El es abandonado por su alfa y encuentra refugio en otro
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Capitulo 9
Luca suspiró profundamente al leer el último mensaje.
No entendía por qué se había puesto celoso.
Ni siquiera tenía derecho a estarlo.
Guardó el teléfono y trató de olvidarse del asunto.
A la mañana siguiente, Darían se levantó temprano y fue directo a la cocina.
Preparó café, huevos y algunas tostadas.
Cuando terminó, caminó hasta la habitación.
—Bella durmiente, ven a desayunar.
Evan abrió los ojos lentamente.
—No tengo hambre...
Darían lo miró desde la puerta.
—¿Otra vez con esa actitud?
—No quiero levantarme.
Darían suspiró.
—Evan...
El Omega se dio la vuelta y volvió a cubrirse con las sábanas.
Darían entrecerró los ojos.
—Está bien.
Tomó un vaso de agua fría.
Se acercó a la cama y, sin previo aviso, le arrojó el agua en las pompis.
—¡¿QUÉ DEMONIOS HACES?!
Evan saltó de la cama.
Darían cruzó los brazos con una expresión completamente seria.
—Quedarte encerrado y derrotado no va a solucionar nada.
Evan lo miró indignado.
—¡Estás loco!
—Probablemente.
Señaló la cocina.
—Ahora ven a desayunar.
Evan refunfuñó, pero terminó siguiéndolo.
Durante el desayuno, Darían notó que Evan apenas tocaba la comida.
—¿Qué ocurrió?
Evan bajó la mirada.
Intentó contener las lágrimas.
Pero finalmente rompió a llorar.
Darían dejó inmediatamente los cubiertos.
—¡Evan!
Se levantó y se acercó a él.
—¿Te hicieron daño?
Su expresión cambió por completo.
—Dime quién fue. ¡Le voy a partir la cara, te lo juro!
Evan negó rápidamente con la cabeza.
—No...
Se limpió las lágrimas.
—Es solo que no he podido conseguir trabajo.
Su voz se quebró.
—Estoy seguro de que mi exsuegra está detrás de todo esto.
—Snif... snif...
Darían se sentó a su lado y lo abrazó.
—Cálmate. Ya encontrarás algo.
—¿Y si no?
—Entonces seguiremos buscando.
Evan respiró profundamente.
Después de terminar el desayuno, se levantó.
—Voy a intentarlo otra vez.
—Así se habla.
Evan tomó sus cosas y salió del apartamento.
Darían se quedó mirándolo desde la puerta.
Entonces una idea apareció en su cabeza.
Una idea brillante.
Sacó su teléfono.
Buscó un contacto.
Luca.
Sonrió.
—Él conoce a muchísima gente...
Comenzó a escribir.
«Hola, Luca. ¿Puedo pedirte un favor?»
Darían tenía una misión.
Conseguirle trabajo a Evan.
Y, de paso...
Tendría una buena excusa para volver a hablar con Luca.
Al día siguiente, Evan recibió una llamada.
—¿Hola?
—¿Hablo con Evan?
—Sí.
—Lo llamamos de una de nuestras empresas. Hemos revisado su perfil y nos gustaría invitarlo a una entrevista de trabajo.
Evan se quedó en silencio.
—¿Una entrevista?
—Así es. ¿Podría presentarse mañana a las diez de la mañana?
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—¡Sí! Claro que sí.
Después de despedirse, Evan colgó y salió corriendo hacia la sala.
—¡Darían!
Su amigo estaba desayunando tranquilamente.
—¿Qué pasa?
—¡Conseguí una entrevista!
Darían dejó la taza sobre la mesa.
—¿En serio?
—¡Sí!
Los ojos de Evan brillaban de emoción.
—Pensé que no iba a conseguir nada...
Darían se levantó y lo abrazó.
—Te lo dije. No puedes rendirte.
Evan sonrió contra su hombro.
—Gracias.
Darían sonrió.
No podía contarle que había sido Luca quien había conseguido aquella oportunidad.
Era mejor mantenerlo en secreto.
