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LA JAULA DE ESMERALDA

LA JAULA DE ESMERALDA

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro
Popularitas:923
Nilai: 5
nombre de autor: NATALIA ORTEGA

El huracán le quitó su casa, pero él le quitó su libertad. Esmeralda vive encerrada en una jaula de oro, prisionera del hombre que dice amarla. Entre mentiras, tormentas y secretos, deberá elegir: morir en silencio o destruir todo para ser libre. ¿El amor puede doler tanto como una prisión?


.Confirmo que soy la autora, la autora de esta obra y poseo todos los derechos de autor,

.Estoy de acuerdo con los terminos de MangaToon.

NovelToon tiene autorización de NATALIA ORTEGA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

19. LA VERDAD EN PORTADA.

La Revista H no perdió tiempo.

48 horas después, su equipo estaba en la sala de la mansión. Cámaras, luces, una periodista llamada Sofía con cara de no creerle a nadie.

Y yo en medio. Con un vestido negro simple. Sin joyas. Sin maquillaje cargado. Sin ser la esposa del CEO. Solo Esmeralda.

Emiliano estaba en la puerta. Brazos cruzados. No intervino. No me dirigió. Su única orden al equipo fue: “Si la hacen llorar, los demando a todos. Si editan una palabra, compro la revista y la cierro.”

Sofía tragó saliva. Entendió el mensaje.

“Señora de la Rosa”, empezó. Grabando. “Internet la llama cazafortunas. Dicen que usted se casó por dinero. Que debe millones. ¿Qué tiene que decir?”

Respiré hondo. Miré a Emiliano un segundo. Él asintió. Es tu historia. Cuéntala.

“Mi nombre es Esmeralda Castillo”, dije a la cámara. “Y sí, me casé por dinero.”

Sofía parpadeó. No esperaba que lo admitiera.

“Pero no por el mío”, continué. “Me casé para pagar una deuda que no era mía. Una deuda que dejó mi madre cuando desapareció. Deuda que pidió para comprar las medicinas de mi abuela cuando el cáncer la estaba matando.”

Silencio en la sala.

“Trabajé en un casino. No apostando. Limpiando. Sirviendo copas. 14 horas al día. Porque los prestamistas no tocan la puerta con flores. Tocan con amenazas. Y yo tengo 19 años, una abuela que murió esperando medicina y nadie más.”

Sofía bajó el lápiz. Estaba escuchando. De verdad.

“El video que filtraron donde ‘negocio mi precio’”, me reí. Sin humor. “Era yo firmando un contrato prematrimonial. Donde renunciaba a todo. A pensión, a herencia, a empresas. Me casé con Emiliano de la Rosa para salvar la casa donde creció mi abuela. Eso fue todo lo que pedí. Su deuda, a cambio de mi vida.”

Me levanté. Caminé hacia la ventana. Hacia el jardín donde Emiliano y yo habíamos peleado mil veces.

“Me llamaron cazafortunas”, mi voz se endureció. “Pero la única persona que me puso precio en esta historia fue don Ricardo de la Rosa.”

Eso hizo que Sofía levantara la cabeza de golpe.

“Hace una semana, el padre de mi esposo me citó”, seguí. Cada palabra, una bala. “Me ofreció 5 millones de dólares por irme. Por abandonar a su hijo. Cuando le dije que no, me ofreció 10 millones por quedarme, darle un heredero y luego irme sin mi hijo.”

Escuché que a Emiliano se le cortó la respiración en la puerta. No le había contado la parte de los 10 millones. Hasta ahora.

“Le dije que no”, miré directo a la cámara. “Rompí sus boletos. Rompí su cheque. Y quemé el contrato del heredero que él quería que firmara. Porque yo no vendo niños. Y no me vendo yo.”

Me giré hacia Sofía.

“Así que no, señorita. No soy una cazafortunas. Soy una mujer que le dijo ‘no’ a 10 millones de dólares para no convertirse en su madre.”

La sala era una tumba.

“Publiquen eso”, dije. “Publiquen que don Ricardo de la Rosa intentó comprarle un nieto a su esposa. Publiquen que prefiere ver a su hijo infeliz y solo, antes que débil y amando. Publiquen la verdad.”

Sofía cerró su libreta. Lento. Me miró como si me viera por primera vez.

“Señora de la Rosa…”, dijo. “Gracias por su honestidad.”

Se levantó. Su equipo empezó a recoger. Antes de irse, se detuvo frente a Emiliano.

“Señor de la Rosa”, le dijo. “Con todo respeto… tiene suerte. Mucha gente se casa por dinero. Poca gente lo rechaza por amor.”

Y se fue.

El silencio volvió. Pesado. Diferente.

Emiliano caminó hacia mí. No dijo nada. Solo me envolvió en sus brazos. Me escondió la cara en su pecho. Y sentí que temblaba.

“10 millones”, susurró. Su voz rota. “Te ofreció 10 millones por mi hijo… y dijiste que no.”

Levanté la cara. Le encontré los ojos. Grises. Llenos de tormenta. Pero sin hielo.

“Te elegí a ti”, le dije. Simple. “Al niño del ático. No al CEO. No al dinero. A ti.”

Él me besó. Ahí. Con el sol entrando por la ventana. Sin cámaras. Sin contratos. Sin jaulas.

Cuando nos separamos, su teléfono sonó. Lo ignoró. Sonó otra vez. Y otra vez.

Finalmente, contestó. Puso altavoz.

“Emiliano”, la voz al otro lado era Don Ricardo. Pero no sonaba arrogante. Sonaba… acorralado. “La junta directiva acaba de llamarme. La auditoría… las cuentas congeladas… ¿Qué hiciste?”

Emiliano me miró. Y sonrió. La sonrisa del depredador que acaba de cazar.

“Hice lo que tú me enseñaste, padre”, su voz fue seda sobre acero. “Proteger el legado. La diferencia es que mi legado no es una empresa.”

Apretó mi mano.

“Es ella.”

Colgó.

Al día siguiente, la portada de Revista H rompió internet.

No era yo llorando. No era yo en vestido de gala.

Era yo, sentada en la sala, con el vestido negro, mirando a la cámara. Sin sonrisa. Sin miedo.

El titular, en letras negras gigantes:

“ME OFRECIERON 10 MILLONES POR ABANDONAR A SU HIJO. DIJE QUE NO. SOY ESMERALDA DE LA ROSA. Y ESTA ES MI VERDAD.”

Abajo, más chico: “El imperio de la Rosa en crisis tras las declaraciones de la esposa del CEO”

Las acciones  de la Rosa Corp cayeron 8% en dos horas.

Don Ricardo me declaró la guerra.

Yo acababa de ganarla en una portada.

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