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Yo, el mafioso y Estela

Yo, el mafioso y Estela

Status: Terminada
Genre:Mafia / Grandes Curvas / Secuestro y encarcelamiento / Completas
Popularitas:198
Nilai: 5
nombre de autor: Afrodite 18

Monique es médica, independiente y decidida. Después de que su ex la traicionara, tomó una resolución radical: tener un hijo sola mediante inseminación artificial en una clínica de Albania. El procedimiento salió bien —o eso creyó—, hasta que un desconocido irrumpió en la sala en el peor momento posible.

Meses después, con una bebé preciosa en brazos y una vida reconstruida al lado de su familia en casa, Monique está convencida de que lo peor ya quedó atrás. Hasta que veinte hombres armados invaden el comedor durante el desayuno.

Al frente de ellos está Drilon Meksi: segundo hijo de la mafia albanesa Exilio, ejecutor implacable y —según él— el verdadero padre biológico de Estela.

Drilon no vino solo a reclamar a su hija. Vino a llevarse a las dos.

Arrancada de su mundo y encerrada en la mansión de una de las familias más temidas de Albania, Monique descubre que su única opción es aprender a sobrevivir entre mafiosos. Pero la matriarca Hana le enseñará que las batallas más importantes no se ganan con rabia, sino con inteligencia. Que el respeto pesa más que la imposición. Y que a veces los muros más gruesos no están en las fortalezas, sino dentro de las personas.

Mientras Monique lucha por proteger a Estela y recuperar su libertad, algo inesperado empieza a crecer entre ella y el hombre que juró odiar: pequeños gestos, conversaciones honestas, un padre que arrulla a su hija con una ternura que contradice todo lo que representa.

¿Puede una mujer libre enamorarse de un mafioso sin perderse a sí misma?

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capítulo 20

La noche cayó tranquila sobre la ciudad cuando Altin estacionó frente a la residencia de la familia de Era.

La mansión era imponente, protegida por hombres armados y altos portones de hierro, como correspondía a una de las familias más influyentes de la mafia albanesa. Instantes después, la puerta principal se abrió.

Era apareció con un vestido negro de corte elegante y un abrigo claro sobre los hombros. La belleza que ya había llamado la atención de Altin parecía aún mayor bajo la iluminación suave de la entrada.

Caminó hasta el auto con la misma postura serena de siempre.

ALTIN— Buenas noches.

ERA— Buenas noches. —Él bajó a abrirle la puerta—. Gracias.

Durante el trayecto, el silencio predominó. Ninguno de los dos parecía incómodo, pero Altin tenía la impresión de que, si no iniciaba una conversación, pasarían la noche entera sin intercambiar más de dos palabras.

Minutos después, llegaron a un restaurante elegante y reservado. El mesero los condujo hasta una mesa apartada de las demás, garantizando privacidad.

Tras revisar el menú, hicieron sus pedidos. Cuando volvieron a quedarse solos, Altin apoyó los antebrazos sobre la mesa.

ALTIN— Confieso que imaginé que sería más fácil conversar contigo.

Era levantó los ojos.

ERA— Nunca prometí facilitarlo.

Él esbozó una media sonrisa.

ALTIN— Eso ya lo noté. —El silencio volvió por unos segundos—. Nos conocimos de niños.

Era asintió discretamente.

ERA— Sí.

ALTIN— Pero eras completamente diferente.

Ella inclinó levemente la cabeza.

ERA— Las personas cambian.

ALTIN— Cambian... pero tú pareces otra persona.

Era tomó delicadamente la copa de agua.

ERA— Pasó mucho tiempo desde aquel encuentro.

ALTIN— Recuerdo a una niña que casi no hablaba y vivía escondida detrás de sus hermanos.

Una pequeña sonrisa asomó en los labios de ella.

ERA— Sigo hablando poco. Aprendí a observar y me gusta así.

Altin rio.

ALTIN— Eso sigue igual.

Ella bebió un sorbo de agua antes de responder.

ERA— Simplemente aprendí que escuchar suele ser más útil que hablar.

Altin notó que cada respuesta venía medida, como si Era eligiera cuidadosamente qué revelar y qué guardar solo para sí.

ALTIN— ¿Qué pasó en estos años?

Ella lo observó unos instantes.

ERA— Muchas cosas.

ALTIN— ¿Como cuáles?

Era desvió la mirada hacia la ventana.

ERA— Algunas historias le pertenecen solo a quien las vivió.

Él entendió que insistir no lo llevaría a ningún lado. Cambió de tema.

