sinopsis de La CEO de Cristal:
La traición: Salma, una CEO exitosa y poderosa, ve su mundo perfecto colapsar cuando descubre un enredo amoroso entre su prometido, Mauricio, y su mejor amiga, Rebeca.
La transformación: Tras este duro golpe, Salma se convierte en una mujer fría, calculadora y distante, levantando una armadura de hielo para protegerse y enfocándose por completo en su imperio corporativo.
El nuevo camino: En su proceso de reinventarse, Salma se cruza con Malik, un hombre reservado y de noble corazón que desafiará su frialdad, mientras enfrenta las intrigas de la prepotente madre de este, Soraya.
El gran secreto: Más allá de las traiciones y el nuevo romance, el verdadero vuelco de la historia ocurrirá cuando salga a la luz el mayor misterio de su vida: Salma no sabe que es adoptada, un secreto que sus tíos Clara y Fernando han guardado por amor.
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## Capítulo 3: Sombras en la mesa
La tensión en la oficina de Rodolfo era tan densa que parecía capaz de cortar el aire. Mauricio estaba de pie frente al ventanal, con las manos apretadas en los bolsillos, escuchando el ritmo pausado de los pasos de su padre.
—Esa mujer es un hueso duro de roer, Mauricio —espetó Rodolfo, deteniéndose en seco—. Salma tiene el control total, y mientras ella sea la CEO, nosotros solo seremos sus empleados glorificados. Necesitamos cambiar las reglas del juego.
—No entiendo a qué te refieres, papá —respondió Mauricio, evitando mirar a los ojos a su padre.
—Rebeca. Ella está siempre a su lado, conoce sus debilidades y, aunque ahora parecen mejores amigas, sé que puedes convertirla en nuestra aliada. Enamórala. Haz que ella sea nuestra infiltrada dentro de la confianza de Salma. Si ella nos entrega los puntos débiles de su gestión, el imperio será nuestro.
Alicia, que había entrado al despacho con una bandeja de café, soltó un jadeo ahogado. Sus manos temblaron, haciendo que las tazas tintinearan con fuerza.
—¡Rodolfo, por favor! —intervino Alicia con la voz rota—. Salma es como una hija para nosotros, la conocemos desde que era una niña. No puedes pedirle a tu hijo que traicione así a alguien que confía en nosotros…
Antes de que pudiera terminar, un sonido seco y violento resonó en la habitación. Rodolfo le había propinado una bofetada a Alicia. La mujer, con el rostro ardiente y los ojos llenos de lágrimas, bajó la cabeza, derrotada por el miedo.
—¡No te metas en los asuntos de los hombres, Alicia! —rugió Rodolfo, acercándose a ella con una mirada de puro desprecio—. Ahora vete a la cocina y sigue con tus labores, que esto no es incumbencia tuya.
Alicia, con un nudo en la garganta y temblando visiblemente, asintió en silencio y salió de la estancia sin decir una palabra más, obedeciendo el mandato de su marido.
Esa misma noche, el ambiente era radicalmente distinto en casa de los padres de Rebeca. La cena era una tradición que ambos matrimonios habían cultivado durante años. Carlos y Aurora, los padres de Rebeca, recibían a los padres de Salma, Clara y Fernando, con el cariño de una familia unida.
Salma se sentía en casa. Desde niña, ella había crecido entre esas mismas cuatro paredes, y para los padres de Rebeca, ella era mucho más que la mejor amiga de su hija; la trataban con el mismo amor que le profesaban a Rebeca, considerándola efectivamente como otra hija más.
—¡Nuestra exitosa CEO! —bromeó Carlos, sirviéndole un poco más de vino a Salma—. Me hace mucha ilusión ver lo lejos que has llegado, hija. Eres un orgullo para nosotros.
—Muchas gracias, Carlos. Pero saben que sin ustedes y el apoyo de mis padres, esto no sería posible —dijo Salma, sonriendo con ternura a Clara y Fernando. Ella los amaba profundamente y jamás sospechaba que no compartían su misma sangre.
Rebeca, sentada frente a ella, observaba la escena con una sonrisa cordial, aunque por dentro una chispa de resentimiento comenzaba a arder. Sus sentimientos por Mauricio habían nacido mucho antes de que él empezara a salir con Salma, un secreto que ella guardaba con dolor. Ver a Salma con el hombre que ella deseaba, rodeada de tanto éxito y cariño familiar, despertaba una envidia que empezaba a crecer en la sombra de su amistad.
De repente, el teléfono de Rebeca vibró sobre el mantel. Un mensaje de Mauricio iluminó la pantalla: *“¿Te escapas conmigo a tomar una copa? Necesito hablar contigo, es importante”*.
Rebeca sintió un vuelco en el corazón. Aunque su conciencia le dictaba que no era correcto salir a solas con el novio de su mejor amiga, en su interior una alegría prohibida se instaló. Con dedos temblorosos, escribió: *“No es correcto, no puedo ir sin Salma”*, pero envió el mensaje sabiendo que, si él insistía, no podría negarse.
Minutos después, otro mensaje llegó: *“Es sobre una sorpresa para Salma. Quiero planear la pedida de matrimonio y necesito a la persona que mejor la conoce. Por favor, ayúdame”*.
Rebeca apretó el celular. La mención de la boda le dolió, pero la oportunidad de estar a solas con él era demasiado tentadora. Respondió aceptando el encuentro al terminar la cena.
Más tarde, en un bar poco concurrido, Mauricio la recibió con una copa y una mirada cargada de intención. Tras hablar brevemente de la supuesta pedida, Mauricio comenzó a deslizar comentarios venenosos.
—Es irónico, Rebeca —dijo él, bajando la voz y acercándose más de lo necesario—. Salma es brillante, pero tú… tú tienes una belleza diferente, más cálida, más real. A veces pienso que si ella no fuera la CEO, si no estuviera tan absorta en sus negocios, yo habría visto a otra persona. Tú habrías sido la mujer ideal para mí.
Rebeca se quedó helada, con la copa a medio camino de sus labios, mientras las palabras de Mauricio sembraban una semilla de confusión y deseo que prometía desatar una tormenta en su lealtad hacia Salma. ¿Qué pasaría cuando la línea entre la ayuda y la traición se desvaneciera por completo?
Clara y Fernando "padres de Salma"
Aurora y Carlos (padres de Rebeca)