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LA ISLA DEL PROYECTO CREPÚSCULO

LA ISLA DEL PROYECTO CREPÚSCULO

Status: En proceso
Genre:Aventura / Hijo/a genio / Fantasía LGBT
Popularitas:189
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Un paseo escolar a una isla prohibida se convierte en una pesadilla mortal. Una empresa secreta oculta experimentos genéticos con dinosaurios modificados, y cuando alguien libera a todas las criaturas, los barcos huyen en pánico… olvidando a cinco estudiantes abandonados a su suerte.

Dan, un chico de 16 años con una inteligencia que nadie imagina, deberá ocultar su verdadero potencial y sus poderes sobrenaturales mientras él y sus compañeros luchan por sobrevivir. Entre la selva llena de depredadores, secretos terribles, peleas, traiciones, miedos y lazos que se rompen o se fortalecen, tendrán que aprender a confiar los unos en los otros… antes de que se conviertan en la próxima presa.

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NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

SEGUNDA TEMPORADA — CAPÍTULO 3: MÁS FUERTES JUNTOS

La niebla todavía envolvía la cueva cuando desperté. El fuego se había apagado hacía horas, y el aire fresco de la mañana traía olores que no conocía: flores dulces, tierra húmeda y algo salvaje, antiguo. Miré a mis amigos dormir agrupados unos contra otros para darse calor, y sentí algo que no había sentido antes: ya no éramos solo cinco chicos perdidos. Éramos un solo equipo.

Me levanté en silencio y salí hacia la playa. El mar estaba tranquilo, como una gran lámina gris, y la selva despertaba poco a poco. Me senté en la arena y cerré los ojos, dejando que esa energía que llevo dentro fluyera libremente. No intenté forzarla, solo aprendí a guiarla: moví rocas grandes una a una sin tocarlas, levanté el chorro de un pequeño arroyo unos segundos, até ramas flotantes para formar una barrera. Pero no estuve solo mucho tiempo.

—¿Pensabas entrenar sin nosotros? —dijo Bruno, sentándose a mi lado. Detrás venían Álex, Leo y Mia, con las manos llenas de ramas secas y frutos que habían encontrado.

—Si vas a aprender cosas nuevas —añadió Mia—, queremos saber cómo podemos ayudarte. No vamos a dejar que te encargues de todo tú solo.

Así que empezamos todos juntos. Yo guiaba la energía, y ellos me decían qué necesitaban:

—¿Puedes apartar esas piedras afiladas para que no nos lastimemos los pies? —pidió Leo.

—¿Podemos hacer una barrera alrededor de este lugar para descansar tranquilos? —sugirió Álex.

—Y si hay algo peligroso cerca —dijo Bruno—, ¿puedes sentirlo con tu poder?

Poco a poco dejamos de ser cinco personas separadas. Nos entendíamos con solo mirarnos, sabíamos qué iba a hacer el otro antes de que lo dijera. Ya no nos asustábamos tanto de lo extraño: si la isla tenía reglas distintas, si el suelo vibraba o el agua brillaba de noche, aprendimos a mirarlo con curiosidad y no con miedo. Nos estábamos adaptando.

De repente Mia señaló la selva, con la voz baja:

—¡Miren allá, despacio!

Tres criaturas salieron de entre los árboles densos. Eran enormes, parecían lagartos cubiertos de placas duras como piedra gris, con colas macizas que golpeaban el suelo haciendo temblar la tierra, y cuernos afilados que les salían de la frente. No rugían, pero se acercaban despacio, observándonos con ojos grandes y oscuros.

—No corramos —dije yo, poniéndome delante de todos—. Si nos asustamos, ellos también lo harán. Estemos tranquilos.

Me concentré en el vínculo que tenía con el lugar. En ese instante exacto, mis pies se separaron totalmente de la arena y me elevé un segundo en el aire, rodeado de una luz suave y cálida que envolvía también a mis amigos. No ataqué: levanté las manos y creé un muro de aire brillante entre nosotros y las bestias.

—No queremos hacerles daño —dije con voz firme—. Solo queremos pasar en paz.

Las criaturas se detuvieron en seco. Nos miraron a los cinco juntos, vieron que no había miedo en nosotros, y entendieron que no éramos una amenaza. Se dieron la vuelta muy despacio y desaparecieron entre la espesura.

Bajé suavemente al suelo, y todos me rodearon. Nadie me miró como si fuera algo raro o distinto: me miraron como a su amigo, su compañero.

—Lo hicimos juntos —dijo Álex, dándome una palmada en la espalda—. Si hubieras estado solo, quizás no habría salido tan bien.

Seguimos caminando por la orilla, y ya no nos sentíamos extraños en aquel lugar. Empezábamos a ver la belleza en lo raro, a confiar en lo que todavía no entendíamos, porque sabíamos que nadie nos soltaría la mano.

Pero la calma duró poco.

De repente escuchamos un ruido fuerte, metálico y agudo que no pertenecía a la isla: el zumbido potente de motores girando muy rápido. Levantamos la vista y vimos una mancha plateada cortando las nubes bajas, acercándose cada vez más.

—¡Es un helicóptero! —exclamó Leo, señalando—. ¡Son los reporteros de los que hablaban!

Lo vimos bajar un poco, acercándose a la costa, con luces parpadeando y cámaras apuntando hacia abajo. No sabían nada de las criaturas, ni de nosotros, ni de los secretos que escondía este lugar.

—Ya están aquí —dijo Mia, agarrándose del brazo de Bruno—. Y no saben el peligro que se acercan a buscar.

Los cinco nos miramos y asentimos. No importaba cuántos vinieran, ni qué trajeran: lo que fuera que nos esperara, lo enfrentaríamos juntos.

**FIN DEL CAPÍTULO 3**

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😈 Hunter. 😈
Me encantó 🥰 quiero más.
saludos.
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