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Bésame Bonito

Bésame Bonito

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Mafia / Romance
Popularitas:866
Nilai: 5
nombre de autor: Irwin Saudade

June escapa del prostíbulo al que fue vendido por tener rasgos femeninos, decidido a recuperar su libertad. En su camino conoce a Ángel, un hombre rico con el corazón hecho pedazos. Dos almas heridas, dos mundos distintos y un mismo anhelo: encontrar el amor. Juntos deberán enfrentarse a las sombras de su pasado y descubrir si, incluso después de tanto dolor, es posible volver a amar sin miedo.

NovelToon tiene autorización de Irwin Saudade para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

21

Al día siguiente después del desayuno, decidí pasarme la mañana entera escribiendo sobre el viaje. De pronto comenzaba a hacerme más hábil con el teclado y me gustaba la sensación de poder expresar e inmortalizar con mis textos, aquellos recuerdos de Huatulco.

¿Cómo era posible que un hombre adinerado contratará a una mujerzuela de barrio para ser su escritora? Si bien dicen que el dinero y el placer lo son todo en esta vida, ¿cómo puedo explicar que esté hombre es diferente? Ángel era el nombre perfecto para el hombre que en su corazón la bondad abundaba. ¿Por qué mostrarme bondad a mí? ¡Mi mente aún se sorprende por los hechos!

Me gustaría poder decir que mi vida es un simple sueño, pero me estaría mintiendo si yo tratara de ocultar mis cicatrices emocionales. ¡Fui una prostituta! Y eso nadie lo puede negar.

Las primeras noches en el prostíbulo yo solía visitar constantemente la oficina de Marlon. Marlon era el padrote y yo era su muñeca. ¿Cómo pueden los hombres pensar que nos hacen un favor al tener sexo con nosotras? Resultaba ser que la erección de mi jefe era tan firme como los músculos de su pecho. Sus manos resbalaban bien por la piel de una chica como yo.

Primero el cuello. Luego la espalda. Al último el culo. ¡Sí! Aquellas noches fueron mi entrenamiento para poder soportar lo venidero. Su boca se unía a la mía y cuando estaba lo suficientemente erecto, el preservativo lo cubría y yo me abría para que su llave pudiera encajar bien en mi alma. —¡Ahhh! —Gemía. Arqueaba la espalda. Le pedía más despacio. —¡Ahhh! —Su cuerpo se sacudía rápidamente. Apretaba mis manos. —¡Ahhh! —No podía controlarlo.

Estaba pasando y yo era su placer más profundo. Después de eso él salía de mí y me ordenaba irme a mi habitación. ¿Qué había hecho mal? ¡Ni siquiera me daba las gracias! Salía de su oficina semidesnuda y él aparecía al instante. Román se encargaba de cuidar de mí. Desde mi primera noche y aún, hasta el final de mi estancia en ese lugar, él siempre me acompañó hasta mi habitación.

¿Me gustaba ser prostituta? Cariño, a veces la vida no siempre es como uno quiere y eso no lo podemos evitar. Aunque nuestro rumbo se manche de forma grave, al final, depende de uno el cambiar su futuro. Por eso es que decidí escapar. ¡No quería más cuerpos sobre el mío!

Entonces fue que Ángel llegó de improviso y quiso cuidar de mí. —¡Soy una prostituta! —Recuerdo que le dije esa noche mientras él conducía. —¡Déjame aquí, estaré bien! —Le pedí que se fuera, que continuará, que no se preocupara.

Y es que, de todos modos, los dos éramos desconocidos, de mundos muy diferentes. ¡Aun así él no quiso dejarme! ¿Qué vio ese hombre en mí? Seguro que su mente está bien enfocada en las cosas importantes. Estoy absolutamente segura de que él vio más que las curvas de mis senos o lo grande que era mi culo.

¡Ángel me miro directamente a los ojos y ahí pudo ver mi realidad!

🌺🌺🌺

El timbre de la casa sonó a eso de las dos treinta. Cerré la computadora, tomé mi celular y salí de la habitación. Bajé las escaleras a toda velocidad y abrí la puerta sin dudar. ¡Era él!

Luisa estaba ahí, junto a la puerta.

—¡Voy a salir Luisa! —le dije.

Ella asintió.

—No dudes en llamar a Ángel si necesitas algo —me dijo ella.

Román se quedó observando con mucha atención a Luisa. Al final le hizo una pequeña reverencia en señal de despedida.

—¡Buenas tardes! —me dijo.

—¡Buenas tardes! —Correspondí — ¿A dónde iremos?

Comenzábamos a caminar hacía la banqueta principal.

