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CICATRICES BAJO LA LLUVIA

CICATRICES BAJO LA LLUVIA

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencarnación / Casos sin resolver / Completas
Popularitas:60.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Elena: Una talentosa restauradora de arte que perdió la confianza en su talento tras un accidente que le dejó una leve secuela en la mano derecha. Es perfeccionista, un poco retraída y está tratando de reconstruir su vida en un pueblo costero alejado del caos de la ciudad. podrá encontrar su rumbo en este lugar?

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10: EL CONTRAATAQUE DE LOS NÁUFRAGOS

​El jeep de los hermanos Varela rugió al entrar en San Lorenzo, soltando una nube de humo negro que casi asfixia a doña Rosario mientras regaba sus petunias. Julián saltó del vehículo antes de que el motor terminara de toser. Tenía la corbata deshecha, el traje arrugado y una expresión que oscilaba entre el pánico y la furia asesina.

​—¡Elena!

gritó, irrumpiendo en el taller.

​Ella estaba sentada frente a la mesa, con la fotografía de ella misma que Garrido le había hecho llegar a Julián. La luz de la tarde iluminaba el papel satinado, dándole un aspecto irreal. Elena no lloraba; estaba en ese estado de calma gélida que precede a las grandes tormentas.

​—He hablado con él

dijo Elena sin levantar la vista.

— Estuvo aquí, Julián. En la puerta del taller.

​Julián se dejó caer de rodillas frente a ella, tomando sus manos.

—Lo sé. Me dejó la foto en el jeep. Ese maldito infeliz cree que puede asustarnos. Dice el abogado que han bloqueado la fianza hasta que demostremos que el dinero no es negro. Garrido está moviendo cielo y tierra para que yo no salga de este agujero legal.

​—Me ofreció dinero

continuó ella, mirándolo a los ojos.

— Dijo que si tú aceptabas la culpa, nos daría una jubilación dorada.

​Julián soltó una risa amarga.

—¿Y qué le dijiste?

​—Que yo no restauro basura. Y que él es solo un montón de escombros con un traje caro.

​Julián sonrió por primera vez en doce horas. Se inclinó y la besó con una intensidad desesperada, una mezcla de agradecimiento y miedo.

—Eres demasiado valiente para tu propio bien, Elena. Pero ahora estamos en un problema real. Si no demostramos al juez en 48 horas que la subasta fue real y legítima, me detendrán por desacato y posible obstrucción a la justicia.

​—¡Para eso estoy yo, pedazo de alcornoques!

La voz de doña Rosario resonó desde el umbral. Entró al taller con un iPad en una mano y su inseparable cabra, Pincel, sujeta por una correa de colores

—He estado escuchando detrás de la puerta. Es un hábito feo, lo sé, pero muy útil para mí, me gusta estar informada, no es chisme.

​—Rosario, esto es serio

—dijo Julián, levantándose.

—Necesitamos pruebas de que la gente pagó voluntariamente.

​—¿Y qué te crees que es esto?

—Rosario levantó la tableta con orgullo.

— Mi sobrino nieto, el que quiere ser influencer de esos, estuvo grabando toda la subasta para su canal de TikTok. Eventos rurales extremos, lo llama. Tiene grabado cada puja, cada cara de los ricos de la colina y, lo más importante, el momento exacto en que ese coleccionista de Madrid soltó los cinco mil euros por tu pieza de madera.

​Elena y Julián se acercaron a la pantalla. Efectivamente, allí estaba todo: la risa de Marta, la seriedad de Elena, la torpeza de Julián y los rostros de los compradores perfectamente identificables. Era una prueba irrefutable de que no había lavado de dinero, sino una comunidad apoyando a dos de los suyos.

​—Rosario, eres un genio

susurró Elena, abrazando a la anciana.

​—Soy vieja, no tonta

replicó ella.

— Pero hay más. Julián, si ese tal Garrido, que se quién es, lo ví, porque ya sabes me gusta estar informada, no es chisme, bueno si el te está siguiendo, es porque tiene miedo de lo que puedas encontrar aquí, en los archivos viejos del astillero.

​Julián frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

​—A ese lo recuerdo es un constructor y compró madera y materiales en este puerto hace tres años, antes del colapso del edificio que te culpan. Todo el mundo sabe que los Varela guardan los recibos originales en la oficina del muelle. Si los materiales eran defectuosos, las facturas de compra lo dirán. Si él compró cemento de baja calidad a precio de oro, ahí está la prueba que te falta.

