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UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Padre soltero / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:479.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Meraki...06

Leonardo Fontana, es un joven de 22 años, italiano, heredero de una importante casa de moda. Acostumbrado a una vida de excesos, se ve forzado a madurar de la noche a la mañana, y reacomodar su vida a los nuevos desafíos que le trae.

NovelToon tiene autorización de Meraki...06 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 5

Valeria

Entré. Dejé el carrito de limpieza junto a la puerta. Me acerqué a él con pasos lentos, como quien se acerca a un animal herido.

—Déme a la niña

dije, extendiendo los brazos.

Me la entregó con una rapidez que casi me hizo reír. La pequeña Lucía leí el nombre bordado en su mantita. se retorció un momento, olfateó el aire como si estuviera buscando algo familiar, y luego, cuando mis brazos la envolvieron y la acuné contra mi pecho, empezó a calmarse.

—Necesitan comer

dije, observando cómo Lucía buscaba con la boca algo que no encontraba.

— ¿Cuándo fue la última vez que les dio biberón?

Él me miró con cara de quien acaba de descubrir que los bebés comen algo más que aire.

—No... no sé. Llegaron hace como una hora. Pensé que solo estaban llorando porque sí.

—Los bebés no lloran porque sí, señor Fontana. Los bebés lloran porque tienen hambre, sueño, frío o un pañal sucio. A veces las cuatro cosas a la vez. Así que vamos por partes.

Mi tono era más firme de lo que pretendía. Pero funcionó. Leonardo Fontana me miró como si acabara de descubrir la rueda.

—¿Usted tiene leche de fórmula?

pregunté.

—¿Fórmula?

—Sí. Leche en polvo para bebés. Biberones. Agua hervida.

Parpadeó. Sus ojos azules, tan perdidos como los de los mellizos, recorrieron la cocina como si buscara un manual de instrucciones que no estaba allí.

—En la canasta

dijo finalmente.

—Había biberones. Y unas latas.

Suspiré. Con Lucía todavía en brazos ya estaba dejando de llorar, aferrándose a mi uniforme con esa fuerza sorprendente que tienen los bebés, me acerqué a la canasta de mimbre.

Dentro había dos biberones de vidrio, una lata de fórmula sin abrir, varios pañales y una mantita con olor a lavanda. También había una nota doblada, pero no me atreví a leerla. No era mi asunto.

—Voy a preparar los biberones

dije.

— Usted mientras tanto, los baña y cámbia el pañal. Huelen a que llevan horas con el mismo.

Su cara palideció.

—¿baño, Cambiarles pañal...?

—Si, señor Fontana. Es fácil. Levante la pestaña, limpie con las toallitas, baño y ponga uno nuevo. Los pañales están en la canasta.

—Pero yo nunca...

—Hoy va a ser la primera vez. Como todo en la vida.

No sé de dónde saqué ese tono. Quizá de mi madre, que murió cuando yo tenía quince años y que siempre decía que la paciencia era el único lujo que podíamos permitirnos. Quizá de las noches cuidando a los niños de la vecina mientras ella trabajaba. Quizá de la certeza de que, por una vez, yo sabía algo que él no.

Y eso, en un mundo donde él lo tenía todo y yo no tenía nada, se sintió extrañamente bien.

Leonardo Fontana me miró con una mezcla de gratitud y terror. Luego, con la torpeza de quien está aprendiendo a caminar, tomó al niño del brazo izquierdo el pequeño seguía llorando y se dirigió al baño, luego regreso con Tomás envuelto en una toalla blanca y lo dejo en el sofá donde extendió al bebé como si fuera un paquete frágil.

—¿Así?

preguntó, con un pañal limpio en una mano.

—Sí. Y no tenga miedo. Los bebés son más resistentes de lo que parecen.

Él asintió. Y con dedos temblorosos, comenzó a secar y colocar el pañal.

Yo me volví hacia la cocina, con Lucía ya tranquila en mi brazo izquierdo, y empecé a preparar los biberones como había hecho cien veces antes. Agua hervida en la tetera eléctrica, la temperatura perfecta en la muñeca, la cantidad exacta de fórmula según la lata indicaba.

