Arthur Harington. El magnate de los negocios, dueño de 5 empresas que dominan el mercado internacional. Sabe todo, conoce a todos. Nada se le escapa. ¿Puede este hombre sentir lástima por alguien que siempre ha vivido en la calle?
Charlotte Taylor. Apenas tiene un nombre y un apellido. No sabe qué es peor ¿morir o seguir viviendo?
¿Podrá Charlotte encontrar un buen samaritano que le cambiara la vida? y si lo hace ¿ha qué costo será?
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¿Esa es la chica de la calle?
Charlotte llega a la casa y queda maravillada con la belleza del departamento, todo irradiaba lujo y comodidad, cada detalle valía mucho más que su vida. La llevaron a su habitación y no podía creer que ese sería su lugar de descanso, es muy espaciosa y previamente decorada. Todo era muy hermoso y olía muy agradable, nada de malos olores o suciedad. La recostaron en la cama y le asignaron a una enfermera para que la ayude durante su recuperación.
Charlotte: ¡Muchas gracias Victoria! Esto es mucho para mí.
Victoria: Yo solo cumplo órdenes señora Charlotte, a quién deben agradecer no ha llegado. Le informó que el señor Arthur tiene un carácter muy fuerte y tiene días que es mejor no decirle nada.
Charlotte: entiendo, es un hombre difícil aparentemente.
Victoria: No le puedo decir que es de apariencia. Tengo que irme, tengo trabajo en la oficina.
Charlotte: Sí, disculpe. No quiero quitarle más tiempo.
Victoria: Otra cosa, no le puede abrir a nadie. El señor Arthur tiene su llave, eso quiere decir que no tocará el timbre. No de paso a nadie que toque ese timbre.
Charlotte: Entiendo. Gracias por esa información.
Victoria se va y deja a Charlotte con la enfermedad, ambas hablan un poco y luego Charlotte duerme.
Arthur llega a las nueve de la noche, se da una ducha y se prepara para dormir, cuando está cerrado sus ojos recuerda que no está solo en la casa y decide ir a ver a la nueva integrante. Toca con delicadeza y nadie responde, abre lentamente la puerta y nota que Charlotte está dormida, las luces están encendidas y puede apreciarla con claridad. Arthur se acerca y se sorprende con lo que ve, no puede creer lo diferente que ella se ve al estar limpia y bien vestida. Está muy sorprendido y observa sus rasgos, notando que es una mujer hermosa, sabe que después de su completa recuperación estará mucho más hermosa. Se reprende con pensar en eso y sale de la habitación para con fin descansar.
A la mañana siguiente Arthur se levanta de inmediato sale a la cocina a preparar su taza de té matutino y se encuentra con su huésped invadiendo su cocina. Arthur es muy quisquilloso con su hogar, pocas empleadas le han durado más de seis meses, siempre dicen lo mismo «la paga es buena, pero el jefe es insoportable» ninguna aguantó las exigencias y limitaciones de Arthur. Aquí está otra vez con una nueva empleada, pero está es diferente, ella vive con el y debe tratarla bien, está herida, no tiene familia y necesita mucho el dinero.
Arthur: ¡Buenos días, señorita Charlotte!
Charlotte se asusta pero el inesperado saludo tras su espalda. Se gira y ve a un apuesto hombre, músculo, despeinado y sexy observándola con curiosidad y desaprobación.
Charlotte: ¡Señor Arthur! Disculpe mi mala educación. !Buenos día!
Arthur: ¿Qué está haciendo exactamente?
Charlotte: Le estoy preparando té. Observé que tiene gran variedad de té y entendí que le gusta mucho. Disculpe si le molesta y desea hacerlo usted mismo.
Arthur: Es usted muy observadora. ¡Gracias! Vamos a ver si sabe bien.
Charlotte sirve el té y espera su aprobación.
Arthur: Muy bien. Está muy rico.
Arthur se va con el té a la habitación y allí dura media hora. Lo tengo sale trajeado y con la taza vacía, la deja en el lavabo y se va. Charlotte lo observo y le gustó lo que vio.
