NovelToon NovelToon
Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 28

Mientras tanto, en el área de llegadas del Aeropuerto Internacional, el bullicio de los pasajeros yendo y viniendo no lograba disolver el nudo de fastidio en el rostro de David. Después de un vuelo agotador, el hombre avanzaba a zancadas, seguido de su esposa, Amanda. Caminaba a toda prisa y, con los dedos crispados, deslizaba el dedo por la pantalla del celular para llamar a su único hijo, Aldo, que se suponía debía estar listo para recibirlos.

En otro punto de la ciudad, dentro de un lujoso departamento del centro, el ambiente hervía por otro motivo: un forcejeo cargado de deseo.

—Cariño... ¡De verdad que eres una experta en estos juegos! —jadeó Aldo entre el aliento entrecortado. Estaba tendido boca arriba sobre la cama, sin una sola prenda encima, entregado a la fiera danza con la hermosa mujer que llevaba una hora montada sobre su cuerpo.

—¿Apenas te das cuenta de que esta Dana tan linda siempre te hace flotar por las nubes? —respondió Dana, rebosante de seguridad. Aceleró todavía más el ritmo y arrancó a Aldo suspiros extasiados, los ojos entrecerrados por aquella sensación embriagadora.

Pero, en el punto más alto del placer, el celular de Aldo, abandonado sobre el buró, empezó a sonar con estridencia. Aldo trató de ignorarlo, aunque el timbre insistente, que le taladraba los oídos, terminó por arruinarle el momento.

—¡Ash! Siempre estorbando... ¡Como si no vieran que estoy ocupado disfrutando! —gruñó Aldo, detenido a media faena.

De mala gana estiró la mano hacia el aparato. Pero, en cuanto el nombre de su padre apareció nítido en la pantalla, los ojos se le abrieron de golpe. El pánico lo dominó al instante.

—¡Dana, paremos por ahora! ¡Es mi papá! ¡Parece que mis papás ya llegaron al aeropuerto! —ordenó Aldo, atropellado.

Dana resopló por lo bajo, pero cedió al capricho de su amante. Interrumpió su movimiento, se deslizó despacio sobre él y recostó la cabeza en el pecho ancho de Aldo, todavía perlado de sudor.

—Cariño... no se te olvide presentarme a tus papás, ¿eh? No quiero que lo nuestro se quede nada más entre las sábanas. Recuerda que hace tres meses accedí a tu capricho de abortar a nuestro hijo —dijo Dana, exigiendo certezas.

—Sí, cariño, ¡te lo prometo! Después de esto te presento a mis papás sin falta. Pero ahora quédate calladita, ¿sí? No quiero que mi papá me regañe —susurró Aldo para calmarla, mientras deslizaba el botón verde de la pantalla.

—¿Sí, papá...? ¿Qué pasó? —saludó Aldo, actuando como si estuviera muy ocupado.

—¡Hijo malnacido! ¿Dónde diablos te metiste, eh? ¿Y la persona que, según tú, iba a recogerme? —La voz de David retumbó del otro lado de la línea, escupiendo toda la rabia que llevaba conteniendo.

Aldo hizo una mueca y buscó una excusa sobre la marcha.

—Perdón, papá... Estoy hasta el cuello con asuntos de la oficina. Pero ya llamé al señor Santana para que los recoja a ti y a mi mamá enseguida. Espérenlo tantito, seguro se quedó atorado en el tráfico. Bueno, ya, papá, estoy en una junta importante y no me pueden interrumpir.

Sin esperar respuesta de su padre, Aldo cortó la llamada por su cuenta. Lanzó el celular de vuelta al buró, se giró hacia Dana con una sonrisa lasciva y retomó su actividad prohibida.

En el aeropuerto, David clavó la vista en la pantalla que se había apagado de repente, la respiración agitada y la mandíbula tensa. La furia le subía por el pecho ante semejante desplante de su hijo.

—¡Maldito escuincle! ¡Tú de plano no supiste educar a tu hijo! —bramó David con brusquedad, volviéndose con desprecio hacia Amanda.

Amanda, que no tenía la menor idea de nada y se sintió acorralada en público, abrió los ojos de par en par, indignada por que le echaran la culpa.

—¡Oye! ¿Por qué el regañado tengo que ser yo? —le reclamó Amanda, molesta, apartándole la mano de un manotazo—. Tu hijo siempre ha sido un terco de lo peor. ¡No me vengas a descargar tus errores a mí!

*

*

Ariana despertó de golpe. Al mirar el reloj de la pared, los ojos se le dispararon de espanto. ¡Ya habían pasado las once de la mañana!

Con pasos apresurados y el pelo un tanto revuelto, salió corriendo del cuarto. La nana Meche, que barría el piso de la sala, se sobresaltó al ver a su niña tan alterada.

—Niña Ari, ¿adónde vas con tanta prisa? —la detuvo la nana Meche, extrañada.

