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La maestra que será nuestra madrastra

La maestra que será nuestra madrastra

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Reencuentro / Donde hubo fuego cenizas quedan / Completas
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Aurora Medina llega a la capital con una misión: domar al grupo más rebelde del exclusivo Colegio Altamira, un aula de hijos de millonarios que ya hizo renunciar a cinco tutores. Lo que no imagina es que, detrás de esos dos gemelos insoportables que le declaran la guerra, se esconde el hombre que le rompió el corazón doce años atrás… justo antes de llegar al altar.

Alejandro Bustamante lo tiene todo: dinero, poder y una frialdad que congela salas de juntas. Todo, menos a la única mujer que amó. Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, él está dispuesto a usar cualquier arma para reconquistarla. Incluso a sus propios hijos.

Pero entre ellos hay una herida vieja, una verdad enterrada y una mentira que destruyó dos vidas. Y mientras el hielo empieza a derretirse, no todos quieren ver a Aurora convertida en la nueva señora Bustamante…

¿Podrá Aurora perdonar el pasado y aceptar el lugar que el destino le tenía reservado: el de madre de los hijos del hombre al que juró no volver a amar?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Aurora prefirió sentarse a la mesa del profesor y observar el aula con calma. Por primera vez en todo el semestre, el ambiente del 1.º C dio un giro de ciento ochenta grados y se volvió silencioso.

Los alumnos, hasta entonces etiquetados de rebeldes e ingobernables, escribían ahora con la cabeza gacha, copiando aquella promesa página tras página. Algunos hasta se habían puesto un poco pálidos. Habían entendido que a esta tutora no se la podía tomar a la ligera. El recuerdo de la mano de Aurora atrapando al vuelo la pelota de béisbol de Mateo seguía fresco, prueba palpable de que aquella maestra tan bella dominaba las artes marciales.

El insólito silencio del 1.º C no tardó en correr de boca en boca. Algunos profesores que pasaban por el corredor se asomaban por el cristal de la ventana, asombrados y perplejos ante semejante rareza.

Mientras tanto, en un rincón de la cafetería aún vacía, Mateo y Martina se habían sentado a calmarse tras su salida en plan huelga.

—Mateo, creo que con la profesora Aurora la vamos a tener un poco difícil —dijo Martina, rompiendo el silencio, mirando de frente a su gemelo—. Es una maestra bastante dura.

Mateo resopló con fastidio.

—Déjalo ya, Martina. No me hables de esa maestra insoportable. Ella y papá son iguales: igual de insoportables —soltó con acritud, dándole un trago a su chocolate frío para bajar la rabia.

Martina no siguió con el tema. Conocía de sobra el carácter de su hermano cuando estaba enojado. Prefirió abrir una botella de agua bien fría que había sacado de la nevera y bebérsela en silencio.

La hora pasó en un suspiro. Cuando el reloj de la pizarra marcó el final, varios alumnos entraron en pánico porque no habían terminado las diez páginas. Por suerte, Aurora les concedió quince minutos más de gracia. Para los del 1.º C, aquel castigo de copiar resultó mucho más agotador y estresante que un examen de fin de semestre.

—¡Qué mala suerte! Al final nos tocó una tutora de armas tomar. Todo esto es culpa del director. ¿A quién se le ocurre mandarnos a una maestra tan cruel como la profesora Aurora? —cuchicheó Tino, indignado, a su compañero de banca, Darío.

Darío bufó y se cruzó de brazos después de entregar su tarea, hecha a las apuradas.

—Sí, el director tiene la culpa de todo. En cuanto salga de clases, se lo cuento a mi papá. Que le pida a la fundación que lo eche del cargo —contestó con arrogancia, escudándose en el poder de sus padres.

Mientras los alumnos refunfuñaban por lo bajo, Aurora ya estaba de nuevo frente al pizarrón. Empezó a escribir varios problemas de Matemáticas básica. Con un estilo firme pero ya sin resultar temible, llamaba a los alumnos por su nombre para que pasaran a resolverlos: ejercicios que, en realidad, no eran nada difíciles para un chico de su edad, si tan solo prestaran atención.

Cuando estaba por sonar el timbre del recreo, el rumor sobre la temible profesora Aurora ya se había extendido por toda el aula. Los alumnos empezaron a devanarse los sesos buscando la manera de librarse de aquella tutora nueva tan insoportable.

Mateo y Martina, que acababan de regresar de la cafetería, se encontraron con un ambiente aún tenso. Lejos de escarmentar, Mateo se puso enseguida a tramar un nuevo plan para hacerle una jugarreta a Aurora al día siguiente. Se acercó al pupitre de Darío, se inclinó y le susurró algo al oído a su secuaz.

Al escuchar el plan, a Darío le brillaron los ojos. Una sonrisa perversa se le dibujó en la cara.

—¡Qué buena idea, Mateo! ¡Así la falda de esa maestra insoportable se queda pegada y no podrá levantarse de la silla mañana! —respondió a media voz, y estalló en carcajadas junto a Mateo, imaginando la trampa de pegamento superfuerte que iban a montar en la silla de Aurora.

