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Me Robaron el Rostro, Pero No Mi Venganza

Me Robaron el Rostro, Pero No Mi Venganza

Status: Terminada
Genre:Venganza / Época / Pareja destinada / Brujas / Venganza de la protagonista / Reencarnación / Completas
Popularitas:323.4k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Liora Valcendra

Serena Bridge lo perdió todo: su rostro, su libertad, diez años de su vida.
Su prima le robó la cara con magia prohibida. Su esposo la encerró en una celda sin luz. Y cuando por fin murió, nadie lloró por ella.
Pero la muerte no fue el final.
Serena despierta en su cuerpo de dieciocho años, el día antes de su boda con el marqués Víctor Flores —el mismo hombre que la traicionará—. Esta vez no será la esposa obediente que agacha la cabeza. Esta vez tiene los recuerdos de una vida entera de sufrimiento… y un plan.
Recuperar su dote. Destruir a Isabella. Escapar del matrimonio que la condenó.
Lo que no esperaba era cruzarse con Alejandro Durán, el Duque de Hielo —un hombre al que toda la corte teme y nadie se atreve a mirar a los ojos—. Frío, letal, implacable. Dicen que no tiene corazón.
Pero cada vez que Serena está en peligro, él aparece.
Y cada vez que ella lo rechaza, él se acerca un paso más.
En una corte donde las alianzas cambian con el viento y la magia oscura acecha en las sombras, Serena descubrirá que la venganza tiene un precio… y que el corazón del Duque de Hielo esconde secretos más peligrosos que cualquier hechizo.

NovelToon tiene autorización de Liora Valcendra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8: Reclamando la dote

Al tercer día, Alejandro ya caminaba. Al quinto, insistió en marcharse.

Serena no discutió. Tenerlo bajo su techo era un riesgo que crecía con cada hora. Si alguien de la residencia Flores descubría que estaba albergando al tercer hijo del Duque de Durán, herido y sin escolta, las preguntas serían imposibles de responder.

Bianca le preparó un paquete con vendajes y ungüentos. Alejandro lo recibió con un gesto breve de la cabeza, como si aceptar ayuda le costara algo.

Se encontraron en el patio trasero, donde los muros ocultaban la salida. A lo lejos, Marcus, el asistente de Alejandro, esperaba con dos caballos y la paciencia inmóvil de quien lleva días en el mismo sitio.

Alejandro se detuvo frente a ella. Metió la mano dentro de su túnica y sacó un colgante de jade oscuro, casi negro, tallado con el escudo de la casa Durán: un león rampante sobre un campo de estrellas. La pieza era pequeña, pero el jade tenía esa densidad fría de las cosas antiguas.

—Toma —dijo, y se lo puso en la palma.

Serena lo miró sin entender.

—Es el sello personal de la rama principal de los Durán. Si alguna vez necesitas algo, envía a alguien a la mansión ducal con este colgante. —Hizo una pausa. Su voz se endureció, como si estuviera haciendo un juramento militar—. Alejandro vendrá.

Serena cerró los dedos alrededor del jade. Estaba frío. Pesaba más de lo que aparentaba.

—No deberías darme algo así. Apenas me conoces.

—Me salvaste la vida. —Lo dijo sin dramatismo, como quien constata que el cielo es azul—. Eso es suficiente.

Se dio la vuelta y caminó hacia los caballos sin mirar atrás. Marcus le ofreció las riendas y Alejandro montó de un solo impulso, apretando los dientes. Un instante después, los dos caballos se alejaron al trote y la figura oscura de Alejandro desapareció detrás de la colina.

Serena se quedó de pie con el colgante en la mano. Algo se le aflojó dentro del pecho, un vacío extraño que no supo nombrar.

Sacudió la cabeza. No tenía tiempo para tonterías.

Guardó el colgante de jade en el bolsillo interior de su vestido, junto al pecho, y entró a la casa.

---

Las noticias la esperaban como un balde de agua sucia.

