En la noche de su compromiso, Aeryn descubre la peor de las traiciones: su prometido y su propia hermana esperan un hijo juntos. Destrozada por el dolor, huye de la corte hacia los jardines olvidados del palacio, donde se entrega a una noche de pasión prohibida con un imponente Alfa desconocido para calmar su tormento. Al amanecer, abrumada por la realidad, recoge sus pocas pertenencias y escapa sin dejar rastro, ignorando por completo que el misterioso hombre al que abandonó en la penumbra es el temido y supremo Emperador Lycan
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Capitulo 19
El aire en el salón de banquetes del palacio imperial estaba impregnado de música suave y del murmullo constante de los nobles. Tras la caída definitiva de la familia Ash, la corte respiraba una calma renovada. Las luces de los grandes arbotantes iluminaban las mesas vestidas de lino blanco y copas de cristal.
Magnus lucía impecable con su traje oficial de gala de color azul noche y bordados en hilo de oro. A su lado, Aeryn destacaba con un elegante vestido verde esmeralda que resaltaba su tez clara y sus ojos brillantes, su cabello oscuro como la noche suelto hasta la cintura. Había sido presentada oficialmente esa misma tarde como integrante clave del gabinete financiero del imperio, un cargo que se había ganado gracias a su astucia e inteligencia.
Ian se encontraba bajo el cuidado de Mara en las dependencias privadas, por lo que Aeryn podía disfrutar de la velada con cierta tranquilidad.
—Todos te miran —susurró Magnus cerca de su oído, dejando sentir su cálido aliento y su suave aroma a pino fresco—. Y no los culpo. Eres la mujer más deslumbrante de este salón.
Aeryn le sonrió de lado, ofreciéndole una mirada complaciente mientras tomaba un sorbo de su copa.
—Me miran porque les sorprende que una Omega maneje las cuentas de la corona mejor que todos sus contadores juntos —respondió ella con tono divertido.
—Te miran porque eres perfecta —corrigió Magnus, tomándola suavemente de la cintura para pegarla un poco más a él.
Sin embargo, el ambiente relajado se vio interrumpido cuando las trompetas de la entrada principal sonaron con tres toques secos. El maestro de ceremonias dio un paso al frente y anunció con voz potente:
—¡Su Excelencia, el Duque Valerius del Dominio del Este!
Las conversaciones en el salón se redujeron a murmullos tensos. Las provincias del este eran conocidas por su gran poder militar y sus rutas de comercio independiente, manteniendo siempre una postura distante con la corona.
A través de las puertas dobles caminó un hombre alto, de hombros anchos y porte elegante. Vestía una túnica de seda gris oscura con motivos de plata. Tenía el cabello rubio ceniza peinado hacia atrás y unos ojos grises fríos como el hielo. Era indudablemente un Alfa poderoso, y su presencia desprendía una fragancia intensa y penetrante a madera de cedro y cuero.
Valerius avanzó por la alfombra roja con una sonrisa confiada en el rostro, flanqueado por dos guardias de honor. Al llegar frente al estrado del Emperador, realizó una inclinación elegante, aunque ligeramente sobria.
—Majestad —saludó Valerius con una voz profunda y rasposa—. Es un honor volver a la capital tras tanto tiempo. Traigo los saludos de las familias nobles del este.
—Duque Valerius —respondió Magnus con voz neutral, sin mover un solo músculo del rostro—. Su llegada no estaba prevista hasta la próxima semana.
—Decidí adelantar mi viaje al enterarme de los grandes cambios en la administración —dijo Valerius, desviando deliberadamente su mirada gris hacia Aeryn.
Al fijar sus ojos en ella, el duque pareció detenerse un segundo de más. Su mirada recorrió a Aeryn con una fascinación evidente y poco disimulada. Al estar tan cerca, el sutil aroma a flores silvestres que emanaba de la piel de Aeryn llegó a los sentidos del visitante.
—Así que usted es la famosa Lady Aeryn —habló Valerius, dando un paso hacia ella y tomando su mano antes de que Magnus pudiera intervenir, depositando un beso helado en el dorso de sus dedos—. Las noticias sobre su agudeza visual para los números han llegado hasta el este. Es raro encontrar una belleza tan exquisita unida a una mente tan brillante.
Aeryn retiró la mano con elegancia y serenidad, manteniendo una postura firme.
—El trabajo financiero requiere precisión, Lord Valerius, nada más —contestó Aeryn con voz serena y distante.
El Duque Valerius sonrió de lado, manteniendo sus ojos grises fijos en ella con un brillo hambriento que no pasó desapercibido para nadie.
—Una modestia encantadora —comentó el duque en tono bajo—. En el este valoramos mucho a las personas con verdadero talento. Espero que tengamos tiempo de conversar a solas sobre ciertos asuntos comerciales... y personales.
El ambiente en el estrado se volvió gélido en un instante. El aroma de Magnus cambió drásticamente, volviéndose pesado como el aire antes de una tormenta eléctrica. El Emperador dio un paso al frente, interponiendo su imponente figura entre Valerius y Aeryn.
—El trabajo del gabinete se discute en el consejo, Duque —dijo Magnus con una voz tan baja y amenazante que varios nobles cercanos dieron un paso atrás—. Le sugiero que disfrute de la fiesta y no se distraiga con asuntos que no le corresponden.
Valerius sostuvo la mirada de Magnus durante unos segundos sin inmutarse, demostrando una audacia peligrosa antes de dar un paso atrás y sonreír con falsa cortesía.
—Por supuesto, Majestad. Tendremos tiempo para todo.
El duque hizo una última reverencia y se retiró hacia la zona de los banquetes, sin quitarle el ojo de encima a Aeryn mientras se alejaba.
Aeryn sintió la mano de Magnus envolver la suya con firmeza y posesividad. Al mirarlo, vio que los ojos rojos del Emperador brillaban con un fuego oscuro y peligroso.