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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Telepatía / Completas
Popularitas:54.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 30

Capítulo 30: Despertar

Ximena terminó tres fresas, dos moras azules y media rebanada de pera horriblemente cortada.

Luego dejó el tenedor y miró a Cristian con absoluta seriedad.

—Ahora sí dime.

—¿Qué?

—¿Qué hiciste?

Cristian cerró el botiquín.

—Nada.

—No. Nadie corta fruta tan fea por nada.

—Fue mi primera vez.

—Eso no ayuda a tu defensa.

Motita apoyó la barbilla en el borde de la cama. Ximena le ofreció una mora azul. Cristian la detuvo.

—No.

—Es fruta.

—Es un perro.

—Es familia.

—La familia no come de tu tenedor.

Ximena lo miró.

—Tú comes de mi tenedor si te lo pido bonito.

Cristian se quedó callado.

*Lo haría. Qué peligro. Lo haría con esa cara seria y yo moriría viendo su boca cerrar alrededor del tenedor. Santa paciencia, protégeme de mis propias imágenes.*

Cristian tomó el vaso de agua y bebió.

—Joaquín y yo discutimos —dijo al fin.

La broma se apagó un poco.

—¿Por Renata?

—Sí.

Ximena bajó la mirada.

—¿Está muy mal?

—Sí.

—Lo siento.

Cristian la observó.

—¿Sabías que ella iba a irse?

Ximena tardó un segundo.

—Sabía que no era feliz.

—No pregunté eso.

—Es la respuesta que puedo darte.

Cristian aceptó el límite. Eso, por sí solo, sorprendió a Ximena.

—Joaquín dijo algo —continuó él—. Que algún día tú también podrías irte.

La habitación pareció hacerse más pequeña.

Ximena sintió que el corazón le golpeaba una vez, fuerte.

*Porque puedo. Porque debo. Porque hay un reloj escondido debajo de todo esto y tú no sabes escucharlo. No pienses. No ahora.*

Cristian no oyó una verdad concreta.

Oyó el miedo.

Y eso bastó.

—No quiero que terminemos como ellos —dijo.

Ximena levantó los ojos.

Cristian parecía incómodo, como si cada palabra tuviera que atravesar una puerta demasiado estrecha.

—No quiero dar por hecho que estás aquí solo porque la casa es cómoda, porque tienes una tarjeta, porque mi madre te adora o porque yo decidí que así debe ser.

—Cristian...

—No sé hacerlo bien.

Eso sí la dejó sin defensa.

Él miró sus propias manos.

—Sé resolver problemas. Sé comprar cosas. Sé mover personas. Sé imponerme. Pero no sé... —se detuvo, irritado consigo mismo—. No sé cómo hacer que alguien quiera quedarse sin convertirlo en una orden.

Ximena tragó saliva.

La parte sensata de ella debía bromear.

La parte cobarde debía cambiar el tema.

La parte hambrienta de siempre, incluso en ese momento, notó que Cristian vulnerable tenía una belleza más peligrosa que Cristian arrogante.

*Ay, viejo. Si sigues hablando así, me vas a arruinar el plan de no quererte demasiado.*

Cristian cerró los ojos un instante.

—No tienes que responder nada.

—No sé qué responder.

—Está bien.

—Pero... gracias por intentarlo.

La frase fue pequeña, pero real.

Cristian la recibió como si fuera algo frágil.

Pasaron unos minutos en silencio. No de los incómodos. De los que todavía no saben qué nombre tendrán.

Ximena intentó acomodar la laptop y casi tiró una pila de revistas del buró. Cristian se inclinó para recogerlas.

—Déjalas, yo puedo.

—No puedes agacharte.

—Puedo inclinarme con dignidad.

—No hoy.

Cristian recogió la primera revista.

No era de moda.

En la portada había una fotografía de un espectáculo pirotécnico sobre un lago. La segunda tenía diagramas de seguridad para montajes de fuegos artificiales. La tercera no era revista, sino una libreta de hojas negras, llena de bocetos a lápiz blanco y tinta dorada.

Ximena se quedó helada.

—Eso no es nada.

Cristian abrió la libreta.

No por invadir.

Porque ya había visto suficiente para no poder ignorarlo.

En una página había una secuencia dibujada con precisión: círculos, tiempos, alturas, notas sobre viento y distancia. En otra, una flor de luz azul se desplegaba sobre un croquis de plaza pública. No eran garabatos. Eran diseños.

Buenos diseños.

También había recortes pegados con cinta transparente: fotografías de fiestas patronales, espectáculos sobre bahías, una boda con fuegos blancos cayendo como lluvia y, en una esquina, una nota escrita a mano: "La luz no debe tapar la emoción; debe acompañarla".

Cristian leyó esa frase dos veces.

No sonaba a capricho.

Sonaba a oficio.

La libreta olía a papel viejo, tinta y algo ligeramente ahumado, quizá por las muestras de colores que ella había probado alguna vez. Había páginas corregidas, tachones, cálculos. En una esquina vio una columna con costos aproximados, proveedores, tiempos de montaje, permisos.

