Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mago Jack 1
Jack sonrió con esa expresión traviesa que siempre aparecía cuando estaba a punto de hacer algo que, según él, era "por el bien del conocimiento".
El duque lo conocía demasiado bien.
Por eso frunció el ceño.
—¿Qué estás pensando?
Jack levantó ambas manos con inocencia.
—Solo quiero investigar un poco antes de que hables con ella.
—¿Investigar?
—Es la primera vez que veo una marca de alma tan reciente.
Los ojos del mago brillaban de emoción.
—¿Te das cuenta de lo extraordinario que es?
Comenzó a caminar de un lado a otro.
—Hace apenas unas semanas era una joven completamente normal. Ahora tiene una marca de alma plenamente desarrollada. ¡Eso no ocurre todos los días!
El duque permaneció en silencio.
Jack lo señaló con una sonrisa.
—Déjame averiguar un par de cosas antes de que conversen.
—No.
—Vamos...
—No.
Jack soltó un largo suspiro.
—Eres muy aburrido.
El duque lo ignoró.
El mago cruzó los brazos y sonrió de lado.
—Si me dejas investigar a la hermosa pelirosada...
El duque levantó lentamente una ceja.
—...te deberé un favor.
Aquello sí llamó su atención.
Jack jamás ofrecía favores.
Al contrario.
Era famoso por cobrarlos.
El duque lo observó durante unos segundos.
—¿No harás ninguna locura?
Jack negó con energía.
—No.
—¿No la dañarás?
La sonrisa del mago desapareció.
Respondió con una seriedad poco habitual en él.
—No. Solo necesito confirmar una teoría.
El duque permaneció pensativo.
Finalmente habló.
—Está bien.
Jack sonrió como un niño al que acababan de regalar su juguete favorito.
—¡Excelente!
—Pero...
La voz del duque lo detuvo antes de salir corriendo.
—Voy contigo.
—¿Eh?
—Observaré todo lo que hagas.
Jack hizo una mueca.
—Qué desconfiado eres.
—Con razón.
El mago resopló.
—Está bien, está bien.
Ambos abandonaron el despacho.
Jack caminaba casi dando saltitos por el pasillo.
El duque, en cambio, avanzaba con la misma calma de siempre.
Mientras tanto...
Davina seguía sentada en el elegante salón.
Tenía la taza de té entre las manos.
Aunque ya estaba frío.
[Si tarda mucho más...]
[Voy a empezar a cobrar intereses.]
Suspiró.
Había ensayado tantas veces aquella conversación que ya ni siquiera recordaba cuál era la versión definitiva.
En ese momento la puerta volvió a abrirse.
Jack entró sonriendo.
—Lamento la espera, lady Evans.
Ella se levantó educadamente.
—No se preocupe.
El joven caminó hasta la enorme ventana del salón.
—Antes de que llegue el duque... ¿Ha visto la vista desde aquí?
Davina negó con curiosidad.
—No.
—Es preciosa. Puede verse casi todo el valle.
Ella sonrió.
—Entonces me gustaría verla.
Se acercó a la ventana.
El paisaje realmente era hermoso.
Las montañas se extendían hasta el horizonte mientras un río atravesaba los bosques cercanos.
—Es increíble...
—¿Verdad?
Jack sonrió.
Mientras Davina seguía observando el paisaje, el mago deslizó discretamente una pequeña bolsita desde el interior de su manga.
La abrió con cuidado.
Un fino polvo plateado quedó suspendido sobre su palma.
Con un ligero movimiento de los dedos...
Sopló.
Las diminutas partículas brillaron apenas un instante antes de desaparecer alrededor de Davina.
Ella parpadeó.
—Qué extraño...
Todo comenzó a dar vueltas.
[¿Qué...]
Intentó girarse.
Pero el sueño cayó sobre ella con una rapidez imposible.
—Yo...
Su cuerpo perdió completamente las fuerzas.
Jack dio un paso al frente.
Pero alguien fue más rápido.
El duque.
Había entrado en el salón justo en ese instante.
Sujetó a Davina antes de que cayera del sofá.
Su cabeza descansó suavemente sobre el brazo del hombre.
El duque dirigió una mirada severa hacia Jack.
—Explícate.
Jack levantó ambas manos.
—Solo está dormida. Despertará en menos de una hora No sentirá dolor.
El duque siguió observándolo unos segundos antes de bajar lentamente la vista hacia la joven.
Dormía profundamente.
Su respiración era tranquila.
Como si simplemente hubiera decidido tomar una siesta.
Jack se acercó con cuidado.
—Necesito una muestra.
Sacó una diminuta aguja plateada.
El duque volvió a fruncir el ceño.
—Jack...
—Solo será un instante.
Antes de que pudiera impedirlo, el mago pinchó suavemente la yema del dedo índice de Davina.
Apenas apareció una diminuta gota de sangre.
El duque habló con evidente desaprobación.
—Te dije que no la dañarías.
Jack chasqueó la lengua.
—Exagerado.
Apoyó un dedo sobre la pequeña herida.
Un círculo mágico brilló apenas un segundo.
Cuando retiró la mano...
No quedaba absolutamente ninguna marca.
Ni siquiera un punto rojo.
Jack sonrió satisfecho.
—¿Ves? Como nueva.
El duque observó el dedo de Davina unos segundos.
Era cierto.
No quedaba rastro alguno.
Aun así...
—La próxima vez pide permiso.
—Sí, sí.
Respondió Jack distraídamente.
Con extremo cuidado tomó la diminuta gota de sangre y la dejó caer dentro de un pequeño frasco de cristal lleno de un líquido transparente.
La sangre descendió lentamente hasta el fondo.
Sin mezclarse.
Como si estuviera suspendida.
Jack observó el frasco con enorme expectación.
—Ahora... Necesito otra muestra.
Acercó lentamente la mano al largo cabello rosado de Davina.
Antes de que pudiera arrancar un solo cabello...
Sintió una presión helada recorriendo toda la habitación.
Se quedó completamente inmóvil.
El duque había colocado una mano sobre la empuñadura de su espada.
Su voz fue baja.
Fría.
Y peligrosamente tranquila.
—Jack.
El mago tragó saliva.
—¿Sí?
—Si le arrancas un cabello sin necesidad...
Sus ojos grises no mostraban la menor emoción.
—Voy a olvidar que eres mi amigo.
Jack retiró la mano lentamente.
—Era... un cabello... Uno solo...
El silencio que recibió como respuesta fue suficiente para hacerle levantar ambas manos en señal de rendición.
—¡Está bien!
—¡Preguntaré cuando despierte!
El duque no apartó la mirada de él.
Y Jack comprendió que, por primera vez en mucho tiempo...
Había estado peligrosamente cerca de descubrir qué tan aterradora podía llegar a ser la magia de oscuridad cuando el duque Krugher hablaba completamente en serio.
que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer