Una chica de la era moderna reencarna en el cuerpo de Madeline, la prometida del frío Duque Elías. Tras quedar embarazada y decidida a proteger el futuro de su hijo, ella empaca sus maletas y huye lejos, escondiendo su rastro.
NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15
—¿Quién es? —preguntó intentando sonar tranquila.
—Soy yo.
La voz suave de Celia llegó desde el otro lado.
Madeline cerró los ojos.
De todas las personas que podían aparecer aquella noche, su madre era la última que esperaba.
Antes de que pudiera esconder nada, la puerta se abrió.
La condesa entró lentamente.
Y se detuvo.
Sus ojos recorrieron la habitación.
La capa.
Las botas.
La maleta.
Y finalmente el rostro de su hija.
El silencio que siguió pareció eterno.
—¿Te vas? —preguntó finalmente.
Madeline intentó responder.
Intentó inventar alguna excusa.
Pero las palabras no salieron.
Celia la observó durante unos segundos.
—Madeline.
Aquella sola palabra bastó para derrumbar cualquier mentira que intentara construir.
La joven bajó la mirada.
—Yo...
—Mírame.
Madeline levantó lentamente la cabeza.
La expresión de Celia era tranquila.
No estaba enfadada.
Ni decepcionada.
Eso solo hizo que le resultara más difícil contener todo lo que llevaba semanas guardando.
—No quiero quedarme aquí —confesó finalmente en voz baja.
La condesa permaneció en silencio.
—No quiero casarme con Elías.
No quiero que otros sigan decidiendo por mí.
No quiero vivir la vida que todos esperan que viva.
Las palabras comenzaron a salir una tras otra.
Como si hubieran estado atrapadas demasiado tiempo.
—Tengo miedo, madre.
La voz se le quebró por primera vez.
—Y no sé qué hacer.
Celia la observó en silencio.
Luego se acercó despacio.
—Llevo veintidós años siendo tu madre —dijo con suavidad—. ¿De verdad creías que no me daría cuenta de que algo te ocurría?
Madeline sintió que los ojos comenzaban a arderle.
—Últimamente apenas sonríes. Comes diferente. Pareces preocupada a todas horas. Y cada vez que tu padre menciona la boda, tu expresión cambia.
La condesa levantó una mano y acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja de su hija.
—No sé qué ocurrió durante la cacería.
No sé qué es lo que estás ocultando.
Pero sí sé una cosa.
Sus ojos se suavizaron.
—Desde hace semanas pareces una persona que está intentando escapar de una jaula.
Aquellas palabras golpearon directamente el corazón de Madeline.
Porque eran verdad.
Exactamente eso era lo que sentía.
Durante unos segundos ninguna de las dos habló.
Entonces, para sorpresa de Madeline, Celia tomó la maleta que estaba sobre la cama y la acercó a la puerta.
La joven abrió los ojos.
—¿Madre?
—Si has tomado esta decisión, imagino que ya lo pensaste mucho.
—¿No vas a detenerme?
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de la condesa.
Triste.
Pero sincera.
—No.
Madeline sintió que las lágrimas amenazaban con escapar.
—¿Por qué?
Celia la miró durante unos segundos.
—Porque prefiero una hija lejos y feliz... que una hija cerca y desgraciada.
Aquellas palabras terminaron de romper algo dentro de ella.
La condesa le entregó una pequeña bolsa de terciopelo.
La colocó en sus manos.
—Madre...
—No la rechaces, es dinero.
Madeline bajó la vista hacia la bolsa.
Sus manos temblaban.
—No sé cuándo volveré a verte.
—Lo sé.
Por primera vez aquella noche, Celia la abrazó.
Un abrazo cálido.
Firme.
Como los que Madeline había necesitado durante años sin darse cuenta.
—Cuídate —susurró la condesa—. Y cuando encuentres el lugar donde deseas estar... vive la vida que quieras vivir.
Madeline cerró los ojos.
Apretó con fuerza los brazos alrededor de su madre.
Intentando grabar aquel momento en su memoria.
Porque no sabía cuándo volverían a verse.
Ni siquiera sabía si volverían a verse.
Cuando finalmente se separaron, ambas tenían los ojos ligeramente húmedos.
Celia le dedicó una última sonrisa.
Luego abrió la puerta.
—Ve antes de que cambie de opinión.
Madeline soltó una pequeña risa entrecortada.
Tomó la maleta.
Se colocó la capucha.
Y avanzó hacia la salida.
Al cruzar la puerta, giró una última vez.
Celia seguía allí.
Observándola.
Sonriéndole.
Como si quisiera grabar aquella imagen para siempre.
Madeline sintió un nudo en la garganta.
—Te quiero, madre.
La sonrisa de Celia tembló apenas un poco.
—Yo también te quiero, hija.
Y por primera vez desde que llegó a aquel mundo, Madeline abandonó la mansión Feirchild por voluntad propia.
No como una noble obediente.
No como una prometida.
No como una pieza dentro de los planes de otros.
Sino como una mujer que había decidido tomar las riendas de su propia vida.
•
•
•
•
es sabía como ese Nathan que estuvo ahí espero que veamos pronto llegue lejos como también a ese tonto que le perdió
de irse más lejos y espero
que su madre la ayude a que no la
molesten temprano para darle tiempo
descubrirá que se escapó embarazada