Alma Rivera jamás imaginó que una beca cambiaría su vida. Al ingresar a la prestigiosa Academia Blackwood, descubre que algunos estudiantes desaparecen sin dejar rastro... y que nadie se atreve a mencionarlos. Junto a Adrián Lancaster, el alumno más brillante y distante de la escuela, comenzará una investigación que desenterrará secretos ocultos durante años. Pero en Blackwood, conocer la verdad tiene un precio, y alguien está dispuesto a matar para mantenerla enterrada.
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Un chapuzón
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Alma soltó una risa mientras intentaba cerrar la puerta de la habitación.
Olivia, en cambio, la sujetaba con ambas manos.
—No pienso ir a ver un entrenamiento de natación.
—¿Y por qué no?
—Porque ni siquiera estoy en ese equipo.
—Precisamente por eso. Nunca fuiste.
—Olivia…
—Además, Noah entrena hoy.
Alma arqueó una ceja.
—¿Noah?
Olivia se llevó una mano a la boca.
Había hablado de más.
—¿Qué pasa con Noah?
—Nada.
—Olivia…
—Bueno… digamos que me parece lindo.
Alma sonrió con picardía.
—¿Hace cuánto?
—Desde el primer día.
—¡Y recién me lo dices ahora!
Olivia se dejó caer sobre la cama, avergonzada.
—Porque no quería que pensaras que estoy obsesionada.
—¿Y lo estás?
—Un poquito…
Las dos terminaron riéndose.
—Entonces vamos —dijo Alma finalmente.
—¿En serio?
—Sí.
Pero solo porque quiero ver si ese famoso Noah vale tanto la pena.
Olivia le dio un abrazo tan fuerte que casi la tira al suelo.
—¡Sabía que aceptarías!
El centro acuático de Blackwood era tan impresionante como el resto de la academia.
La piscina olímpica ocupaba casi todo el edificio.
Las tribunas rodeaban el agua y enormes ventanales dejaban entrar la luz de la tarde.
El ambiente olía a cloro.
Varios estudiantes ya estaban entrenando.
El entrenador daba indicaciones mientras los nadadores atravesaban la piscina a toda velocidad.
—Guau…
Alma observaba todo con fascinación.
—Nunca había visto una piscina tan grande.
Olivia buscó con la mirada entre los carriles.
—Ahí está.
Alma siguió la dirección de su dedo.
Un joven de cabello castaño acababa de salir del agua.
Era alto, atlético y se secaba el rostro con una toalla mientras escuchaba las indicaciones del entrenador.
—¿Ese es Noah?
—Sí…
Olivia intentó disimular lo evidente.
Pero la sonrisa que apareció en su rostro la delató por completo.
—Entiendo por qué querías venir.
Olivia le dio un codazo.
—Cállate.
Las dos se sentaron en una de las últimas filas de la tribuna.
Desde allí podían ver todo el entrenamiento.
Noah volvió a lanzarse al agua.
Nadaba con una facilidad impresionante.
Cada movimiento parecía perfectamente calculado.
—Es bueno.
—Ganó el campeonato nacional juvenil el año pasado.
Alma abrió los ojos.
—¿En serio?
—Blackwood tiene equipos muy fuertes.
Mientras observaban la práctica, Alma notó algo curioso.
En un extremo de la piscina, apoyado contra una columna, había alguien leyendo un libro.
No llevaba ropa deportiva.
Ni parecía prestar atención al entrenamiento.
—¿Qué hace él aquí?
Olivia siguió su mirada.
—¿Adrián?
—Sí.
—Supongo que espera a Noah.
Son amigos desde hace años.
Alma volvió a mirar.
Adrián sostenía un libro abierto.
Sin embargo…
Cada cierto tiempo levantaba la vista del libro.
No hacia la piscina.
Sino hacia las tribunas.
Más exactamente…
Hacia donde estaban ellas.
—Qué raro…
—¿Qué pasa?
—Nada.
Quizá solo estaba imaginando cosas.
El entrenamiento terminó media hora después.
Los nadadores comenzaron a salir del agua.
Noah levantó la vista hacia las tribunas y sonrió al reconocer a Olivia.
Levantó la mano para saludarla.
Olivia respondió enseguida, aunque un poco sonrojada.
—Creo que te vio.
—¡No digas eso!
—Te saludó.
—Porque somos compañeros.
—Claro…
Alma no pudo evitar reírse.
En ese momento, Noah tomó su mochila y caminó hacia la salida.
Adrián cerró el libro y comenzó a seguirlo.
Al pasar junto a las gradas, levantó la vista por un instante.
Sus ojos se encontraron con los de Alma.
Solo fueron unos segundos.
Ninguno dijo nada.
Después, Adrián continuó caminando como si aquel breve cruce de miradas nunca hubiera ocurrido.
Alma siguió observándolo hasta que desapareció por la puerta.
—¿En qué piensas? —preguntó Olivia.
Alma tardó unos segundos en responder.
—En que Adrián Lancaster es una de las personas más difíciles de entender que he conocido.
Muy cerca de la salida, Noah miró de reojo a su amigo y sonrió con diversión.
—¿Sabes que la miraste unas cinco veces durante el entrenamiento?
Adrián ni siquiera se inmutó.
—Te equivocas.
—¿Ah, sí?
—Solo me aseguraba de que no hiciera ninguna tontería.
Noah soltó una carcajada.
—Si tú lo dices…
Adrián no respondió.
Pero, por primera vez desde que Alma había llegado a Blackwood, no pudo negar una realidad que empezaba a incomodarlo.
Ya no la observaba solo porque investigaba el misterio de la academia.
Había empezado a sentir una curiosidad genuina por aquella chica que parecía incapaz de dejar de hacer preguntas.