Así pasaron los días y Charlotte ya estaba completamente sana. Mantenía la casa impecable y se mantenía distante de Arthur para evitar incomodidad y malos entendidos. Arthur a veces ni la sentía, llegaba y encontraba todo ordenado y la comida lista y recién hecha. Se dio cuenta de que ella le tomaba los horarios y ya se manejaba dentro del mismo.
Arthur está en la sala y suena el timbre...
Charlotte: señor, ¿recibirá la visita?
Arthur: Es mi novia, deja entrar.
Charlotte abre la puerta y se encuentra con Emma.
Emma: ¿Y tú quién eres?
Emma no reconoce a Charlotte, pues la última vez que la vio, estaba sucia y con mal olor, en esta ocasión no es así. Charlotte está comiendo bien, lo que implica que su rostro y cuerpo han cobrado vida y músculo.
Arthur: Espero que no hayas venido para hacer un drama en mi propia casa.
Emma: Solo hice una pregunta.
Charlotte intenta retirarse, pero Emma la sostiene del brazo.
Emma: ¿Qué haces aquí, quién eres?
Lo dice con tono amenazante.
Arthur: Ella es mi empleada. Es la chica que choque.
Emma: ¿Ella es la chica de la calle? No puede ser.
Arthur: Así es. Charlotte está aquí ayudándome y se ha recuperado muy bien.
Emma: ¿Entonces está viviendo aquí?
Arthur: Así es. Cuento tres para que la suerte.
Emma suelta de mala gana a Charlotte y la mira con desconfianza. No puede creer que esa chica toda sucia y maloliente sea la misma que tiene en frente.
Charlotte: Disculpe señora Emma, ¿necesita que le ayude en algo?
Emma: Sí, que vuelvas a tu mundo y te alejes de mi hombre.
Arthur: Mide tus palabras, recuerda que está es mi casa y aquí mando yo. La única que está demás aquí eres tú.
Emma: ¿Cómo te atreves a hablarme así, delante de la mugre?
Charlotte se va a su habitación muy dolida por las palabras de Emma y se encierra allí.
Arthur se molesta por la actitud inconsciente de Emma y la lleva a su habitación.
Arthur: ¿Por qué dijiste esas cosas? Nunca había visto esa versión de ti.
Emma: Yo solo sentí celos. Esa chica se ve muy diferente. ¿Y si es una impostora y se lanzó al vehículo para sacarte dinero e infiltrase en tu casa?
Arthur: !Estás loca! ¿Se ha olvidado que los desviamos por error y estábamos discutiendo? Esa discusión fue la razón de que casi la metemos. Si ella es una impostora, entonces tú eres su cómplice por haber iniciado la pelea y provocar que me desvíe.
Emma: ¿Qué estupidez es esa? Nunca pensaría algo así.
Arthur: Entonces piensa bien antes de articular palabras.
Emma lo besa y lo lleva a la cama, pero Arthur la detiene. Le da vergüenza que Charlotte los escuche, conociendo a Emma, ella podría gemir muy fuerte para que Charlotte la escuché y eso no lo puede permitir.
Emma: ¿En serio me vas a rechazar? No puedo creer esto.
Arthur: Es mejor en otro lugar. Aquí no.
Emma: ¿Por ella? Te estas pasando.
Arthur: No me hagas enojar.
George toca el timbre, Arthur sale a abrirle y aprovecha la visita para librarse de Emma y sus ataques de celos.
Emma: ¿Lo llamaste o qué?
George: A mí no me involucren en su pelea. Acabo de llegar y no se nada.
Después de unas horas hablando y riendo, George decide irse. En todo el tiempo que el estuvo allí no vio a Charlotte. Ella le había caído bien y extraño molestarla un poco.
George: Charlotte nunca salió, es notable que se ofendió demasiado. Trata de calmarla.
Arthur: Sí, en verdad fueron palabras fuertes.
Ambos se despiden y Arthur se dirige a la habitación de Charlotte. Toca la puerta, pero no hay respuesta, decide entrar y la encuentra dormida. La observa y ve como tiene los ojos hinchados de tanto llorar, la cubre con la sábana y le apaga la luz, sale de la habitación y se queda pensando en lo hermosa que está Charlotte.