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SOMBRAS QUE NO SEVAN

SOMBRAS QUE NO SEVAN

Status: En proceso
Genre:Escuela / Fantasía LGBT / Traiciones y engaños
Popularitas:287
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Después de perder a sus padres, Izack Vega cree que lo peor ya pasó… hasta que comienza a vivir bajo el mismo techo que su peor pesadilla.

Traicionado por su propia familia, termina en un orfanato donde conocerá a personas rotas como él… que poco a poco se convertirán en su verdadera familia.

Pero el pasado no lo dejará en paz. Secretos, acoso, mentiras y muertes lo rodean…

Y cuando la verdad salga a la luz, Izack tendrá que decidir:
¿seguir huyendo… o enfrentarse a la oscuridad?

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8: LO QUE LAS SOMBRAS ESCONDEN

La silueta de Héctor desapareció entre los árboles como si se la hubiera tragado la oscuridad, pero la sensación de frío en el pecho de Izack no se fue ni un segundo. Apretó con más fuerza la mano de Axel, como si ese contacto fuera lo único que lo mantenía en pie, y el chico lo sintió, le devolvió el apretón con suavidad y no dijo nada hasta que Izack logró respirar con calma.

—Sigue ahí —susurró Izack al final, con la voz todavía temblorosa—. Nunca se va. Siempre está mirando.

—Lo sé —respondió Axel bajito—. Pero esta vez no te ve solo. No te va a asustar más sin que yo lo sepa.

Se quedaron un rato más en silencio, escondidos entre los arbustos, lejos de las miradas y los gritos de la escuela. Por primera vez Izack no tuvo ganas de huir. Se sentía seguro, aunque fuera solo por unos minutos. Y fue esa calma lo que le dio el valor para preguntar lo que llevaba pensando días:

—Tú dijiste que también cargas secretos… que tu familia también tiene cosas feas. ¿Qué quieres decir? ¿Qué te pasó?

Axel miró al suelo, jugó con una piedra entre sus dedos, y por primera vez dejó ver la verdadera tristeza que escondía detrás de su mirada fría.

—Mi padre murió cuando era muy chico —empezó a contar, muy despacio—. Todos dicen que fue un accidente en su oficina, un incendio que se le salió de control. Pero yo siempre supe que no. Él estaba investigando negocios sucios, tierras robadas, cuentas ocultas… y los apellidos que aparecían en sus papeles eran los mismos: Salgado, Del Valle. Héctor y el papá de Damián. Cuando quiso hablar, cuando quiso denunciar… desapareció todo. Sus pruebas, sus archivos, incluso el informe policial. Mi madre se calló por miedo, me obligaron a ser el hijo perfecto, frío, que no hace preguntas… y yo me quedé solo con la verdad atorada en la garganta durante años. Hasta que te vi a ti.

Izack se quedó sin palabras. No era solo él. No era el único que había perdido todo por culpa de esos mismos hombres.

—Entonces… —alcanzó a decir—, ellos también te quitaron a ti.

—Sí —asintió Axel, y por primera vez Izack vio cómo se le humedecían los ojos—. Y cuando te conocí, supe que tú tenías la llave para cerrar todo esto. O para abrirlo de verdad. No te ayudo por lástima, Izack. Lo hago porque si ganas tú, gano yo también. Ganamos los dos.

Antes de que pudieran decir más, sonó el timbre que marcaba el final del recreo. Se levantaron juntos, y al cruzar la mirada, supieron que ya no había vuelta atrás: estaban del mismo lado, contra el mismo enemigo.

Pero la paz duró muy poco. Al entrar al salón, el profesor les entregó una citación urgente: la directora del orfanato había llamado, diciendo que había habido un problema grave y que Izack debía regresar de inmediato. Axel quiso ir con él, pero le dijeron que solo podía pasar el interesado.

—No te fíes —le advirtió Axel, agarrándolo del brazo antes de que saliera—. No entres solo si puedes evitarlo. Avísame en cuanto llegues, por favor.

Izack asintió, pero en el fondo sentía que no tenía opción. Al llegar al orfanato, la puerta principal estaba entreabierta, y dentro reinaba un silencio absoluto, extraño. No había risa de niños, ni pasos, ni voces. Caminó despacio hacia la oficina de la directora, y al abrir la puerta, se detuvo en seco.

Allí estaba Elvira, sentada detrás de su escritorio, y junto a ella, Héctor. Y en una silla al lado, con la cabeza baja, estaba Mateo.

—Por fin llegas —dijo la directora con esa voz dulce y falsa que usaba para mentir—. Tu tío ha venido a buscarte. Dice que ya estás listo para volver a casa con él. Que todo este asunto del orfanato y la escuela fue solo un error.

Izack sintió que el suelo se le movía. Miró a Mateo, buscando ayuda, pero el chico no levantaba la vista.

—No es verdad —dijo Izack con voz firme, aunque le temblaban las manos—. Él no es mi tutor. No tiene derecho a llevarme.

—¿Ah no? —intervino Héctor, levantándose despacio y acercándose—. Pues los papeles dicen lo contrario. Y además… tenemos un testigo. Mateo aquí presente ha contado todo: que tú has estado robando objetos del orfanato, que has mentido sobre nosotros, que incitas a los demás a pelear y a desobedecer. Eres un mal ejemplo. Y nadie te va a defender.

Izack miró a Mateo con los ojos llenos de dolor:

—¿Es verdad? ¿Tú les has dicho eso? ¿Por qué?

Mateo alzó la vista al fin, y Izack vio en sus ojos miedo, mucho miedo, pero también algo más: una señal casi imperceptible con la cabeza, hacia el cajón del escritorio.

—Tuve que hacerlo —dijo muy bajito—. Me dijeron que si no hablaba, te harían daño a ti. Y a Benjamín también.

En ese momento, Héctor dio un paso hacia Izack para agarrarlo del brazo, pero de golpe se escuchó el ruido de un coche frenando afuera, y luego pasos rápidos y fuertes en la entrada. La puerta se abrió de golpe: era Axel, acompañado de dos hombres mayores, uno de ellos su abogado de la familia Risas.

—Los papeles son falsos —dijo Axel con voz segura, sin dudar ni un segundo—. Mi abogado lo ha comprobado ya en la delegación. Y las acusaciones contra Izack son inventadas. Además, tenemos pruebas de que usted, señora Elvira, ha estado recibiendo dinero de cuentas vinculadas a negocios ilícitos desde hace años.

El rostro de la directora se puso pálido como la cera. Héctor apretó los puños, miró a todos lados buscando una salida, pero ya estaba rodeado.

—Esto no ha terminado —le espetó a Izack antes de que los hombres del abogado le pidieran que se quedara quieto—. No creas que has ganado. Las sombras siempre encuentran el camino de vuelta.

Pero esta vez Izack no sintió miedo. Miró a Héctor a los ojos, luego a Axel, después a Mateo que ya respiraba aliviado, y supo que no era cierto. Las sombras asustan mucho cuando caminas solo… pero cuando vas acompañado, pierden todo su poder.

Esa noche, cuando por fin estuvieron tranquilos, Mateo le entregó a Izack un papel doblado en cuatro, que había sacado discretamente del cajón del escritorio:

—Era lo que quería enseñarte. No me atrevía antes. Es la lista de todos los nombres que han estado involucrados en todo. Incluyendo dónde se esconden los últimos documentos que faltan.

Izack tomó el papel, y sintió la mano de Axel posarse suavemente sobre su hombro. El camino sería largo y peligroso, pero ya no caminaba entre sombras solo.

**FIN DEL CAPÍTULO 8**

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