Después de la misteriosa muerte de su padre, la vida de Aurora Castell se convierte en un desastre. Deudas millonarias. Amenazas. Secretos. Y una familia al borde de perderlo todo. Pero la verdadera pesadilla comienza la noche en que conoce a Alessio Moretti. El hombre más poderoso y peligroso de la ciudad. CEO multimillonario. Intocable. Frío. Obsesivo. Y dueño de un imperio construido sobre dinero… y sangre. Cuando Aurora descubre que alguien pagó todas las deudas de su familia, ya es demasiado tarde. Porque Alessio no hizo aquello para ayudarla. Lo hizo para reclamarla. Ahora, atrapada en un matrimonio que jamás quiso, Aurora deberá sobrevivir a un hombre capaz de destruir cualquiera que se interponga en su camino. Pero mientras más intenta odiarlo… más peligroso se vuelve enamorarse de él. Especialmente cuando descubre que Alessio oculta un secreto capaz de destruir su vida por completo. Uno relacionado con la muerte de su padre. Y con la razón real por la que él la eligió. Porque en el mundo de Alessio Moretti… el amor no existe. Solo la obsesión.
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LA FOTO
El mundo pareció detenerse dentro del automóvil.
No escuchaba el motor.
No escuchaba mi propia respiración.
Solo veía aquella fotografía sobre mis piernas.
Mi padre.
Más joven.
Más duro.
Y Alessio Moretti a su lado.
Ambos cubiertos de sangre.
Ambos sosteniendo armas.
Sentí un vacío helado abrirse lentamente dentro de mi pecho.
—¿Qué demonios es esto…?
Mi voz salió más baja de lo normal.
Más frágil.
Pero Alessio permaneció completamente tranquilo.
Como si acabara de mostrarme algo insignificante.
Como si no acabara de destruir todo lo que creía saber sobre mi padre.
Tomé la fotografía con manos tensas.
La observé mejor.
Era real.
No parecía editada.
El lugar parecía un almacén abandonado.
Había humo detrás de ellos.
Y sangre.
Demasiada sangre.
Levanté lentamente la mirada hacia Alessio.
—Explícame esto ahora mismo.
Él acomodó apenas el reloj plateado en su muñeca antes de responder.
—Tu padre no era el hombre que creías.
La rabia subió inmediatamente por mi pecho.
—No hables de él como si lo conocieras.
Eso hizo que Alessio sonriera apenas.
Pero esta vez no parecía divertido.
Parecía peligroso.
—Lo conocía mejor que nadie.
Mi corazón golpeó con fuerza.
—Estás mintiendo.
—No acostumbro mentir, Aurora.
Solté una risa incrédula.
—¿Y también debo creer que aparecer cubierto de sangre junto a mi padre es perfectamente normal?
Alessio sostuvo mi mirada sin moverse.
Sin alterarse.
Dios.
¿Cómo podía alguien permanecer tan tranquilo?
—Tu padre y yo trabajábamos juntos.
—¿En qué?
Silencio.
Odié inmediatamente ese silencio.
Porque empezaba a entender algo horrible.
Él no estaba decidiendo qué responder.
Estaba decidiendo cuánto revelar.
Y eso significaba que había muchísimo más oculto.
Apreté la fotografía entre mis dedos.
—¿Mi padre era un criminal?
Los ojos de Alessio oscurecieron apenas.
—Tu padre era un hombre intentando sobrevivir.
—Eso no responde nada.
—Porque todavía no estás preparada para la respuesta completa.
Mi paciencia explotó.
—¡Deja de hablarme como si fueras dueño de todas las respuestas!
El conductor levantó ligeramente la vista por el retrovisor.
Alessio ni siquiera reaccionó.
Pero noté algo.
Sus dedos golpearon lentamente una vez sobre el asiento.
Un pequeño movimiento.
Control.
Siempre control.
—Baja la voz.
Su tono fue suave.
Y aun así sonó como una amenaza.
Eso me enfureció más.
—No me des órdenes.
—Entonces deja de actuar impulsivamente.
Incliné la cabeza incrédula.
—¿Impulsivamente? Acabas de enseñarme una fotografía de mi padre armado y lleno de sangre.
—Y aun así esa no es la parte más importante de la foto.
Fruncí el ceño.
Volví a mirar la imagen.
Esta vez más lentamente.
Mi padre.
Alessio.
El almacén.
Sangre.
Entonces lo vi.
Un símbolo negro pintado sobre la pared detrás de ellos.
Un símbolo extraño.
Elegante.
Como una serpiente formando un círculo.
Mi respiración se tensó.
—¿Qué es eso?
Los ojos de Alessio descendieron brevemente hacia la fotografía.
—Un error.
No.
Definitivamente no.
Nada en ese hombre parecía accidental.
—¿Qué significa?
Esta vez Alessio sí apartó la mirada.
Hacia la ventana.
Hacia la ciudad nocturna.
Y por primera vez desde que lo conocí…
pareció cansado.
Solo un segundo.
Pero lo vi.
—Significa que tu padre se involucró con las personas equivocadas.
El automóvil se detuvo suavemente frente a un edificio gigantesco iluminado completamente de dorado.
Un restaurante.
No.
Mucho más que eso.
Parecía un palacio moderno.
Miré alrededor confundida.
—¿Por qué estamos aquí?
—Porque no has comido desde esta mañana.
Parpadeé.
—¿Cómo sabes eso?
Alessio abrió la puerta primero.
—Porque cuando estás ansiosa pierdes el apetito.
Mi cuerpo se tensó inmediatamente.