Bianca se lo soltó todo de golpe, atropellándose con las palabras, mientras Serena apenas había cruzado el umbral de su alcoba en la residencia Flores.

—Señora, la Vieja Marquesa... mientras usted estaba fuera... elevó a Isabella.

Serena se detuvo.

—¿Qué quieres decir con que la elevó?

—La registró como concubina noble en el libro del clan. Con ceremonia y todo. Y le dio... —Bianca tragó saliva— le dio el juego de esmeraldas. El tocado completo. El de su dote.

El silencio que siguió fue denso como plomo.

Serena no gritó. No rompió nada. Se sentó en el borde de la cama con una calma que hizo que Bianca retrocediera un paso, porque era la clase de calma que precede a los terremotos.

El juego de esmeraldas. El tocado que su madre había encargado al mejor orfebre de la capital, cada pieza engarzada a mano. La joya principal de su dote, valorada en más de tres mil monedas de oro. Y la Vieja Marquesa se lo había regalado a la concubina como si fuera una baratija de mercado.

—Prepara el carruaje —dijo Serena—. Vamos a la casa Bridge.

---

Roland fue el primero en reaccionar.

Su hermano mayor, general de la Tercera Legión Imperial, se puso de pie tan bruscamente que la silla cayó al suelo.

—¡¿Que hicieron qué?!

Su puño se estrelló contra la mesa de té. La madera se partió por la mitad y las piezas cayeron al suelo con un estrépito de porcelana rota.

—Roland —dijo Sebastián desde su asiento, con la voz calmada de quien ha presidido cientos de juicios—. Siéntate. Romper muebles no nos devuelve nada.

El segundo hermano Bridge, Magistrado Principal del Tribunal Imperial, tenía los ojos entrecerrados. Serena sabía que esa expresión significaba que ya estaba redactando acusaciones en su cabeza.

—Tomar los bienes dotales de una esposa legítima para entregárselos a una concubina es ilegal —dijo Sebastián, pronunciando cada palabra con la precisión de un escalpelo—. Viola el artículo tercero del Código de Bienes Matrimoniales del Imperio. La dote pertenece a la esposa. No a la familia del marido, no al clan, no a la abuela del marido. A la esposa. Punto.

—Yo ya investigué —intervino Teodoro.

El tercer hermano Bridge estaba sentado en la esquina con una carpeta gruesa sobre las rodillas. Donde Roland resolvía las cosas con la espada y Sebastián con la ley, Teodoro las resolvía con números. Y los números no mentían.

—La lista de dote original tiene ciento diecisiete artículos —dijo, abriendo la carpeta—. Mis contadores hicieron una verificación cruzada con los registros del clan Flores. Treinta y dos artículos no aparecen. Ni en los registros, ni en el inventario, ni en la bóveda. Simplemente desaparecieron.

Roland emitió un sonido que estaba entre un gruñido y una maldición.

—Mañana a primera hora —dijo Serena—. Los tres. En la residencia Flores.

Sus hermanos la miraron. Ella les sostuvo la mirada sin pestañear.

—Vamos a recuperar cada pieza. Cada horquilla, cada pendiente, cada perla. Y lo vamos a hacer delante de todos.

---

Llegaron al amanecer.

Roland iba primero, con la armadura completa y la espada al cinto. Detrás, Sebastián con su toga de magistrado y documentos sellados por el Tribunal Imperial. Cerrando la formación, Teodoro con doce contadores uniformados que cargaban libros de registro, balanzas de precisión y la lista completa de los ciento diecisiete artículos de la dote.

Parecía una invasión. Lo era.

El portero se quedó paralizado. Para cuando la Vieja Marquesa apareció en el salón principal, apoyada en su bastón, Roland ya había apostado soldados en cada salida y Teodoro tenía a sus contadores instalados en tres mesas.

—¡¿Qué significa este escándalo?! —La voz de la Vieja Marquesa tembló de indignación.

