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Volver a Vos

Volver a Vos

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Aventura de una noche / Mujer poderosa / Madre soltera / Embarazo no planeado / Malentendidos
Popularitas:165.3k
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Cuatro años atrás, Lara Rivas lo perdió todo en una sola noche: su familia, su prometido, su nombre y casi la vida. Traicionada por su propia hermana, desapareció sin mirar atrás.

Ahora vuelve a Buenos Aires con otro rostro, otro nombre y dos hijos que son todo su mundo. Solo quiere recuperar lo que le arrebataron y hacer caer a quienes la destruyeron.

Pero Sebastián Ferrer aparece otra vez.

Frío, poderoso y acostumbrado a que nadie le diga que no, Sebastián no logra entender por qué esa mujer le resulta tan familiar. Tampoco por qué sus hijos se parecen tanto a él.

Entre secretos, heridas viejas y una atracción que ninguno de los dos pidió, Lara intenta mantenerse lejos.

El problema es que sus hijos ya eligieron bando.

Y esta vez, el pasado no piensa quedarse enterrado.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

La mirada de Sebastián tenía filo.

Candela no entendió qué había dicho mal. Solo atinó a buscar ayuda en Nicolás.

Nicolás sonrió, pero la sonrisa no le llegó a los ojos.

—Mirá vos, Cande. Estabas en el exterior y aun así te enteraste bastante rápido de lo que dijo Aguirre.

Ella se tensó apenas.

—Me lo contó Martina.

—¿Martina?

Nicolás no la desmintió.

No hacía falta.

Cuando Tomás Aguirre había ido a ver a Mateo, Martina no estaba en la casa.

Sebastián tampoco dijo nada, pero su silencio pesaba más que una amenaza.

Candela apretó el bolso contra el cuerpo.

Había esperado demasiado ese encuentro. No podía dejarlo ir así.

—Sebastián, sé que estás ocupado, pero ya estamos en casa. Mateo necesita comer. Nosotros también. Podríamos sentarnos un rato, los tres...

—Bajá.

La voz fue más fría que antes.

Candela se quedó muda.

Sebastián ni siquiera la miró de nuevo.

—Mateo.

Ella creyó que llamaba al nene.

Nicolás entendió otra cosa. Bajó del auto, abrió la puerta trasera y alzó a Mateo con cuidado. Después se lo puso en brazos a Candela.

—Aguirre dijo que Mateo necesita compañía de sus padres. Mi hermano fue al aeropuerto a buscarte por eso. Cuidalo estos días. Pasamos a buscarlo después.

Candela casi pierde la sonrisa.

No quería cuidar a Mateo.

Tenía que recibir al nuevo director de diseño de Dawn al día siguiente. Después volvía al set. Su agenda estaba llena, sus campañas también. Mateo era útil cuando la acercaba a Sebastián; lejos de él, solo era una carga difícil.

Pero Sebastián la estaba mirando.

Y no le dejaba margen.

—Claro —dijo, abrazando al nene con fuerza—. Me encanta estar con mi hijo.

Mateo se incomodó. Empujó un poco con las manitos.

Candela lo apretó más.

El auto se fue.

Recién cuando las luces traseras desaparecieron, ella bajó la vista hacia el chico.

Mateo la observaba en silencio.

—¿Qué mirás? —susurró, sin la voz dulce de antes—. Si volvés a mirarme así, te saco los ojos.

Mateo apartó la cara.

Candela lo dejó en el suelo con brusquedad.

—Caminá. Ya tenés piernas.

Él no se movió.

Una empleada estaba cerca, de modo que Candela no pudo gritar. Volvió sobre sus pasos, se inclinó para tapar la escena con el cuerpo y le agarró la mano.

—Dije que camines.

Lo arrastró hacia la entrada.

Mateo tropezó, pero no lloró.

Solo miró la mano que lo sujetaba con una frialdad demasiado vieja para su edad.

En el auto, Nicolás no dejaba de mirar por el espejo.

—¿De verdad te quedás tranquilo dejándolo con ella?

Sebastián mantenía la vista en la calle.

—No.

—Entonces, ¿por qué?

—Mateo necesita a su mamá.

Nicolás se quedó callado.