Otra vez.
Otra observación demasiado personal.
Demasiado específica.
Salí del automóvil intentando ignorar el escalofrío que recorrió mi espalda.
Dos hombres vestidos de negro abrieron inmediatamente las enormes puertas del restaurante apenas Alessio apareció.
Todo el personal parecía tensarse al verlo.
No como empleados viendo a un cliente importante.
No.
Era algo más.
Respeto mezclado con miedo.
Y eso empeoró la sensación en mi estómago.
Entramos.
El lugar era absurdamente elegante.
Luces cálidas.
Música suave.
Mesas privadas.
Cristal.
Oro.
Lujo silencioso.
Pero algo llamó inmediatamente mi atención.
El restaurante estaba vacío.
Completamente vacío.
Giré hacia Alessio.
—¿Dónde están las personas?
—No me gusta cenar con extraños observando.
—¿Reservaste todo el restaurante?
Él caminó tranquilamente hacia la mesa del fondo.
—Sí.
Dios.
Ese hombre vivía en otro planeta.
Lo seguí lentamente intentando controlar la tensión creciente dentro de mí.
Cuando me senté, noté algo peor.
Había una carpeta sobre la mesa.
Negra.
Exactamente igual a la del contrato.
Mi corazón dio un golpe incómodo.
Alessio tomó asiento frente a mí.
Elegante.
Perfecto.
Como si absolutamente nada pudiera desordenarlo.
—¿Qué es eso?
—Negocios.
Solté una risa seca.
—Claro.
Porque arruinarme emocionalmente no era suficiente.
Él me observó unos segundos.
Demasiados.
Luego habló.
—Todavía no te he arruinado, Aurora.
El calor subió inmediatamente por mi cuello.
Odiaba cómo lograba hacer que cada frase sonara peligrosa.
Un camarero apareció sirviendo vino en silencio absoluto.
Las manos le temblaban ligeramente.
Eso no pasó desapercibido para mí.
Ni para Alessio.
El camarero terminó rápidamente y se alejó casi de inmediato.
Esperé unos segundos antes de hablar otra vez.
—La gente te tiene miedo.
Alessio tomó lentamente la copa de vino.
—La gente teme muchas cosas.
—No respondiste.
Él bebió un pequeño sorbo antes de mirarme nuevamente.
—El miedo mantiene vivas a las personas inteligentes.
Dios.
Todo en él parecía una advertencia.
Me incliné ligeramente hacia adelante.
—¿Mataste a alguien?
Silencio.
El restaurante entero pareció quedarse quieto.
Incluso el aire.
Alessio dejó lentamente la copa sobre la mesa.
Sus ojos se clavaron directamente en los míos.
Oscuros.
Fríos.
Profundos.
Y por primera vez…
verdaderamente peligrosos.
—¿Quieres una respuesta honesta?
Mi corazón empezó a latir más rápido.
Pero sostuve su mirada.
—Sí.
Una pausa.
Pequeña.
Letal.
—Sí.
El aire abandonó mis pulmones.
No esperaba que lo admitiera.
No así.
No tan tranquilo.
Sentí un escalofrío recorrerme completamente.
Y aun peor…
una parte de mí creyó que estaba diciendo la verdad.
Alessio observó cuidadosamente mi reacción.
Como si analizara cada emoción dentro de mí.
—Ahora dime algo tú.
Tragué saliva lentamente.
—¿Qué?
Él inclinó apenas la cabeza.
—¿Por qué sigues aquí?
Fruncí el ceño.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Acabo de admitirte algo que debería hacerte salir corriendo.
Sus ojos descendieron lentamente hacia mis labios antes de volver a subir.
—Y aun así no te has movido.
El silencio entre nosotros cambió inmediatamente.
Se volvió más pesado.
Más íntimo.
Más peligroso.
Aparté la mirada primero.
Error.
Porque sentí que él disfrutó eso.
Tomé rápidamente la copa de vino intentando recuperar el control.
—No estoy aquí porque quiera.
—No.
La voz de Alessio bajó ligeramente.
—Estás aquí porque quieres respuestas.
Y odié que tuviera razón.
Muchísimo.
Porque desde que apareció en mi vida…
todo parecía girar alrededor de él.
Las deudas.
Mi padre.
Los secretos.
La fotografía.
El contrato.
Como si Alessio Moretti hubiera estado escondido detrás de cada desastre mucho antes de que yo lo notara.
Entonces mi teléfono vibró sobre la mesa.
Daniel.
Iba a contestar.
Pero Alessio habló primero.
—No lo hagas.
Levanté inmediatamente la mirada.
—¿Perdón?
—Tu hermano está siendo seguido esta noche.
Sentí el corazón detenerse.
—¿Qué acabas de decir?
Alessio tomó nuevamente la copa con absoluta calma.
—Dos vehículos negros lo siguen desde hace veinte minutos.
Mi respiración empezó a acelerarse.
—¿Cómo sabes eso?
Los ojos de Alessio se clavaron lentamente en los míos.
Y esta vez su voz sonó diferente.
Más oscura.
Más fría.
Más real.
—Porque los hombres que lo están siguiendo trabajan para mí.
El mundo pareció congelarse.
—¿Qué…?
Pero Alessio continuó observándome sin emoción.
—Y eso significa que alguien más también empezó a buscar a tu familia.
Sentí miedo.
Verdadero miedo.
No solo de él.
Sino del mundo al que estaba entrando.
Porque por primera vez entendí algo aterrador.
Alessio Moretti no era el peligro.
Era el hombre que estaba entre nosotros… y algo mucho peor.