Alessia es hielo, poder y control absoluto. Tras la sospechosa muerte de su padre, dirige un imperio multimillonario donde no se permiten las debilidades. Matteo es un genio informático humilde y brillante, un becado universitario ajeno a la crueldad de la alta sociedad. Dos mundos opuestos que colisionan en una alianza digital inquebrantable... y una atracción posesiva que ninguno puede frenar.
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Capítulo 18: El Amanecer del Genio
Después de una larga y ardiente noche de pasión que pareció no tener fin, los cuerpos de Alessia y Matteo finalmente exigieron un descanso. El reloj marcaba las 6 de la mañana cuando, completamente agotados y envueltos entre las sábanas de la habitación principal, se quedaron profundamente dormidos mientras los primeros rayos del amanecer comenzaban a colarse por los ventanales.
Alessia fue la primera en despertarse unas horas más tarde. Se estiró en la cama, sintiendo una satisfacción y una paz que no había experimentado en años. Al mirar a Matteo a su lado, durmiendo pacíficamente, una sonrisa suave se dibujó en sus labios. Con cuidado de no despertarlo, se levantó de la cama y se colocó únicamente una bata de seda blanca, sin nada por debajo.
Bajó a la planta principal del penthouse con paso felino. Lo primero que hizo fue buscar al personal doméstico. Quería absoluta privacidad; ese día era exclusivo para ellos dos. Con su habitual tono firme pero calmado, despachó a los sirvientes y les dio el día libre, asegurándose de tener la casa completamente sola con Matteo.
Una vez que el personal se retiró, Alessia se dirigió a la cocina. Aunque estaba acostumbrada a que le sirvieran todo, esta vez quería hacerlo ella misma. Con paciencia, preparó un desayuno completo y elegante: café cargado, frutas frescas y croissants. Colocó todo en una bandeja de plata y subió de regreso a la habitación principal.
Al entrar, se encontró con una escena que le pareció sumamente tierna. Matteo se estaba frotando los ojos con pereza y, acto seguido, tomó sus anteojos de la mesa de noche y se los colocó. En el segundo en que enfocó la mirada y vio a Alessia entrando con la bandeja, el chip del amante audaz de la madrugada se apagó por completo: ahí volvió a ser otra vez el chico tímido y nervioso de siempre. Su rostro se tiñó de rojo al recordar todo lo que habían hecho.
Alessia dejó la bandeja en la cama y soltó una risita suave, burlándose cariñosamente de su reacción.
—Vaya... parece que mi genio ha vuelto —dijo ella con una sonrisa de medio lado, mirándolo con picardía—. Es increíble cómo la noche pasada eras un hombre tan apasionado y salvaje en esa cama, pero ahora que amaneció, vuelves a ser este chico tan penoso.
Matteo tragó saliva, bajando la mirada, completamente abrumado por la sensualidad que Alessia irradiaba.
—Alessia, yo... fue una noche increíble, pero... me da un poco de pena —balbuceó, acomodándose los lentes, nervioso.
Viendo que él no se atrevía a romper el hielo, Alessia tomó la iniciativa con la agresividad y el control que la caracterizaban. Lo acorraló contra las almohadas de la cama, se le subió otra vez encima a horcajadas y, fijando sus ojos verdes en los azules de él, le robó un beso súper apasionado, profundo y demandante, recordándole que ella seguía teniendo el mando.
Matteo, aunque temblaba por los nervios, se dejó llevar por la embriagadora cercanía de su jefa. Respondiendo al beso, estiró los brazos y, con timidez, metió sus manos por debajo de la bata de seda blanca de Alessia, buscando acariciar su cintura. Fue en ese instante cuando sus dedos entraron en contacto directo con la calidez de su piel desnuda, descubriendo que ella no llevaba absolutamente nada por debajo. El impacto táctil hizo que Matteo se ruborizara por completo, pero en lugar de retraerse, la electricidad del momento encendió algo dentro de él.