---
A varias calles de allí, Luca estaba dentro de un automóvil estacionado frente al edificio.
Miraba discretamente hacia la entrada.
Su teléfono vibró.
Era un mensaje de Darían.
«¡Evan consiguió una entrevista! 😭❤️»
Luca sonrió.
«Me alegra mucho.»
Después de unos segundos llegó otro mensaje.
«Gracias por ayudarme 🥰»
Luca miró la pantalla durante varios segundos.
—De nada...
Uno de los hombres que estaba a su lado lo observó.
—¿Otra vez hablando con ese Omega?
Luca bloqueó el teléfono.
—Concéntrate en tu trabajo.
—Solo preguntaba.
—Pues deja de preguntar.
El hombre soltó una risita.
—Estás enamorado.
Luca lo miró con frialdad.
—Cállate.
—Eso no fue un no.
Luca ignoró el comentario.
Pero cuando volvió a mirar el teléfono, tenía una sonrisa en el rostro.
---
Mientras tanto, en el despacho de Caius...
—¿Ya está preparada la entrevista? —preguntó.
—Sí, jefe.
—¿A qué hora viene?
—Mañana a las diez.
Caius asintió.
Por fin.
Después de tantos días buscando a Evan, finalmente tendría la oportunidad de verlo.
Sin embargo, había algo que todavía no podía entender.
¿Por qué alguien se había tomado tantas molestias para borrar toda la información del Omega?
Y, sobre todo...
¿qué relación tenía Félix con todo aquello?
Caius tomó una fotografía que sus hombres habían conseguido.
Era una imagen antigua de Evan junto a su ex.
Su mirada se volvió fría.
—Averigüen todo sobre este hombre.
—Sí, jefe.
Caius dejó la fotografía sobre el escritorio.
Mañana volvería a ver a Evan.
Pero esta vez no pensaba dejar que desapareciera tan fácilmente.
La mañana siguiente llegó demasiado rápido para Evan.
Se miró frente al espejo por décima vez.
—¿Esto está bien?
Darían, sentado en la cama, levantó la mirada.
—Te lo he dicho cinco veces. Estás perfecto.
—¿Seguro?
—Evan, vas a una entrevista de trabajo, no a casarte.
Evan hizo una mueca.
—No bromees con eso.
Darían se quedó callado.
—Lo siento.
Evan suspiró.
—Está bien.
Tomó su chaqueta.
—Deseame suerte.
Darían se levantó y le acomodó el cuello.
—Vas a conseguirlo.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque eres inteligente, trabajador y demasiado terco para rendirte.
Evan sonrió.
—Gracias.
Antes de salir, Darían recibió un mensaje.
Luca: «¿Ya salió?»
Darían miró a Evan.
Darían: «Sí. Está nervioso.»
La respuesta llegó enseguida.
Luca: «Dile que no tiene nada que temer.»
Darían sonrió.
—¿Qué pasa? —preguntó Evan.
—Nada.
Guardó rápidamente el teléfono.
—Vamos.
---
Evan llegó al enorme edificio de la empresa.
Miró hacia arriba.
—Esto es demasiado elegante...
Respiró profundamente y entró.
Una recepcionista lo esperaba.
—¿Evan?
—Sí.
—Por aquí, por favor. El señor Caius lo está esperando.
Evan se quedó quieto.
—¿El dueño personalmente?
—Así es.
Evan tragó saliva.
No sabía por qué, pero aquel nombre le resultaba familiar.
Siguió a la mujer hasta un despacho.
La puerta se abrió.
Y entonces lo vio.
Evan se quedó completamente inmóvil.
El hombre sentado detrás del escritorio era el mismo que había conocido aquella noche.
El mismo hombre con el que había pasado la noche.
Caius.
Los ojos de ambos se encontraron.
Por primera vez desde aquella noche, Caius volvió a verlo.
Y una sonrisa lenta apareció en su rostro.
—Hola, Evan.
Evan palideció.
—Tú...
Caius se levantó tranquilamente.
—Me alegra volver a verte.