: todo debía mantenerse en tonos claros, predominando el blanco, con espacios amplios, sin adornos innecesarios y con materiales fáciles de limpiar y conservar.

Ahora me dirigía hacia la zona comercial para comprar los muebles que necesitaría en cuanto terminaran las obras. Quería cosas sólidas, cómodas, de buena calidad y que combinaran con el orden y la pulcritud que formaban parte de mi esencia.

Iba conduciendo mi Lamborghini negro brillante, un vehículo potente, elegante y silencioso, que respondía a cada movimiento de mis manos con una precisión exacta. El interior era de cuero blanco y negro, olía a nuevo y a limpio, y todo estaba en su sitio, sin papeles, sin objetos sueltos, sin nada que rompiera la armonía del espacio. Manejaba con calma, con ambas manos sobre el volante, la espalda bien apoyada y la mirada fija en el camino, sin prisas pero con la seguridad de quien conoce bien su destino.

Ese día llevaba un atuendo sencillo pero impecable, tal como solía vestir siempre. Vestía un pantalón recto de lino blanco, suave al tacto y de caída perfecta, combinado con una blusa de seda del mismo color, de mangas largas y cuello alto, que cubría mi piel blanca con elegancia. Sobre ello, una chaqueta ligera de Chanel, ajustada a la cintura, y en los pies unos zapatos bajos de cuero de la marca Celine, cómodos pero refinados. Mi cabello rizado caía libremente sobre mis hombros y espalda; tenía la costumbre de hacerme una queratina cada cinco meses para domarlo un poco, ya que me gustaba más lacio, con movimiento pero sin ese volumen excesivo que a veces me costaba controlar. En ese momento, llevaba el cabello con la última aplicación, así que estaba suave, ondulado y brillante, aunque todavía esperaba que en unas semanas quedara más liso, tal como deseaba. No llevaba maquillaje recargado, solo un poco de crema hidratante y un brillo labial discreto; no necesitaba nada más para sentirme cómoda.

Seguía conduciendo cuando decidí encender la radio, no por interés, sino simplemente para llenar el silencio con algún sonido de fondo que no fuera estresante. Al instante, la voz de un locutor entró por los altavoces, animada y entusiasta:

—¡Muy buenos días a todos nuestros oyentes! ¡Saludos desde esta cabina! Hoy tenemos una transmisión especial, porque nos acompaña en directo, conectado desde su estudio, a la voz que todo el mundo busca, la sensación mundial, el artista que llena estadios y rompe todos los récords de reproducción: ¡Ian, el actual Rey del Pop! ¡Bienvenido, muchas felicidades! Es un honor tenerte con nosotros. Sabemos que tienes una carrera imparable, pero hace poco se confirmó algo que todos esperábamos: ¡actuarás en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl! ¡Enhorabuena, eso es un logro inmenso!

Me mantuve atenta a la carretera, pero mis oídos captaron la respuesta que vino a continuación: una voz grave, profunda, cálida pero con un matiz de seguridad absoluta, casi desafiante, que sonaba tan bien modulada que parecía hecha para atrapar a quien la escuchara. Tenía ese tono tranquilo pero firme, como quien sabe exactamente quién es y lo que vale, sin necesidad de gritarlo, pero dejándolo claro en cada palabra.

—Muchas gracias, de verdad —respondió Ian, y se escuchó después una risa suave, relajada y encantadora, pero que tenía un fondo de confianza en sí mismo que no pasaba desapercibida—. La verdad es que me siento muy agradecido, pero también muy orgulloso de todo lo que hemos construido hasta ahora. Últimamente dicen que soy la sensación de todos lados, y bueno… no voy a negar que he trabajado día y noche para llegar hasta aquí, así que me gusta pensar que es el resultado de mucho esfuerzo, sí.

El locutor siguió hablando con entusiasmo:

—¡Claro que lo es! Cuéntanos un poco más, Ian: acabas de lanzar tu nuevo álbum, que ya está en lo más alto de todas las listas. ¿De qué trata? ¿Qué sentimientos o historias quisiste plasmar en cada canción?