​Julián sintió una descarga eléctrica. Siempre había buscado las pruebas en la ciudad, en los laboratorios, en los planos. Nunca se le ocurrió buscar en el origen, en el puerto donde ahora se escondía.

​—Elena, si conseguimos esos papeles y enviamos el video de Rosario al juez... no solo pagaré la fianza. Podré limpiar mi nombre de una vez por todas

dijo Julián, con los ojos brillando de una forma nueva.

​—Entonces vamos a por ellos

dijo Elena, poniéndose su chaqueta de trabajo.

— Pero Garrido no se va a quedar mirando. Si nos está siguiendo, sabe que estamos cerca de algo.

Se quedaron pensando los tres más la cabra y ​esa noche, bajo una luna creciente, San Lorenzo dejó de ser un refugio para convertirse en un campo de batalla silencioso. Julián y Elena, acompañados por la sombra de doña Rosario (que insistió en venir por si había que darle un bastonazo a alguien), se dirigieron a las oficinas del puerto.

​Sin embargo, al llegar, notaron que la puerta de los Varela estaba entreabierta. Un rastro de papeles volaba por el muelle, impulsado por el viento marino.

​—Llegamos tarde

susurró Julián, apretando el puño.

​Desde la oscuridad, el motor del sedán negro rugió. Las luces largas se encendieron de golpe, cegándolos. El juego del gato y el ratón había terminado; el drama legal se estaba convirtiendo en una cuestión de supervivencia física.

​—¡Corran al taller!

gritó Julián, empujando a Elena y a Rosario hacia atrás.

​Mientras corrían por el muelle, Elena sintió que su mano derecha no temblaba. La adrenalina había silenciado los nervios dañados. Ya no era la chica rota del 14 de febrero; era una mujer luchando por el hombre que le había devuelto la esperanza, mientras ayudaba a doña Rosario que intentaba ir a toda marcha.

​Llegaron y se encerraron en el taller, escuchando cómo el coche de Garrido merodeaba fuera, como un tiburón rodeando una balsa. Ambos tenían una promesa: no se rendirían, ni por el dinero, ni por el prestigio, sino por ese sentimiento que había florecido entre serrín y barniz.

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Lidia Rios
EXCELENTE 👌 NOVELA 👍FELICIDADES 👏 AUTORA ESTUVO GENIAL Y CORTA COMO ME GUSTAN GRACIAS 👏
Mar Sol
El tal Garrido está haciendo todo lo posible por hundir a Julián, sin pensar que el que hace el mal, mal le va y eso es lo que va pasar con él.
Angela Zambrano. J
Me encantó la historia ❣️
Alba Goyo
En primera fila y d pie 👏 👏👏👏👏👏escritora ♥️extraordinario estilo de presentar los acontecimientos en la narrativa 🥰⚘🌷disfrute la lectura al máximo. 🌻🌺dios siga iluminado y bendiciendo tu imaginación 🙏
Alba Goyo
Excelente
👒𝓐𝓷𝓰𝓲𝓮 𝓓𝓮 𝓢𝓾𝓪𝔃𝓪👒
Que lindo es Julián con Elena 🥰
Daiana Martínez
hermosa novela
👒𝓐𝓷𝓰𝓲𝓮 𝓓𝓮 𝓢𝓾𝓪𝔃𝓪👒
Jajaja 🤣 que locura
👒𝓐𝓷𝓰𝓲𝓮 𝓓𝓮 𝓢𝓾𝓪𝔃𝓪👒
Que siga viajando en bus
👒𝓐𝓷𝓰𝓲𝓮 𝓓𝓮 𝓢𝓾𝓪𝔃𝓪👒
Las ironías de la vida 😢
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
hermosa autora jajaja
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
hermosa historia
🌹Elizabeth✨♣♚ᴰ' Infinita★⛧🌹
jajaja estás haciendo méritos feo 🤣🤣🤣
Miranda 🌊😭
😭😭😭
Melani Brown (V)
🌹🌞🌹🌞🌹🌞🌹🌞🌹
Soledad Martinez (V)
Una historia muy hermosa de principio a fin . cómo helena y Julián encontraron el amor juntos y formaron una hermosa familia ❣️❣️
Estefany Diaz (V)
Excelente novela querida autora, te hiciste con tan hermosa historia 💜
Luna Echeverría (V)
Que bonita historia escritora, felicitaciones
Salome López (V)
🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹
Jazmín Sáenz Peña (V)
Excelente 🌹
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