El amor que nunca olvidó
Un encuentro en la infancia bastó para que Elara Bauman se convirtiera en el recuerdo que Alessandro Vescari jamás pudo abandonar, año tras año la observo de lejos.
Pero años después, el destino vuelve a ponerla en su camino. Él es un hombre poderoso, acostumbrado a conseguir todo lo que desea; ella, una joven independiente que no está dispuesta a dejarse dominar por nadie.
Alessandro está decidido a conquistarla, pero detrás de su mirada intensa y su necesidad de tenerla cerca se esconde un pasado que nunca logró superar. Elara desafiará sus límites, pondrá a prueba su paciencia y despertará sentimientos que él creía imposibles de controlar.
Entre secretos, tensión, celos y una atracción difícil de ignorar, ambos descubrirán que reencontrarse no significa tener una segunda oportunidad garantizada.
Él llevaba años esperándola. Ella jamás imaginó ser el centro de su mundo. Pero ¿podrá el hombre que siempre quiso tenerlo todo aprender a amar sin poseer, y la mujer que teme perder su libertad atreverse a entregarle el corazón.
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Valentina
La pregunta llevaba varios días rondándole la cabeza.
—¿Quién es Valentina Moretti?
Alessandro dejó de caminar. Su expresión cambió apenas, pero Elara lo notó.
Le explicó que Valentina había sido su pareja durante varios años. Sus familias se conocían y, con el tiempo, todos habían supuesto que terminarían casándose. Habían compartido una parte importante de sus vidas, pero la relación comenzó a deteriorarse hasta que Alessandro decidió terminarla.
No quiso entrar en demasiados detalles.
Elara tampoco insistió.
Sin embargo, algo en aquella historia no terminaba de convencerla.
Días después, escuchó nuevamente el nombre de Valentina, pero esta vez de una persona que jamás había esperado.
Se encontraron por casualidad.
Valentina la observó durante unos segundos antes de acercarse. No parecía sorprendida de verla. Más bien parecía haber estado esperando aquel momento.
—Así que tú eres Elara.
Ella sintió una extraña incomodidad.
Valentina no tardó en hablar de Alessandro. Le dijo que durante su relación había descubierto algo que nunca consiguió aceptar: él conservaba una imagen de Elara en su vida mucho más de lo que estaba dispuesto a reconocer.
No le explicó todo.
Solo dejó caer algunas palabras que se quedaron grabadas en la mente de Elara.
Alessandro había guardado recuerdos de ella.
Y, según Valentina, había algo más.
—Algún día deberías preguntarle por una de sus casas —murmuró antes de marcharse.
Elara no entendió a qué se refería.
Durante varios días intentó olvidarlo.
No pudo.
Cuando finalmente preguntó a Alessandro si tenía otras propiedades, él respondió con naturalidad, pero Elara percibió una breve tensión en su rostro. Fue suficiente para aumentar sus dudas.
Poco después tuvo que acudir a una de aquellas propiedades para recoger unos documentos.
La casa permanecía prácticamente vacía. Había muebles cubiertos y varias cajas antiguas que parecían llevar años sin abrirse.
Mientras buscaba los papeles, Elara entró en una pequeña habitación al fondo.
Encontró una caja de madera.
No tenía nombre.
La abrió sin saber exactamente qué esperaba encontrar.
Había fotografías antiguas, algunas cartas y recuerdos que pertenecían a diferentes momentos de la vida de Alessandro.
Entonces encontró una fotografía.
Era ella.
Elara la reconoció inmediatamente.
Se quedó inmóvil, observándola con incredulidad.
No recordaba haberle entregado aquella fotografía.
La dejó sobre la caja y continuó mirando.
Detrás de unos objetos había un lienzo cubierto por una tela oscura.
Algo dentro de ella le dijo que no debía tocarlo.
Aun así, retiró la tela.
Y el mundo pareció detenerse.
Frente a ella estaba su rostro.
No era una fotografía.
Era un retrato pintado con un nivel de detalle que le hizo comprender que alguien había dedicado muchas horas a conservar aquella imagen.
Su propia imagen.
Elara dio un paso hacia atrás.
Valentina había hablado de un recuerdo.
Pero aquello era mucho más.
Alguien había guardado su rostro durante años.
Y, de pronto, una pregunta comenzó a crecer dentro de ella.
¿Por qué?
No escuchó los pasos que se acercaban por el pasillo.
Tampoco escuchó cómo la puerta se abría detrás de ella.
Solo cuando oyó su nombre, Elara se giró lentamente.
Alessandro estaba allí.
Y su mirada estaba fija en el retrato.