Ximena no soñaba como niña.

Soñaba como alguien que ya había intentado hacer viable la salida.

—¿Tú hiciste esto?

Ximena extendió la mano.

—Dámela.

Cristian se la devolvió de inmediato.

Ese gesto, más que la pregunta, la desconcertó.

—Solo dibujo a veces —dijo ella.

—Esto no es "a veces".

—No importa.

—Parece importante.

*Claro que importa. Importa más que muchos vestidos, más que muchas cenas, más que fingir que mi vida cabe en la palabra esposa. Pero si lo digo en voz alta, se vuelve real. Y si se vuelve real, también puede romperse.*

Cristian la miró con una atención nueva.

—¿Por qué nunca me dijiste que te gustaban los fuegos artificiales?

—Porque nunca preguntaste.

La respuesta no fue cruel.

Solo cierta.

Cristian bajó la mirada hacia las revistas.

—Creí que te gustaba enseñar.

Ximena abrazó la libreta contra el pecho.

—Me gusta. A veces.

—Pero no así.

Ella no respondió.

Motita, sensible al cambio de ánimo o quizá solo oportunista, apoyó una pata sobre la manta.

Cristian no lo bajó.

Ximena lo notó.

—¿No vas a regañarlo?

—Está preocupado.

—¿Motita?

—Duque.

—Motita.

Cristian dejó pasar la corrección.

La libreta seguía entre los brazos de Ximena como un secreto rescatado por accidente.

—No voy a quitarte eso —dijo él.

Ella levantó la vista.

—¿Qué?

—Lo que sea que haya ahí. No voy a comprarlo, arreglarlo ni convertirlo en favor.

Ximena sintió un nudo inesperado en la garganta.

—No sabes qué hay ahí.

—No.

—Entonces ¿por qué dices eso?

Cristian pensó en Joaquín, en Renata, en las pantuflas rosas, en la frase de su padre: no confundas protegerla con poseerla.

—Porque estoy intentando aprender.

Ximena no dijo nada.

Pero su mente, por primera vez esa noche, no hizo ningún chiste.

Cristian se levantó después de un rato y apagó una lámpara.

—Descansa.

—Cristian.

Él se detuvo.

—Gracias por devolverme la libreta.

—Era tuya.

La respuesta era obvia.

Por eso dolió de una manera dulce.

Cuando Cristian salió de la habitación, se quedó unos segundos en el pasillo.

Fuegos artificiales.

Bocetos cuidadosos.

Una mujer que escondía un sueño como si fuera contrabando.

Se preguntó por qué alguien que alguna vez parecía tan dedicada a sus clases hablaba de ellas como una condena, y por qué esos dibujos, en cambio, parecían tener vida propia.

La respuesta estaba cerca.

Más cerca de lo que Ximena quería.

Y Cristian, aunque todavía no lo sabía, acababa de ver la primera chispa.

1
Victoria
👏👏👏
Mer Agrás
La historia en general me había gustado aunque me recordó otra donde también el esposo escuchaba los pensamientos de su esposa pero la trama es muy diferente.

Desafortunadamente todos hablan igual, el humor negro, sarcasmo, el estilo de Ximena parece que se los transmitió a todos, que la amiga lo hiciera suele pasar pero la suegra, la mamá Tencha hasta el suegro en las pocas participaciones que tuvo, así los demás personajes.

La historia se alargó de más, relleno innecesario y pésimo final con esa dimensión alterna. Todo lo bueno se fue perdiendo al final.
Mer Agrás
Pésimo final, que pena de una historia que en general venía bien.
Mer Agrás
¡No arruines la historia! 🥹
Mer Agrás
Ya se siente relleno.
Mer Agrás
La historia a estas alturas ya la empiezo a sentir muy larga 😒
Mer Agrás
¿Cuándo se reconciliaron?
Mer Agrás
¿Ya no es Mauricio?
Mer Agrás
Valeria estaba en Guadalajara y Ximena en cdmx haciendo videollamada ¿en qué momento se fue Ximena a Guadalajara?
Mer Agrás
Como que ya es exagerado.
Mer Agrás
Emiliano ya lo sabe.
Mer Agrás
La historia me gusta pero creo que ella ya está abusando de la paciencia de él.
Mer Agrás
Creo que ya definitivamente no es Julián.
Mer Agrás
No entendí, no tomó el celular de Ximena, llamó del suyo pero aún así le dice que no tome llamadas que no son para él, más bien Cristian le marcó a Emiliano o entendí mal 😒
Mer Agrás
Ella también mintió 😒
Mer Agrás
¿No iban juntos en el carro?
Mer Agrás
Y dale con Mauricio 😒
Mer Agrás
Creo que ya empieza a parecer un comportamiento infantil.
Mer Agrás
Tampoco hay que ser grosera 😒
Kira Javan
ella es ximena, pero el doctor la llamo xiomara, entonces no tiene hermana gemela? interpreta dos mujeres distintas...ya me enredé 🙈
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