A los cinco años, Elena Vega sobrevivió al intento de asesinato de su madre adoptiva tras la aparición del Sistema Dura de Matar. Esta interfaz le otorga datos tácticos, alertas de riesgo y a "Ratón Mayor": la encarnación física del sistema, un roedor con quien se comunica mentalmente para analizar venenos sin parecer loca.
Dieciocho años después, Elena regresa a la mansión Montenegro a reclamar su lugar como la verdadera heredera. Pero Camila, la falsa heredera, orquesta sabotajes y contrata sicarios para eliminarla.
Guiada por la lógica de su sistema, Elena desmantela cada trampa mientras Mateo, su atolondrado hermano biológico, absorbe sin querer los atentados como su "escudo humano" involuntario. ¿Podrá la impía rival salirse con la suya o sucumbirá ante la estratega más implacable?
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La cata de té y la trampa del invernadero
El estruendo del candelabro aún resonaba en la mente de Mateo, quien caminaba por los pasillos de la mansión con un paso rígido y la espalda inflamada. Sin embargo, para Don Fernando y Doña Rosa, el incidente no fue más que un triste traspié arquitectónico que justificaba, con más razón, acelerar la mudanza a la nueva propiedad.
Para "estrechar lazos" y pasar una tarde tranquila antes de la gran reunión de la alta sociedad, Camila organizó una sesión de té en el majestuoso invernadero de cristal del jardín trasero.
El lugar era un espectáculo visual: orquídeas exóticas, mesas de hierro forjado, galletas finas y una tetera de porcelana humeante en el centro.
—Quise preparar este momento especial para nosotras, Elena —dijo Camila con una voz suave como la seda, sirviendo el té en una taza delicada y ofreciéndosela con una sonrisa tímida—. Es té de manzanilla con flores silvestres. Es muy relajante... ideal para la tensión.
Elena, sentada al otro lado de la mesa redonda con las piernas cruzadas y la mochila al hombro, no estiró la mano.
[¡ADVERTENCIA DEL SISTEMA!] [Análisis de sustancia: Té de flores silvestres. Detección de extracto de Belladona concentrado (Atropa belladonna). Efectos: Parálisis muscular temporal e insuficiencia respiratoria en 5 minutos. Probabilidad de intoxicación: 100%.]
—«¡Alerta, Elena!» —chilló Ratón Mayor en su mente, asomándose apenas para olfatear la brisa del invernadero—. «¡Esta flor blanca no se rinde! Cambió el veneno rápido por uno que te deje paralizada en medio del jardín. ¡Cero estrellas en la atención al cliente de este té!»
—Té relajante... Qué amable —respondió Elena con una sonrisa irónica—. Lástima que según mis métricas de salud personal, el té preparado por herederas rivales aumenta la tasa de paro cardíaco en un noventa y ocho por ciento.
—¡Elena, por favor! —exclamó Camila, llevándose una mano al pecho con indignación simulada y lágrimas asomando en sus ojos—. ¡Es solo té! ¿Hasta cuándo vas a seguir humillándome frente a la familia? ¡Solo quiero ser tu hermana!
En ese momento, Mateo entró al invernadero sosteniendo una compresa de hielo en la zona lumbar.
—Oigan... ¿de qué hablan? —preguntó Mateo, deteniéndose al ver el ambiente tenso.
—¡Mateo! —chilló Camila, corriendo hacia él para sujetarlo del brazo—. ¡Dile algo a Elena! Le preparé un té con mucho cariño y vuelve a acusarme de querer hacerle daño. ¡Ya no puedo más con esta paranoia!
Mateo suspiró, mirando la taza humeante sobre la mesa y luego a Elena.
—Elena... de verdad, entiendo lo del coche, entiendo lo de la estufa y lo de la lámpara... pero es té. Una simple infusión de hierbas. Tampoco vas a ver un francotirador dentro de una tetera.
—Si estás tan seguro, bébelo tú —le sugirió Elena con frialdad y una ceja levantada.
—¡Pues claro que lo bebo! —declaró Mateo para demostrar que la casa no era una zona de guerra—. Para que veas que la gente normal no vive pensando en envenenamientos.
Mateo avanzó decidido, tomó la taza de porcelana y se la llevó a los labios.