Mientras conducía, con las manos firmes en el volante y los ojos puestos en el tráfico, mi mente empezó a registrar cada palabra que salía de esa voz. Analizaba su forma de hablar: parecía amable, pero había algo en la forma en que expresaba sus ideas que me hacía pensar que tenía una personalidad fuerte, que sabía muy bien lo que quería y que quizás, en el fondo, estaba acostumbrado a que todo el mundo lo admirara y le diera la razón. Por un instante, me pregunté si sería de esas personas que se creen superiores a los demás por su fama y éxito, alguien engreído que no mira más allá de sí mismo.

Entonces él volvió a hablar, y su respuesta me hizo prestar más atención de lo que esperaba, aunque sin sentir ninguna emoción especial, solo curiosidad lógica:

—Es un trabajo muy personal, sin duda —dijo Ian, con esa misma voz grave y profunda, hablando despacio, como si estuviera eligiendo cada palabra con mucho cuidado—. Este álbum habla, sobre todo, de esa realidad que duele aunque muchos no quieran verla: de cuando tú lo das todo, pones tu alma, tu tiempo, tus sentimientos y tus sueños en una relación, ya sea de amor, de amistad o incluso de confianza… y te das cuenta de que la otra persona no hace lo mismo. Que no devuelve nada, o que simplemente no es capaz de entender ni corresponder lo que recibe.

Hizo una pequeña pausa, y su tono se volvió más reflexivo, más filosófico, como si estuviera hablando para sí mismo tanto como para la audiencia:

—Por eso tiene canciones como “Más allá de lo que ves”, donde cuento que a veces las personas llevan muros tan altos que nadie puede entrar; o “Silencio en el pecho”, que habla de esa sensación de estar vacío por dentro aunque estés rodeado de gente; y también “Sin nombre para lo que siento”, que trata sobre no poder identificar qué pasa en tu interior. En el fondo, este trabajo está dedicado a todas esas personas que no saben sentir, que no logran poner nombre a sus emociones o que no pueden corresponder lo que los demás esperan de ellas. Es una forma de decirles que no están solas, aunque parezca que viven en un mundo aparte.

Me quedé en silencio, conduciendo suavemente mientras procesaba esas palabras. ¿Sería posible que alguien como él, que tenía fama, dinero, seguidores y todo lo que la gente cree que da felicidad, entendiera realmente lo que significaba no poder sentir nada? O tal vez solo lo decía por la letra, como parte de su arte, sin saber de verdad de lo que hablaba.

—Pues entonces, para cerrar esta parte —dijo el locutor emocionado—, te pedimos que nos regales un pedacito de una de tus canciones más nuevas, la que más represente este mensaje que nos cuentas.

—Claro que sí —respondió Ian, y en su voz se notó una sonrisa que no hacía falta ver para imaginarla—. Aquí va “Lo que el corazón no dice”.

Al instante, comenzó a sonar una melodía suave pero intensa, con acordes profundos que llenaron el interior de mi coche. Su voz comenzó a cantar con esa misma calidez y fuerza, transmitiendo con cada nota una carga emocional que yo podía identificar y analizar, aunque no la sintiera en mi propio pecho.

Seguí escuchando mientras giraba en una esquina, reducía la velocidad y veía aparecer a lo lejos el gran centro comercial donde tenía que ir. En cuanto entré al estacionamiento y detuve el motor, extendí la mano con naturalidad hacia el panel y apagué la radio de golpe, cortando la música en mitad de una frase. El silencio volvió a apoderarse del espacio, y me quedé unos segundos quieta, con las manos todavía sobre el volante, pensando en lo que acababa de escuchar.

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Quiara rara
/Joyful//Joyful/
Quiara rara
espero que sigas creciendo Haci con tu escritura ahora Soy tu fan número 1 👏👏🤭🤭
Quiara rara
¡wow!cool muy bien tienes talento para escribir eres verdaderamente excepcional 👏👏 felicidades 👏👏
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