—Nana, ¿se le olvidó despertarme? ¡Voy tarde a recoger a los niños en la escuela! —exclamó Ariana, angustiada, buscando por todos lados la llave de la motoneta.

—Ay... yo pensé que el papá de los gemelos los iba a recoger. Por eso no me atreví a despertarte, niña Ari, te veías tan cansada —respondió la nana Meche con toda sinceridad.

Antes de que Ariana pudiera contestar, el rugido de un motor de lujo se oyó frenar justo en el patio de la casa. Poco después, dos vocecitas agudas e inconfundibles resonaron con alegría.

—¡Mami...! ¡Ya llegamos! —gritaron Rayan y Zayan a coro.

La respiración agitada de Ariana fue serenándose poco a poco. Se apresuró hacia la puerta principal. Allí estaba Edgar, acompañando a los gemelos con la camisa arremangada hasta los codos. Su mirada, hacía un momento nerviosa, se volvió cálida en cuanto reconoció la silueta de Ariana.

Apenas llevo unas horas lejos de ella y de los niños y ya los extraño así. ¿Qué voy a hacer cuando pasen días enteros en la ciudad? ¿Me voy a morir de pie, consumido por la añoranza? La mente de Edgar se desbocaba, y a los labios no les quedó más remedio que curvarse en una sonrisa dulce.

Ariana se acercó, tratando de disimular su incomodidad.

—Gracias, señor, por haber recogido a los niños. Me asusté muchísimo porque me quedé dormida.

Edgar dejó escapar una risa suave.

—No hay de qué, Ariana. Ah, cierto... —Le extendió su sofisticado celular—. ¿Me das tu número? Así, si vuelve a pasar algo como esto, puedo avisarte con tiempo. Y, cuando esté de regreso en la ciudad, puedo preguntarte cómo están los niños.

Ariana titubeó un instante. Pero, recordando que el hombre que tenía enfrente era el padre biológico de los gemelos y tenía todo el derecho de saber cómo estaban sus hijos, tomó el celular y tecleó la hilera de números en la pantalla.

—Listo, señor —dijo Ariana, devolviéndole el aparato.

—Gracias —respondió Edgar, radiante—. Bueno, como te prometí, quiero llevarlos a pasear. Ve a cambiarte con los niños; los espero aquí.

La nana Meche, que observaba desde un costado, intervino enseguida, con timidez.

—Señor, mejor espere adentro... Disculpe que la casa sea tan chica y estrecha.

Edgar se sobresaltó un poco, apenado.

—Eh, no es eso lo que quise decir, señora...

—Ya, ya, no hace falta que explique nada, señor. Venga, pase, por favor —lo cortó la nana Meche con amabilidad. Rayan y Zayan lo tomaron enseguida de ambas manos y lo arrastraron hasta hacerlo sentar en el sofá de la sala.

Mientras caminaba hacia el cuarto, Ariana se volvió un momento.

—Nana, ¿dónde está Lara?

—Está en la lavandería, niña Ari. Como ustedes van a salir con los niños, y además Lara trabaja ahí. Al rato yo también voy a echarle la mano. Tú diviértete con los niños y con el señor Edgar. No estés pensando siempre en el trabajo; de vez en cuando hay que distraerse un poco —le dijo la nana Meche con cariño, dándole una palmadita suave en el hombro.

Cerca de la una de la tarde, los cuatro ya iban dentro del lujoso auto de Edgar. Después de arreglarse, Edgar puso el coche en marcha y enfiló por los frescos caminos de San Isidro.

—Ariana, ¿cuál es el paseo más bonito por aquí? —preguntó Edgar, con las manos firmes en el volante, echándole un vistazo por el espejo retrovisor.

—Podemos ir a las terrazas de cultivo... o, como las conocen por aquí, la tierra de hortalizas de San Isidro —indicó Ariana con suavidad.

—¡Sí, es verdad, mami! Ese lugar es el más bonito para pasear. ¡Vamos para allá, papá! —exclamó Rayan, entusiasmado, desde el asiento de atrás.

—¡Qué padre! ¡Seguro va a estar buenísimo! —secundó Zayan, dando palmaditas.

Al ver el entusiasmo de su pequeña familia, Edgar sonrió de oreja a oreja, lleno de brío. Guiado por las indicaciones de Ariana, sentada a su lado, pisó el acelerador rumbo a aquella hermosa ladera de verdes ondulantes.

POV: la familia de tus sueños 😌🤗

Continuará...

1
Graciela Saiz
no entiendo porque ellos sabiendo que Edgar es el padre de los gemelos, no o le dijeron nada, muy mal 😡,
Graciela Saiz
y porqué ese policía hermano de Renata la esconde de Édgar, si el no es culpable 🤔😡
Tere Jimenez
gracias increíble novela hermosa un abrazo gracias
Tere Jimenez
muy bueno el libro muchas felicidades increíble familia espero nos regales más éxitos tuyos bendiciones y felicidades
Noemi Fernandez
makdutos ambiciosos pero haci les va ir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play