[¡NOTIFICACIÓN DEL SISTEMA!] [Sujeto: Mateo. Probabilidad de ingesta de Belladona: 100%. Tiempo estimado para colapso respiratorio: 180 segundos. Recompensa por salvar al 'Escudo Humano': +80 Puntos de Cautela.]
—Mateo, no —dijo Elena.
—¡Lo voy a beber! —insistió él, inclinando la taza.
Antes de que la primera gota tocara los labios de Mateo, Elena dio un paso al frente, levantó la pierna con una precisión táctica impecable y le dio una patada certera a la mano de Mateo.
¡CRASH!
La taza de porcelana voló por los aires, estrellándose contra el suelo de losas del invernadero. El té líquido cayó sobre una pequeña maceta con margaritas blancas a un lado de la mesa. En cuestión de tres segundos, los pétalos de las margaritas se marchitaron y la planta se volvió negra y viscosa.
El silencio en el invernadero fue sepulcral.
Mateo se quedó con la mano vacía en el aire, mirando primero su muñeca roja por el golpe y luego la planta muerta en el suelo.
—Mi... mi mano —balbuceó Mateo, mirando las margaritas derretidas—. La... la planta se murió. La planta se murió en tres segundos.
—Belladona concentrada —comentó Elena con total tranquilidad, ajustándose la correa de la mochila—. Te dije que la tasa de paro cardíaco era alta. Sopesando alternativas: muñeca adolorida por mi patada frente a parálisis muscular y muerte lenta en el suelo del jardín. De nada, hermano.
Mateo miró a Elena, luego miró la planta negra y finalmente se volvió hacia Camila con la cara desencajada por el horror.
—¡Camila! —gritó Mateo, dando tres pasos atrás—. ¡¿Qué demonios tenía ese té?! ¡Iba a tomarme eso! ¡Iba a quedar como esa maceta!
Camila se puso blanca como la cera, le temblaron las rodillas y retrocedió hasta chocar contra una de las repisas de cristal.
—I-Iba... ¡Yo no fui! —balbuceó Camila perdiendo por completo la compostura—. ¡Los sirvientes! ¡Alguien debió confundir las hierbas en la cocina! ¡Yo no sabía nada!
En ese preciso instante, Doña Rosa y Don Fernando aparecieron por la entrada arbolada del invernadero, atraídos por los gritos.
—¡Niños! ¿Qué es este escándalo? —preguntó Don Fernando.
—¡Mamá! ¡Papá! —exclamó Mateo corriendo a refugiarse detrás de su padre—. ¡El té de Camila derritió una maceta! ¡Iba a matarme a mí por accidente!
Doña Rosa miró la maceta negra, luego miró a Camila llorando descontroladamente y finalmente suspiró con una sonrisa llena de comprensión maternal.
—¡Ay, Camila, tesoro! —dijo Doña Rosa acercándose para abrazar a la falsa heredera—. Te dije que la botánica experimental era un pasatiempo muy peligroso. Confundir flores de manzanilla con plantas silvestres del jardín le pasa a cualquiera en su primera clase de jardinería.
Mateo abrió la boca tanto que casi se le cae la mandíbula.
—¡¿Primera clase de jardinería?! ¡Mamá, casi me derrite el estómago!
—Pero no pasó nada, mi amor —respondió Don Fernando dándole una palmadita en la cabeza a Mateo—. Gracias a Dios, Elena siempre está atenta con sus reflejos atléticos. ¡Qué suerte tenemos de que se cuiden tanto! Mañana mismo contrataremos a un nuevo jardinero para que limpie las hierbas malas del lugar.
Mateo miró a sus padres, quienes consolaban a Camila mientras hablaban del nuevo diseño floral para la mansión nueva, y luego miró a Elena.
Elena sacó a Ratón Mayor del bolsillo, le ofreció un trozo de galleta seca de la mesa y miró a su hermano con una sonrisa de absoluta piedad.
—Te lo dije, Mateo —murmuró Elena—. En esta casa, la ignorancia es un arte y tú sigues siendo el blanco favorito.
—Elena... —susurró Mateo con voz quebrada, aferrándose al brazo de su hermana—. A partir de hoy, no me separes de ti ni para ir al baño. Definitivamente eres mi único seguro de vida.