—Significa, Marquesa Viuda —respondió Sebastián sin levantar la voz—, que venimos a realizar una auditoría legal de los bienes dotales de mi hermana, tal como me autoriza el artículo séptimo del Código de Bienes Matrimoniales. Aquí tiene la orden del tribunal.

Le tendió un documento. La Vieja Marquesa no lo tomó.

—Tráiganla —dijo Roland.

Nadie preguntó a quién se refería. Un minuto después, trajeron a Isabella al salón. Pero no fue su vestido de seda lo que le heló la sangre a Serena.

El tocado de esmeraldas brillaba en su cabello. En las orejas, los pendientes de jade blanco de su madre. En el cuello, el collar de rubíes de tres generaciones de mujeres Bridge. En la muñeca, la pulsera de perlas que Serena había usado exactamente una vez antes de que desapareciera de su joyero.

Todo. Lo llevaba todo.

—Contadores —dijo Teodoro con calma—. Artículo número tres: tocado ceremonial con incrustaciones de esmeralda. ¿Presente?

—Presente —respondió el contador principal, señalando a Isabella—. En la cabeza de la señorita.

—Retírenlo.

Isabella retrocedió un paso, buscando con la mirada a la Vieja Marquesa, a Lady Margarita, a cualquiera. Nadie se movió. Roland tenía la mano en la empuñadura de su espada y su expresión decía con claridad que el siguiente que interfiriera iba a lamentarlo.

Una criada le quitó el tocado. Los alfileres tiraron del cabello y algunos mechones se desprendieron. Isabella apretó los labios pero no emitió sonido.

—Artículo número quince: pendientes de jade blanco con montura de plata.

Se los quitaron.

—Artículo número veintitrés: collar de rubíes imperiales, corte ovalado, cadena de oro trenzado.

Se lo quitaron.

—Artículo número cuarenta y uno: pulsera de perlas naturales con cierre de filigrana.

Se la quitaron.

Pieza por pieza. Horquilla por horquilla. Cada artículo depositado en una bandeja de plata que se fue llenando hasta formar una pequeña montaña de joyas que centelleaba bajo la luz del salón.

Isabella lloraba en silencio. Las lágrimas le corrían por las mejillas sin que hiciera ningún gesto por detenerlas. Sin el maquillaje y las joyas, sin el tocado y la seda, parecía exactamente lo que era: una mujer con ropa prestada y ambiciones que le quedaban grandes.

Serena la observó sin parpadear.

No sintió nada.

Ni pena, ni satisfacción, ni el cosquilleo vengativo que esperaba sentir. Solo una certeza fría y sólida como el jade oscuro que llevaba junto al pecho.

En su vida anterior, Isabella no le había robado solo joyas. Le robó el marido. Le robó la cara. Le robó la libertad y diez años de su vida pudriéndose en una mazmorra sin luz. Le robó hasta el nombre.

Esto —esta montaña de joyas en una bandeja de plata, estas lágrimas silenciosas, esta humillación pública— no era ni la sombra de lo que merecía.

Serena se inclinó hacia adelante, lo suficiente para que solo Isabella pudiera escucharla.

—No va a quedar ni una sola pieza —susurró—. Y esto es solo el principio.

Isabella levantó la mirada. Por primera vez desde que Serena había regresado al pasado, vio algo distinto en los ojos de su prima.

Miedo.

Bien.

Teodoro cerró la carpeta con un golpe seco.

—Marquesa Viuda, faltan diecinueve artículos que no están ni en esta persona ni en la residencia. Valorados en más de mil seiscientas monedas de oro. —Se ajustó los lentes—. Tiene siete días para localizarlos. Después, mi hermano el magistrado presentará la denuncia formal.

Sebastián asintió una sola vez, sin sonreír.

Roland no dijo nada. No hacía falta. La armadura hablaba por él.

La Vieja Marquesa apretó el bastón hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Pero no abrió la boca. Sabía, igual que todos en ese salón, que la ley estaba del lado de los Bridge.