—¿Tienes hambre? Te invitaré a comer algo.

—Está bien. Si tengo un poco de hambre. ¿Qué quieres comer?

—¿Tacos?

—Por supuesto.

Él sabía que los tacos me fascinaban por completo. ¡Mi comida favorita!

—¡Muy bien! Entonces iremos a una plaza que vi cerca de aquí.

La tarde parecía agradable. Hacía un poco de calor, pero el viento se encargaba de contrarrestar ese efecto. Efectivamente, cerca de estos fraccionamientos había una plaza llena de cosas interesantes. Había edificios grandes, autos lujosos en la avenida y personas de la alta sociedad. Entramos a un lugar donde vendían tacos.

—¿Y bien? —le pregunté.

—¿Y bien qué? —respondió a mi pregunta.

Sonreí. Román me miraba, había olvidado la forma en que sus ojos me hacían sentir en la profundidad de estar en calma.

—¿Cuánto tiempo llevas por aquí?

Habíamos pedido nuestras órdenes de tacos. Me pedí cinco tacos árabes; él pidió una docena de al pastor y una de docena de árabes.

—Un par de días. Hoy es martes ¿no?

Asentí.

—Es martes.

—Ah. Entonces llegué el sábado.

Me sentí un poco sorprendida.

—¿Cómo supiste exactamente dónde vivía Ángel?

—Visite su compañía. Cómo bien te dije ayer, él es un hombre millonario, una figura pública. ¡No fue tan difícil dar con él!

—El sábado llegaste a la casa de Ángel.

—Sí. Pregunté por ti al instante en qué me abrieron la puerta, pero la señora de la limpieza me dijo que no estaban. Que habían salido de viaje y que regresarían el lunes, o sea, ayer.

Una vez que terminó de hablar, él comenzó a devorar sus tacos. Yo me puse a pensar en lo que recién había escuchado por parte suya. ¿Realmente estaba aquí por su promesa hacía mí?

Pasaron algunos minutos.

—¿No piensas comer?

Señaló mi plato. Ni siquiera había dado un bocado.

—Ah, sí.

—Pareces pensativa, ¿qué tienes?

Román podía descifrar mi semblante. ¡Conocía una parte de mí que Ángel aun no conocía del todo! Mi alma tenía rastros del huracán emocional que había experimentado ayer.

—Aun no me lo puedo creer. Quiero decir. ¡Todo esto! ¿Está pasando? Parece que estamos en un lugar distinto y en una mejor posición que antes. Sé que lo estamos, que nuestra vida promete cambiar.  Pero ¿cómo lo logramos? De pronto no me lo creo.

Mi muchacho me escuchaba con atención y ya no estábamos en aquella pequeña habitación que pertenecía a un burdel. Aquellos tiempos comenzaban a alejarse de nosotros. ¿Qué futuro nos vendría? Yo era consciente de que no iba a estar toda la vida en casa de Ángel, algún día tendría que abrirme mi propio camino lejos de él.

—¡Tú lo lograste! Así tal como lo escuchas. Tú fuiste la que nos salvó de ese lugar. Tú hiciste posible que las cosas cambiaran para nosotros.

¿Yo había hecho eso?

—Pero, ni siquiera se...

—Ahora es tiempo para que comas —me interrumpió él—. Después nos preocupamos por el futuro.

Su frialdad era agradable. Di una mordida a mi taco. Sabía delicioso. Podía sentir ese sabor tan rico de la carné y la grasa juntas. ¡La salsa de chipotle era lo mejor!

—¿Y dónde vives? —me animé a preguntarle.

Después de comer, subimos a un autobús. Nunca me había subido a un autobús de transporte público. Me senté junto a la ventanilla y Román junto a mí.

Conecté los audífonos y comencé a reproducir la playlist de Ángel. Ricochet de Haux sonaba para nosotros y aunque ni siquiera sabíamos inglés, el tono nos parecía agradable y tranquilo. Recosté mi cabeza en el hombro de mi amigo y él me cobijo con su cabeza. Su aroma era una mezcla entre tabaco y perfume de lavanda. Compartimos los audífonos y su brazo me rodeo la parte alta de la espalda.

¡Me sentí tranquila, muy despreocupada y a gusto!

Román era experto en hacerme sentir bien. Después de que yo daba placer a los hombres que venían al prostíbulo, él solía acompañarme hasta la puerta de mi habitación. Me permitía cambiarme para dormir y cuando estaba lista, lo dejaba entrar. Nos acostábamos en el suelo y nos cobijábamos con las delgadas sábanas que Marlon nos daba. Platicábamos un rato hasta quedarnos dormidos y cuando yo despertaba, él ya no estaba conmigo. Siempre solía marcharse antes de que yo despertara.

