Gustav Lindström es un empresario sueco de éxito: frío, controlado, impenetrable. Ella es una joven cálida y generosa que trabaja cuidando a su media hermana Lilly, una chica frívola y calculadora que, tras seducir a Gustav en una fiesta, queda embarazada de manera deliberada.
Cuando Lilly muere en el parto dejando gemelos prematuros, las vidas de Gustav y Ella se cruzan de manera inesperada. Él, frente a la imposibilidad de criar solo a los bebés y la codicia de los suegros, le propone a Ella un contrato matrimonial: ser la madre de los niños a cambio de seguridad económica. Ella, que ya se ha encariñado con los gemelos y no tiene a nadie más, acepta.
Lo que empieza como un acuerdo frío va transformándose. Gustav descubre que Ella es todo lo que nunca tuvo: honestidad, calor, entrega sin condiciones. Ella, criada por una madre que nunca la amó, aprende por primera vez lo que significa ser elegida. Entre ellos nace un amor que ninguno de los dos supo anticipar.
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ACEPTANDO
GUSTAV
Me quedo de pie, mirando fijamente la puerta cerrada. El silencio en la sala pesa. Liam entra apresurado, preocupado, ya hablando:
Liam: Salió muy alterada.
Gustav: Lo sé. Presioné demasiado... Pero no puedo dejar que se rinda.
Liam: Lo entiendo.
Gustav: Liam. Asegúrate de que llegue bien a casa.
Liam: Sí, señor.
ELLA
Camino apresurada. Mis pasos resuenan en el mármol del edificio. En cuanto paso por las puertas de vidrio, tomo el celular con las manos temblorosas y llamo a Asha.
Ella: Asha... voy para casa. Espérame, por favor.
Asha: ¿Estás bien?
Ella: No. Pero voy a estarlo.
Cuelgo. Entro al carro. Los ojos se me llenan. Trago el llanto, intentando parecer firme frente al chofer.
En cuanto llego, entro y tiro el bolso al suelo con fuerza. Las lágrimas corren por fin sin control.
Asha: ¿Quieres té, vino... o una almohada para golpear?
Ella: Quizás los tres.
Asha me jala hacia un abrazo fuerte. Me derrumbo, llorando en su hombro. Todo lo que contuve durante el día sale ahora de golpe.
Me quedo con Asha en su cuarto hasta que me quedo dormida. Ella permanece a mi lado, en silencio, solo tomándome de la mano. Esa clase de presencia que sostiene, sin palabras, sin preguntas, solo estando ahí.
Me duermo allí como una niña agotada después de un día demasiado largo.
Y me despierto con la luz de la mañana invadiendo el cuarto. Me quedo despierta, acostada de lado, mirando el vacío. No sé si dormí o si solo cerré los ojos para escapar un rato.
Respiro hondo. Hoy es el día. El día en que necesito dar una respuesta que puede cambiarlo todo.
Me siento despacio, miro el suelo por unos segundos... Y me preparo para levantarme. Porque huir no es una opción.
Asha se mueve entre las sábanas y al notar que estoy despierta, se incorpora lentamente, todavía somnolienta.
Asha: No dormiste, ¿verdad?
Ella: No mucho.
Nos quedamos en silencio unos minutos.
Asha: ¿Y entonces... ya sabes lo que vas a hacer?
Respiro hondo, cierro los ojos por un instante, y luego la miro.
Ella: Voy a aceptar... Voy a aceptar casarme con él.
Asha me observa unos segundos, sorprendida, pero sin juzgarme.
Ella: No es por él. Ni por el contrato, ni por la imposición... Es por Lilly. Ella me lo pidió... con la mirada, con cada gesto... que los cuidara. Y se lo prometí; no voy a romper esa promesa. Aunque duela, aunque sea difícil.
Soy todo lo que ellos tienen ahora.
Asha: Eres más fuerte de lo que crees, ¿lo sabías?
Ella: No sé si es fortaleza... o terquedad.
Asha: Es amor. Y lealtad. Eso asusta a quien no lo tiene. Pero yo estoy aquí. No vas a pasar por esto sola, ¿me oyes? Vamos a arreglar ese cabello, a levantar esa cabeza, y a entrar ahí no como alguien a quien compraron... Sino como una mujer que está decidiendo, por cuenta propia, honrar algo que nadie más tuvo el valor de cargar.
Ella: Gracias... por ser mi suelo.
Sonrío por primera vez esa mañana. Una sonrisa tímida, cansada, pero verdadera.
Asha: Siempre. Ahora vamos, tienes un matrimonio que aceptar y dos corazones pequeños que proteger.
Ella: Tienes toda la razón.
me agradaria leer otra novela suya.
me agradaria leer otra novela suya.