Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Sarah 3
Las semanas comenzaron a pasar.
Y, contra todo lo que recordaba la novela...
La mansión Ivanov era un lugar extraordinariamente tranquilo.
El duque no era un hombre frío.
La duquesa tampoco era una mujer indiferente.
Ambos eran padres ocupados, sí.
Pero amaban sinceramente a su hija.
Lo único que ocurría era que la antigua Sarah jamás les había mostrado interés por nada que no fueran las labores consideradas propias de una dama noble.
Ahora...
Cada vez que terminaba una clase de administración, Sarah tenía nuevas preguntas.
—Padre, ¿por qué este impuesto es diferente al de las tierras del norte?
—Porque su producción principal no es la misma.
—Entiendo...
Otro día.
—Madre, ¿cómo saben cuándo un administrador está ocultando información?
La duquesa sonrió.
—Por sus números... y por sus silencios.
Sarah tomó nota inmediatamente.
[Excelente consejo.]
Los maestros tampoco tardaron en notar la diferencia.
Lejos de memorizar respuestas, Sarah hacía preguntas.
Debatía.
Buscaba comprender el motivo detrás de cada ley.
Y cuando algo no le parecía lógico...
Lo decía.
Siempre con educación.
Siempre con respeto.
Pero lo decía.
Un anciano profesor de leyes terminó riendo durante una clase.
—Lady Sarah, si continúa cuestionando cada artículo, terminará escribiendo nuevas leyes.
Ella sonrió.
—Solo intento entenderlas antes de obedecerlas.
El hombre asintió satisfecho.
—Esa es exactamente la actitud que debe tener un buen gobernante.
Aquella misma tarde, el maestro comentó el progreso de Sarah al duque.
—Su hija aprende con una rapidez extraordinaria. Además posee criterio propio. Es una joven muy prometedora.
El orgullo del duque era imposible de ocultar.
Esa noche, durante la cena, colocó una pequeña caja frente a Sarah.
Ella parpadeó.
—¿Qué es esto?
—Ábrela.
Dentro había una elegante pluma con detalles de plata.
Perfecta para escribir.
No era una joya.
Ni un vestido.
Era una herramienta.
Sarah sonrió con sincera alegría.
—Es preciosa.
El duque respondió con sencillez.
—Pensé que la aprovecharías más que cualquier collar.
Sarah sostuvo cuidadosamente la pluma.
—La usaré todos los días.
Desde el otro extremo de la mesa...
Sienna observaba en silencio.
[¿Una pluma...?]
Para cualquiera habría parecido un regalo sencillo.
Pero ella entendía perfectamente lo que significaba.
No estaban premiando la belleza de Sarah.
Ni sus modales.
Estaban premiando su inteligencia.
Y aquello le molestó muchísimo más.
Días después...
El maestro de administración felicitó nuevamente a Sarah.
—Ha resuelto correctamente un problema que suele costar semanas a mis alumnos.
El duque sonrió con orgullo.
La duquesa aplaudió discretamente.
Sarah hizo una pequeña reverencia.
—Gracias, maestro.
Mientras tanto...
Sienna apretaba el paño con el que limpiaba una mesa.
[¿Otra vez...?]
Luego llegó un libro.
Después un elegante escritorio nuevo.
Más tarde un mapa del reino para sus estudios.
Cada obsequio era una recompensa por su esfuerzo.
Nunca un capricho.
Y cada vez...
La expresión de Sienna se volvía un poco más rígida.
Sarah lo notaba absolutamente todo.
[Ya casi no puede esconderlo.]
Los ojos de Sienna permanecían sonrientes.
Pero cuando nadie la observaba...
Su mandíbula se tensaba.
Sus manos se cerraban.
Y miraba los regalos de Sarah durante unos segundos de más.
La envidia estaba creciendo.
Lenta.
Silenciosa.
Pero imparable.
Sarah comprendía perfectamente lo que estaba ocurriendo.
Después de todo...
En la novela original, era ella quien observaba con tristeza cómo Sienna recibía atención, afecto y regalos.
Ahora...
Los papeles comenzaban a invertirse.
Y Sarah no necesitaba hacer absolutamente nada deshonesto para lograrlo.
Solo debía seguir esforzándose.
Aunque...
A veces añadía un pequeño empujón.
Siempre con una sonrisa.
Siempre con una voz amable.
Como aquella tarde en la biblioteca.
Sarah estaba organizando algunos libros cuando vio entrar a Sienna.
La muchacha no podía apartar la vista del nuevo escritorio.
Sarah sonrió cálidamente.
—¿Te gusta?
Sienna respondió con su habitual expresión dulce.
—Es muy bonito. Tus padres deben quererte mucho.
Sarah asintió.
—Sí.
Hizo una pequeña pausa.
—Creo que se sienten felices cuando ven que todo el tiempo que invierten en enseñarme da resultados.
Sienna sonrió.
—Qué suerte tienes...
Sarah negó con delicadeza.
—No creo que sea solo suerte.
Le mostró el cuaderno lleno de apuntes.
—Paso muchas horas estudiando.
Luego añadió con la mayor naturalidad del mundo.
—Si algún día tú también quieres aprender a leer balances o leyes, puedo ayudarte después de terminar tus tareas.
La sonrisa de Sienna casi se quebró.
—G-gracias...
[¿Enseñarme...? ¿Como si fuera inferior?]
Sarah continuó acomodando los libros.
—Todos podemos mejorar si nos esforzamos.
Lo dijo con tanta sinceridad...
Que nadie habría sospechado una segunda intención.
Ni siquiera la doncella que limpiaba cerca.
Pero Sarah conocía perfectamente el efecto de esas palabras.
[Compararte conmigo fue idea tuya, Sienna.]
[Yo solo sigo esa comparación hasta el final.]
Con el paso de los días...
La diferencia entre ambas comenzaba a hacerse evidente.
Sarah caminaba por la mansión con un cuaderno bajo el brazo.
Iba de un maestro a otro.
Conversaba con administradores.
Preguntaba.
Aprendía.
Mientras tanto...
Sienna seguía buscando la forma de despertar compasión.
Y cada nuevo elogio dirigido a Sarah...
Era como una gota más llenando un recipiente.
Hasta que algún día...
Iba a rebalsar.
Sarah la observó de reojo mientras salía de la biblioteca.
Sienna volvió a sonreírle.
Una sonrisa impecable.
Sarah le devolvió exactamente la misma expresión.
Amable.
Serena.
Casi afectuosa.
[Sigue sonriendo, prima.]
[La envidia siempre termina tomando decisiones apresuradas... y cuando eso ocurra, ya estaré preparada.]
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