Detrás de mí, oía exclamaciones de horror, parece que Tomas decidió que hacer del dos, cuando ya estaba limpio era agradable.

—¡Dios mío, cómo ha llegado esto hasta aquí!

exclamó, y tuve que morderme el labio para no reírme.

—Limpie de adelante hacia atrás

dije sin volverme.

— Y no se olvide de la cremita si hay irritación.

—¿Crema, Qué crema?

—En la canasta debe haber una. eso espero.

Sonidos de búsqueda. Luego un suspiro de alivio.

—La encontré.

—Póngale un poco. Con el dedo, no con toda la mano.

Más sonidos. Más suspiros. Y luego, milagrosamente, el llanto del bebe empezó a calmarse.

Cuando me volví con los dos biberones listos, encontré a Leonardo sentado en el suelo, con el bebe ya cambiado en sus brazos, mirando al bebé con una expresión que no supe descifrar. Sus ojos estaban húmedos. Quizá era el cansancio. Quizá era otra cosa.

—Los biberones

dije, extendiéndole uno.

Lo tomó con mano temblorosa. Yo me senté en el sofá con Lucía y le ofrecí el biberón. La pequeña lo aceptó con la urgencia de quien ha esperado demasiado.

—Hay que mantenerlos inclinados

expliqué.

—Que no les entre aire. Y después hay que hacerlos eructar. ¿Sabe cómo se hace?

Él negó con la cabeza.

—Ponlo contra tu hombro, con la cabecita apoyada, y dale palmaditas suaves en la espalda. Así.

Lo demostré con Lucía, que después de unos segundos soltó un eructo sonoro que nos hizo reír a los dos. Sí, reír. Por un momento, el penthouse no fue un campo de batalla. Fue solo un lugar donde dos personas alimentaban a dos bebés.

—¿Cómo sabe todo esto?

preguntó él en voz baja, mientras imitaba mis movimientos con Tommaso.

—He cuidado niños

respondí, sin dar más detalles. No necesitaba saber que lo hacía por necesidad, no por vocación

— Y usted, ¿cómo terminó con dos bebés un domingo por la mañana?

Él me miró. Por un instante, vi cómo se levantaba un muro en sus ojos. El muro del hombre rico que no cuenta sus problemas a la empleada de limpieza.

Pero luego el muro cayó.

—Aparecieron en mi puerta

dijo, y su voz sonó pequeña.

— Hace una hora. En una canasta. Con una nota que dice que son míos. Y no sé... no sé si es verdad. No sé quién los dejó. No sé quién es su madre. No sé nada. Absolutamente nada.

La honestidad de sus palabras me tomó por sorpresa. Leonardo Fontana, el hijo del imperio, admitiendo frente a mí que no sabía algo.

—¿Y qué va a hacer?

pregunté, mientras Lucía terminaba su biberon.

—Primero, pruebas de ADN. Necesito saber si realmente son míos. Y después...

suspiró, con un peso en los hombros que no parecía de su edad.

—Después tendré que averiguar cómo se cuida a dos bebés. Porque si son míos...

No terminó la frase. No hizo falta.

En sus brazos, el pequeño Tomas, había terminado de comer y ahora miraba a su padre con esos ojos enormes que los bebés usan para hipnotizar. Y Leonardo el hombre que según los rumores nunca se había comprometido con nada en su vida, lo miró de vuelta con algo que se parecía peligrosamente a la ternura.

—Señor Fontana

dije, levantándome con Lucía.

— báñate a Lucia y después voy a terminar mi trabajo. Usted debería dormir un poco cuando ellos duerman. Y mañana... mañana hable con su familia. Esto no es algo que pueda manejar solo.

Él asintió, todavía mirando a Tomas.

—¿Puedo preguntarle algo?

dijo cuando ya estaba en la puerta.

—Dígame.

—¿Se llama?

—Valeria. Pero me dicen Vale.