*

*

Al caer la tarde, en la gran ciudad, Aurora estaba sentada en la terraza de su modesta casa de alquiler, sumida en sus pensamientos. La taza de té caliente que sostenía se enfriaba poco a poco. Su mente seguía anclada en el aula del 1.º C, y más concretamente en la mirada de Mateo. Había algo en ese muchacho que le quitaba la paz. Los rasgos de su cara y aquellos ojos de mirada afilada le recordaban a alguien de su pasado, a una figura que se había esforzado con todas sus fuerzas por olvidar. Pero lo que más la inquietaba era el dolor que se adivinaba en ellos. Mateo no era simplemente un niño travieso: parecía guardar una herida honda y sin cicatrizar.

Mientras tanto, en una lujosa mansión de un barrio exclusivo de la capital, el ambiente era todo lo contrario de tranquilo. Mateo estaba sentado al borde de su enorme cama, cabizbajo, cuando de pronto la puerta de su cuarto se abrió de un golpe brusco.

¡Pum!

—¡Mateo!

Alejandro Bustamante apareció en el umbral con la respiración entrecortada. Ni siquiera se había cambiado el traje de la oficina. Su rostro maduro y atractivo estaba rojo de furia contenida. Detrás de él, doña Carmen, la abuela, lo seguía con el semblante angustiado, temiendo que su hijo hiciera una locura contra su nieto adorado.

—¡Me has dejado en ridículo! ¿Por qué faltaste a clase en pleno horario escolar? ¡Y el mismísimo director me llamó para decirme que te atreviste a lanzarle una pelota de béisbol a tu maestra! —tronó Alejandro, y su voz resonó por toda la habitación.

Lejos de amedrentarse, Mateo se puso de pie. Le devolvió la mirada al padre, desafiante, sin parpadear.

—Vaya, qué maestra tan formidable. No lleva ni un día dando clase y ya se atrevió a acusarme contigo —replicó con sarcasmo y burla.

—Tú… ¡de verdad necesitas una lección, Mateo! —bramó Alejandro, avanzando un paso.

—¡Adelante, papá! Aunque quieras echarme de esta casa ahora mismo, no le tengo miedo —lo retó Mateo, con la voz temblando por la emoción desbordada—. ¡Nunca te ha importado nada de mí ni de Martina! ¡Es como si jamás hubieras querido que existiéramos en este mundo! —gritó, con los ojos anegados en lágrimas y los puños apretados con fuerza.

Aquellas palabras se clavaron como un puñal en el pecho de Alejandro. La rabia le subió de golpe. Sin darse cuenta, alzó la mano derecha en el aire, listo para abofetear la mejilla de su propio hijo. Mateo cerró los ojos, preparándose para recibir el golpe.

Pero pasaron los segundos y la bofetada nunca llegó. La mano de Alejandro temblaba en el aire, retenida por la cordura. La bajó despacio. Maltratar físicamente a Mateo solo terminaría de destrozar una relación ya de por sí resquebrajada.

Lo que de verdad lamento no es que hayan nacido, hijos míos… sino que hayan tenido que nacer del vientre de esa mujer diabólica. La mujer que tendió una trampa a su padre y le arruinó el futuro, gritó Alejandro en su fuero interno, atormentado.

Incapaz de contener el nudo en el pecho, desistió de seguir regañando a Mateo. Giró sobre sus talones con brusquedad y salió de la habitación sin decir una palabra más.

En cuanto Alejandro desapareció por el pasillo, doña Carmen corrió a abrazar con fuerza a su nieto del alma.

—Ya, mi niño, ya… No le lleves la contraria a tu papá —le susurró para calmarlo.

Poco después, Martina, que había estado escondida detrás de la puerta con el cuerpo temblando, entró despacio. Se acercó a su hermano con una mirada de lástima.

—Mateo, ¿estás bien? —preguntó en voz baja.

Él se apartó con suavidad del abrazo de la abuela. Se secó el rabillo de los ojos húmedos, y en su lugar prendió un destello de rabia ardiente.

—Martina, mañana tengo que vengarme de esa maldita mujer. No voy a dejar que dure mucho enseñando en nuestro colegio —dijo Mateo, con los dientes apretados y los ojos echando chispas.

Martina asintió, apoyando por completo a su gemelo.

—Tranquilo, hermano. Te aseguro que el plan de mañana va a salir bien y esa maestra nueva va a renunciar como todas las demás.

Al escuchar la conversación de sus dos nietos, a doña Carmen se le puso la piel de gallina. Jamás habría imaginado que el rencor y la herida por la falta de cariño de un padre pudieran llevar a unos niños tan pequeños a pensamientos tan sombríos y temerarios.

Continuará…

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Leticia Baeza Vazquez
esa zorra de la nueva secretaria 😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor solo x darle gusto Alos padres así será de estúpida es una mujer estudiada pero parece una ignorante pendeja
Leticia Baeza Vazquez
espero y te des cuenta de la víbora q tienes x madre y esa maldita q bueno q se murió la desgraciada
Leticia Baeza Vazquez
esa mamada q ponen en todas las novelas afuerza aceptar lo q ofrecen si yo digo no es no y quién me obliga nadie osea era una porquería escritora ten más imaginación
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
Haver escritora y deja la estupidez y q ella no puede decir No oque diablos osea la pones como estúpida manipulable x unos putos mocosos asco
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora no mames osea la humilló x una putizorra ofrecida y ahora resulta q x unos escuincles la BAS hacer una maldita manipulable osea asco q se de su lugar y consiga alguien mejor y la valore , si no espera de mi todas las críticas 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
eso de tener amigas zorras y disculpa escritora pero no la cages si dejas q ella y ese perro infiel desgraciado se quede con ella osea
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