¿Alguna vez estuviste con alguien que te hacía sentir de forma completa?

—¿Y qué te parece? —Pregunto él.

Estábamos dentro de un cuarto amplio, casi vacío, pero bonito. Acabado rústico y muy antiguo.

—¡Es enorme! ¿Deberás vives aquí?

Ahora sus labios sonrieron de forma tenue.

—Sí, enserio. Lo alquilé a un señor muy agradable. Me dijo que era aún loft y que ahora están de moda.

—¿Un loft?

—Sí, están como de moda. Un cuarto enorme con nombre en inglés.

Me sorprendió que de pronto él estuviera hablando de cosas modernas.

—¡Pues es muy bonito! Creo que es más del espacio que necesitas y como que combina con tu personalidad.

Se me quedo mirando fijamente por algunos segundos.

—¿Quieres vivir conmigo?

Su pregunta me sorprendió. Me hizo pensar y de pronto como que me bloqueé.

—Yo... no lo sé.

—¿No lo sabes?

Negué con la cabeza. Sé que antes habíamos vivido muy juntos, pero creo que ahora era mi momento de explicarle las cosas que me habían pasado en estos días.

—Ahora trabajo para Ángel. Yo...

—¿Trabajas para él? ¿Qué es lo que haces?

Entonces pensé en el contrato que habíamos firmado y la cláusula de confidencialidad me hizo dudar acerca de si debía contarle o no.

—Ahora soy escritora.

No pudo ocultar su admiración, su sorpresa y felicidad por mí.

—¿Enserio?

—Sí, de verdad. Ahora soy escritora.

Al decirle eso a Román, yo no estaba violando ninguna cláusula del contrato. Lo había pensado bien. Solo no debía hablarle del libro que estaba escribiendo.

—¿Y te paga?

—Pues me da un lugar para vivir, me alimenta e incluso me ha presentado a su familia.

—¿Los de La Mora?

Asentí.

—Ahora conozco a su familia. Su hermana se casa este fin de semana y me ha pedido que sea su dama de honor.

Román hizo un gesto curioso. Comenzó a mirar a todos lados, menos a mí. ¿Qué sentía él? ¿Le desagradaba lo que acababa de decirle?

Yo estaba siendo sincera con él.

—¿Te gusta estar con ese hombre?

A veces él podía parecer detective. El hacer preguntas siempre era algo que Román tenía.

—En el buen sentido de las cosas, no me desagrada.

—¿Por qué no te desagrada?

Pensé unos segundos en lo que debería responderle. Sonreí.

—Porque resulta que él me trata como persona y no como objeto.

—¿Y yo no te trató como persona?

—Tú eres un hombre gentil y leal. Nunca trataste de acostarte conmigo y mucho menos me pediste placer. ¡Eres muy consciente de que yo no estaba en el prostíbulo por gusto! Así qué no te compares o te sientas desplazado, tú eres alguien muy importante para mí. ¡Sabes que te tengo cariño! Ángel es un hombre bueno y no hablo de su dinero o de su enorme casa. En realidad, es bueno y humilde. ¿Si supieras como me ha ayudado? Tanto tú, como él, los dos son importantes para mí en este momento.

—¿Estás enamorada?

—¿Tan rápido me preguntas eso?

—La posibilidad puede existir. Tú eres muy bella.

Sonreí.

—Pues no. No estoy enamorada aún. Aunque te confieso, su familia y algunos de sus conocidos piensan que él y yo somos novios.

—¿Por qué piensan eso?

—Pues porque están locos y no saben en qué usar su imaginación.

Los dos reímos. Estar con Román en este momento me hacía sentir feliz.

—¡Mentira! No están locos. Pero tú sabes que cada persona tiene una historia y un pasado. La gente rica no es inmune a los pasados crueles y por alguna razón, creen que Ángel está bien conmigo.

Ahora mis palabras parecían retumbar en la mente de Román.

—¡Entiendo! Ya no estaré más de chismoso.

Sonreí.

—Para nada. Yo sé que no eres chismoso. Solo te preocupas por mí y neta, eso te lo agradezco mucho.

Una pequeña sonrisa apenada apareció en el rostro de mi bravucón favorito. Ahí confirmé que, aún la persona más dura, tiene su parte suave.

—No agradezcas. Yo solo...

—Tú cuidas de mí. Y yo me siento bien. ¡Gracias por encontrarme!

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Tere Jimenez
gracias increíble tu novela felicidades
Tere Jimenez
que hermoso capitulo
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