Mateo no era como otros chicos. De bebé había sido tranquilo, casi demasiado. A los pocos meses balbuceaba. Después, cerca del año, decía papá y tío con dificultad.

Hasta que Sebastián y Nicolás tuvieron que viajar.

Cuando volvieron, Mateo dejó de hablar.

Después dejó de comer.

Los médicos coincidían en lo mismo: no era un problema físico. Era psicológico.

Habían probado especialistas, terapeutas, rutinas, paciencia. Mateo rechazaba casi todo. Y cada año comía menos.

Nicolás se frotó la cara.

—Ojalá con Candela mejore.

Sebastián no respondió.

Nicolás, que no sabía cuándo callarse, se inclinó hacia él.

—Te hago una pregunta hipotética.

—No.

—Hipotética nomás. Si Mateo mejora con ella, si resulta que de verdad le faltaba una mamá, ¿vos te casarías con Candela para darle una familia completa?

Sebastián pisó el freno.

Nicolás casi besó el parabrisas.

—¡La puta madre! ¿Me querés matar?

Sebastián lo miró de reojo.

—La próxima pregunta tonta sale más cara.

—Entendí. No pregunto más.

El auto volvió a arrancar, esta vez mucho más rápido.

Nicolás se agarró del cinturón.

—¡Dije que entendí, bajá un cambio!

Sebastián no bajó nada.

La camioneta de Mora avanzaba unos autos detrás. Cuando un vehículo negro se les cruzó y entró primero al complejo, Mora sacó medio cuerpo por la ventanilla para insultar.

Vio la patente.

Se volvió a meter.

—Ni loca. A ese auto no se le grita.

Lara levantó la vista.

—¿Lo conocés?

—Todo Buenos Aires conoce esa patente. Puro seis. Más grasa imposible y más intocable todavía. Es de Sebastián Ferrer. Si lo ves, rodealo.

Sebastián Ferrer.

Benja, que iba atrás, se enderezó.

Dulce chupaba un caramelo.

—¿Qué pasa, hermano?

Benja se acercó a su oído.

—Dulce, ¿querés conocer a nuestro papá?

Ella respondió al instante:

—No.

—¿Por qué?

—Porque mamá dijo que arriba de la tumba de papá el pasto ya está más alto que nosotros. Yo estoy viva, no quiero ir a verlo.

Benja se llevó una mano a la frente.

—Eso es un cuento para chicos de tres años.

Dulce levantó tres dedos gorditos.

—Tengo tres.

—Escuchame una verdad importante —dijo él, muy serio—. Las mujeres lindas mienten mejor que nadie. Mamá es demasiado linda, así que sus mentiras son profesionales.

—¿Mamá miente?

—Cuando se trata de papá, sí.

El caramelo casi se le cayó de la boca. Benja lo atrapó y se lo devolvió.

Dulce lo mordió de golpe.

—¿Entonces papá no está muerto?

—No.

—¿Y dónde está? ¿Podemos buscarlo?

—No. ¿Por qué vamos a ir nosotros? Crecimos sin que él nos cambiara un pañal. Que venga él.

Los ojos de Dulce brillaron.

—¿Tenés un plan?

Benja miró el palito del caramelo que ella tenía en la mano.

Sonrió.

—Obvio.

Desde adelante, Lara giró la cabeza.

—¿Qué cuchichean ustedes dos?

Los dos contestaron al mismo tiempo:

—Nada.

Demasiado rápido.

Demasiado inocentes.

Lara entornó los ojos.

—Acabamos de llegar. No armen lío.

—Sí, mamá.

Las voces fueron dulces.

Lara no les creyó ni media palabra.

El edificio de Mora estaba en Torres del Río, en Puerto Madero. Lara miró el lobby, los ascensores privados, los guardias, el mármol discreto.

—No me digas que alquilaste acá.

—No alquilé. Es mío. Y ustedes se quedan conmigo.

—Mora...

—Ni empieces.

El departamento era enorme, cálido, lleno de luz. Mora había comprado juguetes, golosinas y hasta un tobogán chiquito para el living. Dulce gritó de felicidad y corrió directo. Benja fingió que todo le parecía infantil; a los dos minutos estaba armando una pista de autos.

Mora se sacó la gorra y llevó a Lara al dormitorio.

