NovelToon NovelToon
Me Enamoré De Mi Chambelán

Me Enamoré De Mi Chambelán

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor eterno / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

La noche de quince años debía ser simplemente una celebración inolvidable, llena de música, alegría y sueños. Sin embargo, todo cambia cuando una conexión inesperada surge entre la festejada y su elegante chambelán.
Entre ensayos, bailes, miradas discretas y momentos compartidos, nace un sentimiento que ninguno de los dos esperaba. Lo que parecía una simple amistad comienza a convertirse en algo mucho más profundo, poniendo a prueba sus emociones y enseñándoles que el amor puede aparecer en los momentos más inesperados.
Pero no todo será fácil. Los rumores, las diferencias y los desafíos de la vida pondrán a prueba aquello que sienten. ¿Será suficiente para mantenerse unidos o terminará siendo solo un hermoso recuerdo?

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Un amigo de Paraguay

La segunda semana en la marina ya no se sentía tan nueva como la primera, pero igual seguía siendo dura. Cada día era madrugar, entrenar, obedecer órdenes y aprender a resistir. Uno se va acostumbrando al ritmo, pero el cuerpo siempre lo siente.

En medio de todo eso conocí a alguien que terminó siendo importante para mí.

Su nombre es Saúl Méndez, y es de Paraguay. Al principio solo era un compañero más, de esos que uno ve en formación y en los entrenamientos, pero no conoce bien. No hablábamos mucho, hasta que un día todo cambió.

Fue durante una carrera en grupo. El instructor nos tenía corriendo a buen ritmo, el sol ya estaba fuerte y el cansancio empezaba a pesar en las piernas. Yo iba concentrado cuando escuché una voz a mi lado.

—Che, hermano… esto está pesado, ¿verdad?

Volteé y era Saúl.

—Sí, está duro —le respondí.

Él soltó una pequeña risa.

—Soy Saúl Méndez, de Paraguay.

—Jeremías, de Ibagué.

—Ah, Colombia… qué bacano.

Seguimos corriendo mientras hablábamos cortico, entre el esfuerzo. Desde ese momento empezó a haber más confianza.

Después del entrenamiento nos volvimos a ver en el comedor. Esta vez él se sentó conmigo sin dudar.

—¿Qué más, hermano colombiano? —me dijo con su acento paraguayo.

Yo me reí.

—Aquí, sobreviviendo.

—En Paraguay decimos “mba’eichapa”, que es como “¿cómo estás?” —me explicó—. Mba’eichapa entonces.

—Mba’eichapa pues —le respondí intentando imitarlo.

Él se rió.

—Vea pues, usted sí aprende rápido.

Ahí empezó realmente la amistad.

Con los días empezamos a hablar más seguido, a entrenar juntos y a apoyarnos en todo momento. Cuando uno estaba cansado, el otro lo motivaba. Cuando uno se atrasaba, el otro lo ayudaba a seguir.

Saúl me contó su historia poco a poco, y había algo importante en su llegada a Colombia.

Él no vino solo porque quiso cambiar de país. Saúl también había estado en procesos relacionados con la marina en Paraguay, pero allí la institución estaba completamente llena en su área de formación. No había suficientes cupos disponibles para continuar su proceso como él lo había planeado.

Por esa razón, le dieron la oportunidad de continuar su formación en la marina de Colombia, donde sí había disponibilidad y un programa donde podía seguir preparándose.

—En Paraguay ya estaban completos los cupos —me dijo Saúl una tarde mientras descansábamos—. Entonces me ofrecieron seguir el proceso acá en Colombia.

Yo lo miré atento.

—¿Y eso cómo te cayó? —le pregunté.

—Al principio raro… dejar todo y venir a otro país. Pero también lo vi como una oportunidad, che.

Saúl me explicó que al inicio no fue fácil adaptarse, pero poco a poco fue encontrando su lugar en Colombia. Todo era nuevo: la gente, los entrenamientos, las costumbres, pero su objetivo seguía claro.

—Uno se adapta o se queda atrás —dijo con calma.

También me contó que entrar a la marina en otro país le exigía más esfuerzo, porque tenía que demostrar el doble de disciplina para ganarse su lugar.

—Yo no vine a pasear —me dijo—. Vine a crecer.

Esa frase me quedó sonando en la cabeza.

Con el paso del tiempo, nuestra amistad se hizo más fuerte.

Nos apoyábamos en los entrenamientos, nos motivábamos cuando estábamos cansados y compartíamos lo que sentíamos.

—Vamos, Jeremías, ya casi —me decía él.

—Dale, Saúl, no aflojemos —le respondía yo.

Había días duros, de esos en los que el cuerpo ya no quiere seguir, pero siempre terminábamos sacando fuerzas.

Una tarde, después de un entrenamiento fuerte, nos sentamos en el suelo a descansar.

Yo estaba respirando profundo cuando él habló:

—Hermano, esto sí es serio.

—Sí… pero uno aguanta —le respondí.

Saúl sonrió.

—En Paraguay decimos: “el que resiste, triunfa”.

—Esa está buena —le dije.

Él se rió.

—La voy a usar acá también.

Poco a poco, Saúl dejó de ser solo un compañero.

Se convirtió en un amigo de verdad.

De esos que uno no espera, pero que llegan en el momento indicado.

Hablábamos de nuestras familias, de nuestros sueños y de lo que queríamos lograr en el futuro.

Aunque veníamos de lugares diferentes, el esfuerzo nos unía.

Una noche, antes de dormir, Saúl me dijo:

—Che, Jeremías, me alegra haberte conocido.

—Igual, hermano —le respondí.

Y en ese momento entendí que la amistad no depende del país ni del lugar donde uno nace, sino de las experiencias que comparte con otras personas.

Y Saúl Méndez, desde Paraguay y ahora en Colombia, ya era parte de mi historia.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play