—Vale

repitió, como si estuviera probando el sabor de mi nombre.

—¿Volverá mañana? A limpiar, digo.

No era mi turno. Pero por algún motivo que aún no entendía bien, asentí.

—Sí. Mañana volveré.

Sonrió. Era una sonrisa cansada, frágil, pero era la primera sonrisa genuina que le veía desde que entré.

—Gracias, Vale. Por todo.

Salí del penthouse con Lucía ya bañada y entregada a sus brazos y el eco de esas palabras en los oídos. En el ascensor, me miré en el espejo y me encontré sonriendo.

El encargado me odiaría por cambiar mi turno. Las otras señoras de la limpieza pensarían que estaba loca. Y probablemente lo estaba.

Pero había algo en la forma en que Leonardo había sostenido a su hijo, en la forma en que había admitido no saber nada, en la forma en que había dicho mi nombre...

Algo que me decía que volviera. Y no solo por el trabajo.

1
Ani España
estoy segura que ya leí una novela casi parecida y la madre de Tomás y Lucia es Vale por eso decio trabajar en el edificio donde están. sus hijos y el no se recuerda que estuvo con ella por lo ebrio que estaba
Ani España
jajaja pobrecito pero eso les pasa por andar de parrenderos y después no se recuerdan de lo que hicieron ahora allí están las consecuencias y la madre desnaturalizada por abandonar a sus angelitos
Ani España
vamos bien Leo. nadie nace sabiendo ser padre pero poco a poco vas a ir aprendiendo
Gladys Dona
Hermosa novela Felicitaciones 👏
Gladys Dona
Muy linda novela tienes mucho talento para redactar lo único que me hubiese gustado que pusieras rostro a tus personajes Felicitaciones 👏
Gladys Dona
Como me gustaría que todos los jueces vieran la otra cara de la moneda acá Argentina cuantos casos que tenían la tenencia la madre si se les puede llamar madre y los terminaron matando a golpes una era lesbiana y junto a la pareja le pegaban otra se junto con un drogadicto para que no molestara le daban droga en el biberón por eso acá el juez hizo justicia
Gladys Dona
Es una sinvergüenza ella quiere a Leo su poder dinero realmente lo que menos les interesa son los niños
Gladys Dona
Después de abandonarlo viene que quiere verlos prefirió su carrera en ves de criar a sus hijos porque no hablo con Leonardo y después que tome una decisión la hizo más fácil dejarlos en una canasta no tienes derecho perdiste todo cuando los abandonaste solo te intereso tú carrera ahora deja de hacerte la víctima sos una zorra
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Creo que la madre de los niños es Valeria
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Ese tiene el cerebro plano no se da cuenta..o no quiere darse cuenta que ella no tiene dinero bastante
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Madre mía no se cómo no embarazó a más mujeres
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Eso le pasó por imbécil.mujeriego jajajaja ándale como suelen. los mexicanos
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Es un inmaduro y un imbécil está completito 😂😂😂que asco solo piensa con la cabeza de abajo
Gladys Dona
Ser pobre no es deshonra tú te esfuerza para salir adelante para el día de mañana ser alguien y no seguir trabajando de empleada que también es un trabajo digno pero al ser tan joven quieres progresar eso esta buenísimo
Gladys Dona
Leonardo tendrías que ofrecerle trabajo vos para cuidar los bb y ella ganaría buen sueldo para sus estudios
Gladys Dona
Y algún día a lo mejor aparezca porque quiere verlos o porque los extraña no creo que le sea tan fácil llevarlos 9 meses después dejárselo al padre ni una hiena abandona sus hijos
Gladys Dona
Realmente lo que menos piensa es acentar cabeza solo joda mujeres total el dinero no le hace falta lo único que queda que el padre le bloque tarjetas le saque el auto y así pueda ser que se ponga las pilas
Dignorah Vadell
Bella historia, felicitaciones y que tenga exito en las que escriba, que nos sigan entreteniendo
Purificacion Perez del Cerro
fotos de los personajes
Isabel Santibañez
me gusta
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