Viendo que Alessia estaba encima de él provocándolo, Matteo tuvo un arrebato de audacia. En un ágil movimiento, la tomó con firmeza, la volteó en la cama y la dejó a gatas, en posición de cuatro. Perdiendo gran parte de su timidez y dejándose llevar por el instinto, la despojó rápidamente de su bata blanca y comenzó a repartirle besos húmedos y hambrientos por toda la extensión de su espalda.
Teniéndola en esa posición, introdujo su hombría de golpe entre sus piernas, tomándola firmemente desde atrás, y comenzó a moverse de manera feroz. La brusquedad y el ímpetu del chico tomaron a Alessia completamente por sorpresa; jamás se imaginó que su dócil ingeniero pudiera ser tan salvaje, pero la realidad la desbordó por completo y descubrió que le encantaba.
La empresaria comenzó a gemir en alto su nombre en cada momento, completamente entregada al ritmo implacable. Con la voz entrecortada por el placer, Alessia le pedía que fuera más rápido, que le diera más duro, perdiendo toda su compostura habitual. Matteo, totalmente enloquecido por la respuesta de ella, se inclinó hacia delante y le susurró directo al oído con una voz ronca: "Eres perfecta... eres bella... tienes un cuerpo divino que me vuelve loco".
El compás de sus cuerpos se volvió frenético. Siguiendo esa marcha salvaje y sin frenos, ambos alcanzaron un clímax devastador que los dejó temblando, quedando completamente agotados sobre el colchón.
Fue en ese instante, mientras recuperaban el aire y sus pulsaciones comenzaban a calmarse, cuando la adrenalina bajó y volvió a aparecer el chico tímido de siempre. Matteo miró a su alrededor, procesó lo que acababa de hacer y se cubrió el rostro con las manos, asustado de su propia audacia. Muerto de la vergüenza, se levantó de la cama a toda prisa y se fue de manera urgente al baño para asearse, queriendo esconderse un momento.
Alessia se quedó acostada boca abajo en la cama, cubriéndose con las sábanas, riéndose con verdadera diversión y ternura por cómo era el muchacho: un volcán en la cama y un manojo de nervios un segundo después.
Divertida con la situación, Alessia se levantó, caminó hacia el baño y se coló en la ducha con él. Matteo dio un respingo al verla entrar, intentando cubrirse, pero ella le sonrió con suavidad para calmarlo. Esta vez no hicieron nada más; la atmósfera se volvió pacífica. Con absoluta complicidad, él la ayudó a bañar a ella y ella lo ayudó a bañar a él, compartiendo caricias suaves bajo el agua tibia que terminaron por relajar el ambiente.
Minutos después, salieron del baño envueltos en toallas limpias y finalmente se sentaron en el borde de la cama para desayunar. Alessia tomó el control una vez más: con total naturalidad, comenzó a darle la comida directamente en la boca a Matteo. El joven ingeniero aceptaba cada bocado completamente sonrojado y poniéndose sumamente nervioso ante la cercanía de ella, incapaz de sostenerle la mirada.
Fue en ese preciso instante, mientras ella le acercaba un trozo de fruta a los labios, cuando Matteo, tragando grueso, tomó el valor suficiente para hablar con ella sobre su relación. Dejó de comer, la miró fijamente a través de sus anteojos y, con la voz entrecortada por la seriedad del asunto, se atrevió a preguntar:
—Alessia... yo... necesito saber cómo vamos a hacer con esto. No sé cómo interpretar lo que pasa entre nosotros, ni cómo llamarlo... ¿vamos a ser novios? Quiero saber si todo esto para ti fue solo el encuentro de una noche, o si de verdad tienes intenciones de tener algo formal conmigo.
Al escuchar la pregunta, la mano de Alessia se congeló en el aire. La empresaria se quedó completamente pensativa, en un silencio absoluto. Con nadie en su vida había tenido que pensar en algo así. Para ella, los hombres siempre habían sido piezas intercambiables, un escape para una noche y ya; jamás nadie se había atrevido a cuestionarla ni a preguntarle cómo iban a formalizar una relación. La honestidad y la vulnerabilidad de Matteo la desarmaron por completo, obligándola a enfrentarse a un terreno sentimental que siempre había evitado.