Isabella, una escritora huye a Italia a buscar algo que la inspiré para una historia de amor. Su novio la engaño con su mejor amiga y su jefa le dijo que no sirve para escribir.
No imagino que en aquel pueblo de Italia encontrará el amor, disfrazado de una coraza celosa, posición y amor.
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La Nota en la Nieve.
Primavera por fin en Montalcino. La nieve se derritió del todo. El viñedo de los Valero empezó a brotar de nuevo, verde, vivo, después del invierno más triste.
Franquito ya tenía 3 semanas. Piel blanca como la nieve, pero ahora con cachetes más gorditos. Pelo rizado negro que ya le llegaba a las orejas. Ojos marrones claros, miel, que ya seguían a todos. Isabella le había cortado la puntita porque se le metía en los ojos. Pietro casi le hace escándalo por cortarle "los rizos de su madre".
Franco grande ya caminaba sin bastón. Con pastillas, sí, pero ya tomaba medio vasito de "Luna di Isabella" a escondidas de Giulia. Giulia ya había vuelto a su casa, pero venía todos los domingos con pastas.
Era un domingo a las 6 de la mañana. Todavía oscuro.
Golpearon la puerta grande de roble de la villa de 4 pisos. Fuerte. Desesperado.
Pietro bajó primero, con escopeta en mano, porque desde la muerte de Marco estaba asustado de todo. Con pijama blanca.
Abrió.
No había nadie en la puerta. Solo frío de primavera.
Pero en el piso de piedra, envuelta en una manta amarilla, casi idéntica a la manta amarilla de Franquito, había una canasta de mimbre. Y adentro...
Una bebé. Recién nacida. Horas de nacida. Con cordón todavía un poco. Piel blanca como la nieve también. Pelito castaño clarito, no negro rizado. Ojos cerrados. Llorando despacito.
Y al lado de la canasta, una hoja de cuaderno arrugada, escrita rápido, con letra de mujer, en italiano malo, con manchas de sangre:
_"No la puedo tener. Perdónenme. Es hija de Marcos Valero. Fue una noche, los dos tomados en Siena, después de una reunión donde había ganado un juicio. Yo tomé mucho, él también. No tomé pastilla.
Me embaracé. No le dije a Marcos. No quería atarlo. Me fui de Siena. Hoy di a luz sola en mi casa. No tengo plata, no tengo familia, tengo 28 años. No puedo criarla. Sé que ustedes son buena familia. Vi en Instagram que tienen un bebé de piel blanca. Cuídenla como cuidan al suyo. Su nombre es Luna. Como su vino. Perdón, Marcos. Perdón. — C."_
Pietro se quedó helado. Con la escopeta en una mano, con la nota en la otra, mirando a la bebé.
—¿MARCOS? — gritó, tan fuerte que despertó a toda la villa.
Marcos Valero. El hermano mayor. El más loco. El que vivía en Siena y en Roma. El que tenía un bar, moto, tatuajes, el que nunca quería hijos, ya que la mayoría de sus casos eran personas que denunciaban por manutención. El que nadie sabía que había estado con alguien.
Isabella bajó corriendo con Franco chiquito en brazos, con su pelo rizado desordenado de dormir.
—¿Qué pasó? ¿Quién...?
Y vio la canasta.
Franco grande bajó con pijama también. Leyó la nota. Se le tembló la mano.
—Otra... otra nieta... — dijo bajito —. Dios mío, Marco se fue y me manda otra...
Giulia llegó 2 horas después. Pietro la llamó gritando.
Entró a la villa como siempre, con campera de cuero, con sueño aun.
—¿Qué tanto grito a las 6 de la mañana, hermano? ¿Quieres volverme sorda?
Pietro la agarró de la mano y la llevó hasta la sala, donde estaba la canasta sobre la mesa grande, con la bebé envuelta en manta amarilla, y Franco chiquito al lado en su cuna, con manta amarilla también, mirándose los dos sin saber que eran primos.
—¿Qué es esto? — le dijo Giulia.
Pietro le dio la nota en sus manos.
Giulia leyó. Se puso blanco. Blanco como la nieve.
—¿Qué...? ¿C.? ¿Caterina? — dijo —. No... no... fue en Agosto ... en la fiesta del bar... ellos estában borrachos... yo... yo pensé que se tomó algo... no sabía... Eso me contó Marcos cuando fue a verme que estuvo con una chica llamada Caterina
Se acercó a la canasta. Temblando. Miró a la bebé.
Piel blanca. Ojos que cuando los abrió un segundo, eran verdes. Como los de su madre ya fallecida.
Se cayó de rodillas.
—Es hija de...— dijo —. Es mi sobrina.
Isabella, que estaba con Franco chiquito en brazos, con lágrimas, le dijo a Giulia:
—La dejó acá. Dijo que no podía. Que tiene 28 años. Que huyó.
Giulia lloró. Franco Valero abuelo, el que habia llorado por la muerte de su hijo, lloraba de felicidad al lado de la canasta.
—¿Y ahora qué hacemos? Yo estoy sorprendida, pero feliz...
Franco grande se acercó, con bastón, le puso la mano en la cabeza a Giulia, como cuando era niña.
—Ahora aprendes — le dijo —. Como aprendió tu hermano Pietro con Franco. Como aprendí yo con ustedes. Se aprende. Giulia hija, serás la madre de esta pequeña
Pietro miró a las dos canastas. Franco Valero Del Prado, 3 semanas, varón, de Isabella y Pietro, con piel blanca, pelo rizado negro, ojos marrones claros. Y Luna Valero, horas de nacida, mujer, hija de Marcos y Caterina, con piel blanca, pelo castaño clarito, ojos verdes.
Dos primos. Dos mantas amarillas.
—Giulia no pudo tener hijos — dijo Pietro bajito —. Marcos no alcanzó a saber... y ahora... ahora nos llegan dos en un mes..
Ese día, la villa Valero, que había estado semanas en tristeza profunda por el paro cardíaco de Franco grande y la muerte de Marco, volvió a tener llanto de bebé. Pero llanto de recién nacida.
Giulia no se fue a Siena. Se quedó a vivir en la villa. En otra casa al final de los viñedos y Franco abuelo se mudo con ella y la niña.
Ambos niños ataban dormidos.
Con Luna en una cuna al lado de la cuna de Franco chiquito.
Y Caterina, la muchacha, nunca volvió. Solo dejó la nota. Y una bebé llamada Luna, como el vino que le hizo honor a Isabella.
Declaró tomar Vino es más peligroso que tomar Ron puro.
Atrapa
afloja
y habré lo que se debe mantener cerrado.
y acá va a:
calentar.
subir la temperatura y abrir lo que estaba cerrado pero entrando en calor y poniendo más aguado que gelatina fuera del enfriador. ( nevera o heladera)
ahora lo culpan😭