Serena se puso de pie, tomó la bandeja de joyas con sus propias manos y caminó hacia la salida. Sus hermanos la flanquearon como una escolta militar.

En la puerta, se detuvo. No se dio la vuelta, pero habló lo suficientemente alto para que todo el salón la escuchara.

—Siete días, Marquesa.

El sonido de sus pasos sobre el mármol fue lo último que se oyó antes de que la puerta se cerrara.

1
Yuri Zamira Gonzalez Castaño
buena novela me gustó mucho
Margarita Manrique
como se dice ,ti Lin ti Lin y nada de paletas,tan presumidos y orgullosos y no tienen en qué caer muertos . Son unos mantenidos
Estrella Guadalupe Martinez Vera
que bello tuvo sus tres retoños en esta vida encontró la felicidad que le fue negada en la otra 🥰🥰🥰🥰
Estrella Guadalupe Martinez Vera
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼 que bonito tuvo sus tres retoños encontró la felicidad que en la anterior vida le fue negada bello final 🥰🥰🥰🥰🥰🥰 solo una observación de buena fe tus historias son muy buenas pero conforme avanza cambias algunas cosas y eso confunde un poco de ahí en fuera excelente 👍🏼
Estrella Guadalupe Martinez Vera
reencarnó 😮😮😮😮😮 eso no lo esperaba
Estrella Guadalupe Martinez Vera
bueno si Charlotte no fue mala aunque me sorprendió que por debajo del agua turbia ayudaba a Serena
Estrella Guadalupe Martinez Vera
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼 hermosa boda dos almas que sufrieron ahora juntas con mucho amor
y me preguntó que paso con el principe de Jade Leandro hermano del rey desaparecio
Estrella Guadalupe Martinez Vera
cómo dijo su hermano por fin Serena podrá ser feliz 🥰🥰🥰🥰
Estrella Guadalupe Martinez Vera
por fin puede respirar paz en su alma y corazón los que le hicieron daño ya están acabados ahora seguir adelante un mejor presente y un buen futuro por venir 🥰🥰🥰🥰
Estrella Guadalupe Martinez Vera
Johan pudo haber sido un buen alquimista pero se fue por el lado equivocado 🫤
Estrella Guadalupe Martinez Vera
hay por fin ya cayó esa maldita arpia que debió ser encerrada por asesinar a su progenitora y luego a los tíos de Serena 🤬🤬🤬ya se terminó Isabella es tu fin
Estrella Guadalupe Martinez Vera
y la arpía de Isabella aún no ha hecho movimiento oh ya se rindió 🤔 el marquesado ya ha de estar en ruina total ya no tienen como sostenerse verdad?
Estrella Guadalupe Martinez Vera
ahora entiendo por qué la rebelión oculta y el odio del principe al duque
Estrella Guadalupe Martinez Vera
🥰🥰🥰🥰🥰
Estrella Guadalupe Martinez Vera
me d gusto que ya tiene su libertad y en qué momento murió la mama según estaba bien no 🤔
Estrella Guadalupe Martinez Vera
bueno es libre y va estar lejos de la bruja de Isabella así le sera más difícil realizar ese hechizo
Estrella Guadalupe Martinez Vera
pues no ya la tenía vigilada 🤔🤔🤔 después de que la azotaron nuevamente
Estrella Guadalupe Martinez Vera
Espero que Serena este preparada y no que según el duque de hielo buscaría a ese we 🤔 todo lo tiene que resolver Serena 🤔
Estrella Guadalupe Martinez Vera
cielos tantas cosas dos pretendientes un marido imbécil que se cree con derechos oto principe planteando una guerra esto ya es de locos
Estrella Guadalupe Martinez Vera
no entiendo a este hombre si es principe heredero por qué pone n riesgo su Reyno que más quiere si según el será el próximo gobernante es un maldito traicionar a su propia gente desgraciado
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