ALTIN— Creo que deberíamos ser sinceros el uno con el otro.

ERA— De acuerdo.

Altin respiró hondo.

ALTIN— No quiero que nuestro matrimonio sea solo un contrato entre dos familias. —Ella permaneció en silencio, escuchando—. Sé que empezó así, pero me gustaría que construyéramos respeto, confianza, una verdadera alianza. —Era siguió observándolo—. No espero que exista amor de inmediato. Eso no se impone. Pero espero que podamos compartir la vida sin máscaras, resolver nuestros problemas juntos y formar una familia sólida.

Ella se tomó unos segundos sin responder.

Entonces hizo un leve movimiento afirmativo con la cabeza.

ERA— No me opongo a eso.

Altin sonrió discretamente.

ALTIN— Me alegra oírlo.

ERA— También creo que marido y mujer deben caminar en la misma dirección.

Hizo una breve pausa.

ERA— Siempre que ambos cumplan con sus responsabilidades.

ALTIN— Pienso cumplir con las mías.

ERA— Espero que así sea.

En ese momento, la cena llegó a la mesa.

Mientras el mesero servía los platos, Altin se dio cuenta de que todavía sabía muy poco sobre la mujer sentada frente a él.

Seguía siendo reservada, misteriosa y casi imposible de descifrar.

Aun así, por primera vez desde que el compromiso dejó de ser solo un acuerdo, tuvo la sensación de que, detrás de esa serenidad casi inquebrantable, existía alguien que valía la pena conocer.

Y por primera vez en muchos años, Altin deseó que el tiempo pasara despacio.

CON MONIQUE

Monique no salió de su habitación aquella mañana. Después de la noche mal dormida, prefirió quedarse al lado de Estela todo el día. Jugó con su hija, la alimentó, la acostó a dormir dos veces y, en los momentos de silencio, se dedicó a observar cada sonrisa y cada nuevo descubrimiento de la bebé.

Las horas pasaron lentamente. Cuando cayó la noche, la habitación estaba iluminada apenas por la luz suave de la lámpara. Estela permanecía sentada sobre una manta de actividades en el piso, rodeada de juguetes de madera. Concentrada, intentaba alcanzar un pequeño osito que había rodado unos centímetros lejos de ella.

Monique estaba sentada en la mecedora cercana, siguiendo cada movimiento de su hija. Unos instantes después, escucharon dos golpes en la puerta.

TOC... TOC...

MONIQUE— Adelante.

La puerta se abrió despacio. Drilon entró en la habitación, vistiendo solo una camisa oscura con las mangas dobladas. En cuanto cruzó el umbral, los ojos de Estela encontraron los suyos.

La carita de la bebé se iluminó al instante. Abrió una enorme sonrisa y soltó un balbuceo entusiasmado.

DRILON— Hola, mi pequeña.

Estela golpeó las manitas contra la manta y empezó a gatear hacia su papá lo más rápido que podía.

Drilon se agachó antes de que ella llegara. Cuando la niña alcanzó sus rodillas, la levantó en brazos con facilidad.

DRILON— ¿Me extrañaste?

Estela respondió con otro balbuceo y le tomó la cara con las dos manitas, arrancándole una sonrisa sincera.

Monique observó la escena en silencio. Era imposible negar que Estela reconocía la presencia de su padre y se sentía feliz al verlo.

Drilon besó delicadamente la frente de su hija antes de mirar a Monique.

DRILON— ¿Pasó bien el día?

MONIQUE— Sí.

Él asintió. Durante unos segundos, el silencio se adueñó de la habitación. Monique respiró hondo. Había pensado en aquella conversación durante todo el día.

No tenía sentido seguir postergándola. Se levantó de la mecedora y caminó unos pasos hasta quedar frente a él.

MONIQUE— Drilon...

Él levantó la mirada.

DRILON— ¿Sí?

Monique le sostuvo los ojos unos instantes.

MONIQUE— Necesitamos hablar.

La sonrisa discreta desapareció del rostro de Drilon. Por el tono de su voz, entendió que aquella no sería una conversación cualquiera. Solo hizo un pequeño gesto afirmativo con la cabeza.

DRILON— Yo también lo creo.

Estela, completamente ajena a la tensión entre los dos, seguía jugueteando con los botones de la camisa de su papá, mientras los dos adultos se preparaban para una conversación que podría cambiar el rumbo de sus vidas.

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Sonia Yrady
me encanta está novela es bien chistosa, es una locura 😂😂😂😂
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