Todo comienza con un joven que vive y trabaja en el campo junto a sus padres y hermanos. Acostumbrado a los animales, la naturaleza y las largas jornadas de trabajo, nunca imaginó que su vida cambiaría al conocer a una hermosa mujer de la ciudad. Ella está acostumbrada a las comodidades, la tecnología y una vida completamente diferente. Sin embargo, el destino los une y, poco a poco, nace entre ellos un amor inesperado. Para estar a su lado, ella tendrá que aprender los difíciles labores del campo, enfrentarse a nuevos desafíos y descubrir que el verdadero amor puede encontrarse donde menos lo imagina.
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Capítulo 11 — ¿Tienes mujer, Elkin?
Seguíamos en la videollamada. Después de discutir por aquella foto, poco a poco la conversación había empezado a tranquilizarse.
Yo todavía estaba seria, pero ya no tenía las mismas ganas de pelear.
Elkin me miraba desde la pantalla.
—Entonces, ¿ya estás un poquito más tranquila?
—Un poquito —respondí.
—Bueno, pues. Ya vamos mejorando.
—No te confiés tampoco.
Él soltó una risita.
—Ay, mija, usted sí es brava.
—Y vos sí sos cansón.
—Pero me quiere.
—Eso está por verse.
Los dos nos quedamos mirándonos y finalmente sonreímos.
Parecía que estábamos a punto de reconciliarnos.
Pero entonces mi celular vibró.
Miré la pantalla.
Era un mensaje de la misma muchacha de la foto.
Fruncí el ceño.
—¿Qué pasó? —preguntó Elkin.
—Nada.
Abrí el mensaje.
Lo que leí me dejó completamente fría.
“Tú eres la disque novia de Elkin, pues. Yo soy la mujer. Déjalo tranquilo.”
Sentí que se me cerraba la garganta.
Volví a leerlo.
Una vez.
Dos veces.
No sabía qué pensar.
Miré a Elkin a través de la pantalla.
—¿Qué pasó, mi amor? —preguntó al verme tan seria.
Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—No me digas así.
Él se quedó confundido.
—¿Cómo?
—No me digas “mi amor”.
—Lisseth, ¿qué pasó?
No pude aguantar más y empecé a llorar.
—¿Tienes mujer, Elkin?
Su expresión cambió por completo.
—¿Qué? ¡No!
—Ella me escribió.
—¿Quién?
—La muchacha de la foto.
Le mostré el mensaje a la cámara.
Elkin lo leyó.
Se quedó en silencio unos segundos.
—No, no, no... espere, pues.
—¡Me dijo que ella es tu mujer!
—Eso es mentira.
—¿Cómo sé que es mentira?
—Porque yo no tengo ninguna mujer aparte de usted.
—¡Pero ella me lo está diciendo!
Las lágrimas seguían bajándome por las mejillas.
—Lisseth, míreme.
No quería mirarlo.
—No.
—Por favor, mija.
—No me digás así tampoco.
—Bueno... Lisseth. Escúcheme. Yo no sé por qué esa muchacha le escribió eso, pero yo no tengo una relación con ella.
—¿Entonces por qué dijo que es tu mujer?
—No tengo idea, pues.
—¿Y nunca pasó nada entre ustedes?
—No.
—¿Ni antes de conocerme?
Elkin se quedó pensando.
—No tengo nada con ella, Lisseth. Y desde que estamos juntos, menos.
Me limpié las lágrimas.
—Yo no sé qué creer.
—Créame a mí.
—Es que la foto...
—La foto fue por la actividad de mi familia. Ella estaba ayudando y nos pidieron una foto. Eso fue todo.
—¿Y por qué ella está diciendo eso?
—No lo sé.
Elkin respiró profundamente.
—Pero le voy a preguntar.
—¿Ahora?
—Sí, pues. No quiero que usted esté llorando por una mentira.
Lo vi escribir en su celular.
—¿Qué le estás diciendo?
—Le estoy preguntando por qué te escribió eso.
Pasaron unos segundos.
—No responde.
Yo seguía llorando bajito.
—Yo pensé que ya nos íbamos a reconciliar.
Elkin levantó la mirada.
—Y nos vamos a reconciliar. Pero primero quiero aclarar esto.
—Tengo miedo de que me estés mintiendo.
—Yo no te estoy mintiendo.
—¿De verdad?
—De verdad.
Se acercó un poco más a la cámara.
—Lisseth, usted es mi novia. Yo no estoy jugando con usted.
Me quedé callada.
—Y si alguien quiere hacerle creer lo contrario, yo mismo voy a aclararlo.
—¿Pero y si ella dice la verdad?
Elkin negó con la cabeza.
—No la dice.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
Me limpié otra lágrima.
—Entonces demuéstramelo.
Elkin asintió.
—De una.
Por primera vez desde que había recibido aquel mensaje, sentí un poquito de tranquilidad.
Pero todavía tenía muchas preguntas.
Y mientras seguíamos en la videollamada, Elkin comenzó a intentar descubrir por qué aquella muchacha había decidido escribirme justamente a mí.
Porque si de verdad no había nada entre ellos...
Entonces alguien estaba intentando separarnos.