Nicolás Falcón fue humillado por Alessia Duval y su familia.
Años después, él regresa convertido en un millonario implacable… justo cuando Alessia lo pierde todo.
Su madre al morir le confiesa algo que ella se cuestióna si es verdad o mentira.
Él la acorrala solo para que se case con el, no por amor, sino para vengarse y hacerla pagar cada una de las humillaciones y el acto más cobarde que una mujer puede hacer.
Entre el odio, la convivencia, el dolor y los secretos, ambos empiezan a sentir algo que creían extinto.
Lo que él no esperaba…
era que verla rota despertara sentimientos que pensaba muertos.
Lo que ella no imaginaba.
era descubrir que detrás del hombre frío y cruel que ahora la domina, aún vive aquella persona buena al que ella hirió.
Entre venganza, culpa, deseo, odio y un gran
secreto capaz de destruirlos, terminan atrapados en un matrimonio donde el amor se convierte en la venganza más peligrosa.
Novela no apta para todo público.Contiene +18 y Maltrato emocional.
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Una desgracia detrás de otra.
NARRADO POR ALESSIA.....
Cuando llegamos a casa empacamos listos para la mudanza que viene mañana.
Nicolás compro la casa quien diría que un día tendría que despedirme de esta casa que me vio llegar al mundo. El hombre que ame ahora es el nuevo dueño que nos odia con todo su ser.
Entiendo que una persona quede marcada por algo así pero me da la impresión que es otra cosa, como si hubiéramos hecho algo grave, o siemplemente es una persona demasiado rencorosa.
Nunca lo noté, el nunca fue así.
Termino de empacar y mi padre entra viendo mis maletas.
—Es por un nuevo comienzo.
—Asi es padre.
Sonrío y el me abraza.
Se va dejándome sola y trato de dormir ya que mañana será un día largo y casado.
Sueño con esa mirada que no me ha abandonado desde que me vio por primera vez en diez años.
Despierto agitada cuando escucho ruido abajo.
Noto que ya es de mañana y me cambio de ropa aún shorts de mezclilla y una blusa ancha cuando bajo mi padre está ayudando a los de la mudanza.
—Hola, mi madre y yo pedimos el día para ayudar.
Me dice Mina y asíento bajando para ayudar.
—Sientate mí amor están muy pesados.
Me dice mi padre y Mina sonrie incómoda.
Su madre está subiendo cajas. Tiene un pañuelo en la cabeza.
—Mina ayuda con esas cajas
La regaña su madre y ella le ayuda y yo voy por una también, entre Mina y yo le acercamos las cajas pero como si fuera un juego de niñas empezamos con la competencia de quien acerca más cajas.
Una carcajada sale de mi garganta haciendo que mi padre voltee a verme ya que Mina por hace trampa termina callendo.
Pero está se esfuma cuando entra Nicolás por la puerta principal.
—Ya estamos por terminar.
Dice mi padre pero Nicolás le entrega unos papeles.
—¿Crees que soy un imbécil?
Mi padre los recibe y niega.
—Debe a ver un error.
—Vengo de allá y ellos dicen lo contrario, sabías que la casa estaba hipotecada y aún así intentaste venderla y eso es un delito.
Le dice Nicolás con un tono fuerte y yo llego hasta donde esta mi padre.
Agarro los papeles y efectivamente dicen que el banco la absorbió al no pagar la deuda del hospital de mi madre.
—La deuda ya estaba pagada.
Susurra mi padre y yo asiento ya que así fue.
—Arreglalo solo tienes hoy.
Le dice Nicolás yéndose y mi padre saca su celular con manos temblorosas.
—Ruste Capri, ¿que hicieron? ¿Por que cancelaron el pago del hospital?.
Mi padre respira agitado y yo tocó su hombro para que se calme.
—Padre déjalo veremos la forma de ......
—Te di mis acciones de la empresa y solo te pedí eso, solo eso.
Grita mi padre y cuelga de un momento a otro.
—Crei que todo esté tiempo dependimos de ellos.
Le digo al escuchar lo que acaba de decir.
—Hicimos un trato y era apoyarnos económicamente a cambio de las pocas acciones que me quedaban. Solo para vivir modestamente pero con los gastos de tu madre le dije que solo pagará los gastos del hospital y nosotros veríamos como hacerle hasta la boda.
Asiento y no tarda en llegar a casa el padre de Néstor y el mismo Néstor, llegan como si fuéramos diminutos para ellos.
—¿Y entonces?
Pregunta mi padre y el señor Ruste solo suspira.
—Tengo un nuevo negocio al que necesito invertile.
Dice y mi padre asiente yéndose a los golpes.
—A mi que me importa tus negocios teníamos un trato.
Le grita mientras Nestor intenta separar.
—No tienes palabra.
Le dice mi padre viéndolo con odio.
—Los que no tienen palabra fueron ustedes, no pudieron impedir que su hija le abriera las piernas al primer imbécil que le hablo bonito.
Dice Ruste limpiando su labio roto .
—Fuera de esta casa.
Le dice Mara y ellos la miran burlandose.
—Esta casa es del banco.
—Eso a ustedes no les importa, largo.
Les dice agarrando una escoba de la esquina y Néstor me da una última mirada antes de detenerse en la puerta y saca su billetera aventando unos billetes.
—Es tu pago por los diez años que creíste que me casaría contigo.
Me dice yendose y ayudo a mi padre a sentarse y Mina corre por el botiquín al ver su nudillo lastimado.
Se lo da a su madre y ella lo cura.
Mina trae en sus manos los billetes y me los ofrece.
—Mina ¿por qué los recogiste?
La regaña su madre.
—Hay que terminar de empacar.
Dice mi padre y nadie agarra el dinero que Mina tiene en las manos, ella no sabe que hacer y terminamos de empacar.
Me dice la cantidad de dinero y asiento.
Subimos por las maletas y suspiro al darme cuenta que es nuestro último día aquí.
Mara y su hija nos dan espacio a mi padre y a mi.
El me abraza y juntos le decimos adiós a esta casa.
Su celular suena y el responde rápido, palidece.
—llego en una hora.
—¿Que ocurre?
Le pregunto y el levanta las dos maletas.
—Sacaran el ataúd de tu madre del cementerio, el hospital se deslindó de todo, se supone que el pago incluia los gastos del hospital y el cementerio y como el asunto entrara en asuntos legales todo queda congelado.
No sé que decir, solo se que vamos de mal en peor.
—Por cierto, se me olvidó decirte, hoy me llamaron del trabajo que fui a ver, me contrataron.
Me dice y sonrió feliz.
—Aun que después de esto no se si aún estoy contratado.
Me dice y lo veo con dudas.
—¿Por que? ¿Que tiene que ver esto con el trabajo?
—ha si, el dueño es el señor Falcón.
Me dice saliendo de la casa y siento que me mueven el piso ya que todo se tambalea a mis pies con esa noticia.
Como se le ocurre decirle a una niña semejante estupidez