—Tengo que contarte algo.

—Esa cara es de culpa.

—No es culpa. Bueno, un poco.

—¿Te pusiste de novia y no me dijiste?

—Ojalá. Es trabajo.

Se sentaron en la cama. Mora empezó a hablar demasiado rápido.

Había vuelto de Corea hacía unos meses. Antes de eso había sido trainee, después debutó en un grupo, cantó, bailó, se hizo conocida. También se peleó con la agencia, la aislaron sus compañeras y terminó ganando la rescisión del contrato después de un juicio agotador.

Ahora quería actuar.

Su representante le había conseguido una serie grande, de época, con mucha plata encima. El personaje era buenísimo: segunda protagonista, fuerte, con línea romántica propia.

Lara la dejó hablar hasta que la vio dar vueltas por tercera vez.

—Mora. Al punto.

Mora cerró los ojos.

—La protagonista es Candela.

El nombre cayó pesado.

Lara no habló.

El cuchillo volvió.

El río.

El frío.

La cara de Candela mirando desde arriba.

Mora abrió un ojo.

—¿Me odiás?

Lara aflojó los dedos. No había notado que estaba apretando la sábana.

—¿Por qué te odiaría?

—Voy a hacer de segunda de la mujer que más odiás.

Lara sonrió apenas.

No era una sonrisa buena.

—Entonces actuá mejor que ella.

Mora parpadeó.

—¿Eso es permiso?

—Es una orden. Robale cada escena. Que todo el mundo mire para vos.

Mora se enderezó de golpe.

—Sí, señora.

1
Becky Navarro
esta ya la leí pero vale la pena leeré otra vez
Anayansi Batista de Caballero
Que falta de ética y respeto con los lectores, a pesar de ser una buena novela, y estar etiquetada completa habla mal de tu responsabilidad como escritora.
Hiradia Cohen
La que lo salvo fue Lara ahora quien le mando la Pulsera a Candela será Tomas y será Tomas quien secuestro a Mateo y lo de en la Casa de los padres de Candela
Silvia Monsalvez
que falta de respeto para sus seguidores no terminar la novela
Hiradia Cohen
La madre que dicer ser muy estrictamente y preocupada realmente los lleva los deja por ahí si atenderlos al cuidado de quien sabe quien y ni se acuerda de hijos y Sebastian que se la da de super inteligente no ve ningún parecido entre Matero y la niña
Hiradia Cohen
Si hace prohíba de ADN como va demostrar que es su hijo si ellas dos debe tener el mismo tipo de sangre
Dunia Esther Pérez
llevas 2 meses sin actualizar, es una falta de respeto a tus lectores
Monica Liliana Broudiscou
que vergüenza y desilusión a la vez!!!! no es posible que no termines la novela, para eso no subas más, historias,.desastre total
Clemencia Delci Casillas Ayala
autora porfavor ,mas emoción ....se esta haciendo la trama monótona...🤭
Cliente anónimo
Que feo cuando no las terminan
Mirtha Van Meegroot
no pueden publicar una novela sin final!!!!! muy mal........esperando el final... por favor...☺️☺️☺️
Cliente anónimo
Ya quiero el final
mafe
chee, solo por que ella se lo pidio
mafe
me estoy miando de la risa con este episodio/Chuckle//Facepalm/
mafe
zorra
Mildred Maiz
esta historia no tiene pie ni a bezares, van a un set cln dos niños de 3 años cual sea su coeficiente k telextusl, todos hablan, comemos, se los llevan presos y donde estas esos niños, cln quien por dios y siempre lo mismo, ya no se cual tos capituloa siempre lo mismo
Clemencia Delci Casillas Ayala: empezó bien la historia ,exelente diría yo ,
mas ya esta pasando lo de muchas otras historias ,dan vuelta a la trama ,no resuelven nada y se deja una sensación de aburrimiento ...😭
total 2 replies
Jessy Grey
ella lo trata muy mal como que el fuera el culpable si en realidad fue ella la que entró en su cama
Belsi Ramirez
q falta de seriedad
Diana Carolina Perez Pulido
segunda vez que nos deja un mes sin actualizar la novela

si no la iba a terminar para que la publicó

es un irrespeto para las lectoras
Belsi Ramirez
que chimba
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