n plena boda, la mejor amiga de Lucía Herrera expone sus fotos íntimas. Su prometido la llama zorra, la golpea y le arranca el vestido de novia… para casarse con la traidora.
Cinco años después, Lucía regresa con sus mellizos, Mateo y Sofía, sin saber quién es su padre. Hasta que se cruza con Adrián Valdés, un poderoso CEO que parece la versión adulta de Mateo.
—Quiero a mis hijos conmigo.
—No voy a separarme de ellos.
Mateo se planta frente a él. Sofía se aferra a la mano de su madre.
—¡No se meta con mi mami, imbécil! ¡Primero tendrá que vérselas conmigo!
Pero el padre de los mellizos también es el tío de su ex. Y para no perder a sus hijos, Lucía acepta casarse con él por contrato.
Esta vez, vuelve a la familia Valdés por la puerta grande.
El hombre que la echó de su propia boda tendrá que llamarla tía.
NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14
Capítulo 14. Me enteré de que estás embarazada
Lucía quedó frente a Natalia. Todos las observaban, incluido Nicolás, que estaba a poca distancia.
Él fruncía el ceño. Tampoco sabía qué pretendía su esposa.
Natalia miró a Lucía con una media sonrisa.
—Primero quiero que me responda una pregunta. Pero, si se equivoca, habrá castigo.
—Adelante.
Lucía le sostuvo la mirada. Natalia seguía siendo igual de falsa: no se atrevía a admitir delante de todos que se conocían.
Un destello frío apareció en los ojos de su antigua amiga.
—¿Qué le dijo a mi esposo hace un momento, en el pasillo?
Lucía frunció ligeramente el ceño. Empezaba a entender el juego.
—Eso deberías preguntárselo a Nicolás. Él fue quien me sacó de aquí.
—Ya se lo pregunté. ¡Me dijo que intentaste coquetear con él! ¡Eso fue lo que pasó!
La acusación de Natalia sonó tajante. Ya la había condenado.
Entre los invitados se levantó un murmullo de sorpresa.
La mirada de Lucía cambió, pero no le dieron tiempo a hablar. Natalia la señaló y se dirigió a todos.
—¡Esta mujer se llama Lucía Herrera! ¡Es la que engañó a Nicolás hace cinco años, la que quedó expuesta en plena boda!
La sorpresa fue aún mayor. Los invitados empezaron a señalarla y a hablar de ella.
A Lucía se le alteró la expresión.
Así que eso pretendía Natalia. Exponerla, sacar el pasado y conseguir que todos volvieran a despreciarla.
—¡Nicolás ahora es mi esposo y ella sigue igual! ¡Todavía intenta seducirlo!
Los reproches contra Lucía se multiplicaron, mientras las miradas de compasión se dirigían a Natalia.
Alguien gritó que se largara.
Lucía apretó los puños.
Natalia sí que sabía manipularlos.
—¡Yo no fui a buscarlo! ¡Haz que suba y explique delante de todos lo que pasó!
Quería ver si Nicolás también iba a negar lo evidente.
Natalia soltó una risa helada.
—Ya no tienes otra oportunidad. Te advertí que, si respondías mal, habría castigo.
Tomó una copa y, sin vacilar, le arrojó el vino a la cara.
Lucía no tuvo tiempo de apartarse. Cerró los ojos por reflejo mientras el líquido frío le corría desde la cabeza.
Los invitados se quedaron mirándolas, demasiado atónitos para hablar.
Desde una esquina, los ojos de Adrián se oscurecieron. Contempló a Lucía, empapada y humillada.
¿Para eso había venido?
No se movió. Quería ver cómo respondía ella.
Lucía tembló ligeramente. Por un momento, volvió a sentirse en aquella boda de hacía cinco años. Natalia la estaba humillando delante de todos, una vez más.
La rabia le subió de golpe a la cabeza. Abrió los ojos, encendidos de una furia que daba miedo.
Natalia se sobresaltó al verla. Por un instante se quedó paralizada.
Lucía empezó a acercarse, paso a paso.
Cuando Natalia reaccionó, ya la tenía enfrente.
Lucía se inclinó hacia su oído y habló en voz baja.
—Me enteré de que estás embarazada. Pero sé que el hijo que llevas no es de Nicolás.
La mirada de Natalia se desenfocó un instante y luego sus pupilas se contrajeron. La seguridad detrás de la que se protegía se derrumbó, como si alguien acabara de descubrir el secreto que tanto se esforzaba en ocultar.
El miedo la sacudió. Perdió el control y empujó a Lucía con fuerza.
—¡Lárgate! —soltó, presa del pánico.
Lucía no alcanzó a reaccionar. El empujón la lanzó contra el enorme pastel de varios pisos que tenía al lado.
Lo derribó y cayó al suelo. La cara y el vestido quedaron cubiertos de crema.
Los invitados soltaron exclamaciones y se apartaron.
Natalia había perdido por completo el control.
—¡Seguridad! ¡Que venga alguien! ¡Saquen a esta zorra de aquí!
Estaba claro que las palabras de Lucía le habían tocado un punto sensible.
Nicolás dejó de mirar desde lejos. Le dedicó una mirada helada a Lucía, tirada en el suelo, y subió a grandes pasos al escenario para proteger a Natalia.
Llamaron a los guardias. Estaban a punto de levantar a Lucía por la fuerza cuando una voz masculina, fría y clara, los detuvo.
—Un momento.
Todos giraron la cabeza.
Un hombre alto, de porte recto y presencia imponente, se acercaba. Los invitados se apartaron sin que tuviera que pedirlo.
Al reconocerlo, los guardias tampoco se atrevieron a actuar. Se quedaron quietos, sin saber qué hacer.
Poco después, Adrián se detuvo frente a Lucía. Ella alzó la cabeza desde el suelo y vio su rostro severo.
Por alguna razón, al verlo sintió una punzada de desamparo.
Le dedicó una sonrisa que apenas disimulaba las ganas de llorar.
—Lo siento, señor Valdés. Lo hice quedar mal.
Él la miró desde arriba, sin responder. Después fijó los ojos en Natalia, todavía en el escenario.
—Vino conmigo. Antes de ponerle una mano encima, ¿no deberían haberme preguntado?
Habló sin prisa. Su tono no dejaba saber si estaba enojado, pero la frialdad que desprendía bastaba para hacer temblar a cualquiera.
Nadie se atrevería a maltratar ni al perro de un hombre poderoso. Menos aún a la mujer que lo acompañaba. Humillar a Lucía delante de todos también era desafiar a Adrián.
Bajo aquella mirada helada, Natalia sintió que el corazón le temblaba. Solo entonces comprendió que había perdido las formas.
—Tío…
Intentó explicarse, angustiada.
Adrián la interrumpió.
—No me llames tío. No merezco semejante honor.
Natalia palideció. No pudo decir una palabra más.
Nicolás se apresuró a defenderla.
—Tío, Natalia no lo hizo a propósito.
Adrián los recorrió con una mirada indiferente. No respondió.
Se inclinó, levantó a Lucía en brazos y salió con ella.