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MALA DESDE LA CUNA Esta Señorita Te Sorprenderá

MALA DESDE LA CUNA Esta Señorita Te Sorprenderá

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lyanne Vesper siempre fue considerada la hija dócil de la poderosa Casa Vesper. Dulce, obediente y sin ambición. Una señorita incapaz de hacer daño. Pero todos estaban equivocados.

Lyanne no se volvió mala por culpa del mundo. Nació así. Desde niña aprendió a esconder sus colmillos detrás de una sonrisa inocente y a convertir las debilidades ajenas en armas.

Cuando el heredero Kaelen la toma como esposa mientras continúa obsesionado con Wynne, Lyanne comprende que el amor nunca será su moneda de cambio. Si no puede tener su corazón, tendrá algo mucho más valioso: el poder.

Entre intrigas, traiciones, venenos, guerras entre clanes y una lucha por el Trono de la Luna, Lyanne moverá cada pieza sin que nadie descubra quién está detrás.

Porque cuando todos creen estar jugando contra ella…

ya han perdido.

Y Lyanne solo sonríe.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL NUEVO ORDEN

Los meses siguientes transformaron la Ciudadela. No de golpe, sino como la semilla que rompe la tierra: lento, pero imparable. Kaelen volvió a sentarse en el trono, pero ya no solo. Yo estaba a su lado, no como invitada, sino como su igual. Las puertas del consejo se abrieron para mí de forma permanente. Los ancianos dejaron de murmurar cuando vieron que mis decisiones traían prosperidad: los graneros se llenaron, los caminos se repararon, los clanes fronterizos firmaron tratados de paz sin derramar una gota de sangre. El respeto reemplazó al miedo, y donde antes había recelo, ahora había confianza.

Pero la paz entre Kaelen y yo era frágil, como hielo fino sobre agua profunda. Nos hablábamos con cortesía, trabajábamos en perfecta sintonía, gobernábamos como nadie lo había hecho antes… y sin embargo, dormíamos en habitaciones separadas. Una distancia silenciosa, respetuosa, pero infranqueable, se había instalado entre nosotros.

Una tarde de primavera, caminábamos por los jardines reales, viendo a Elian perseguir mariposas entre los arbustos. El niño reía, corría sin cuidado, y su alegría nos envolvía a ambos, suavizando los bordes afilados de nuestra relación.

—Lo hacemos bien —dijo Kaelen de pronto, sin mirarme—. El reino. El hijo. Todo. Sería fácil creer que somos perfectos.

—Somos buenos gobernantes —corregí suavemente—. Eso no significa que no tengamos heridas.

Se detuvo junto a un rosal en flor, mirando las rosas rojas que se mecían con el viento.

—A veces me pregunto si algún día podré verte sin pensar en todo lo que costó llegar aquí. Si podré mirarte y no ver la batalla, ni el pueblo eligiéndote, ni el trono que se inclinó ante ti antes que ante mí. Si podré verte simplemente… a ti.

Me acerqué un paso, sin tocarlo, respetando su espacio.

—Yo también me pregunto eso. Si algún día dejaré de esperar que me traiciones. Si dejaré de estar siempre en guardia, incluso contigo. Pero las heridas no sanan de un día para otro. Solo podemos seguir caminando. Y ver si el tiempo nos da algo mejor que lo que perdimos.

Me miró entonces, y por primera vez en mucho tiempo, no vi dolor ni celos en sus ojos. Vi esperanza. Tímida, frágil, pero real.

—¿Me perdonarías alguna vez? —preguntó, casi en un susurro—. Por encerrarte. Por dudar de ti. Por elegir mi orgullo antes que mi reino.

—Ya te perdoné —respondí con sinceridad—. No porque lo merecieras, sino porque te necesitaba. No como un rey a mi sombra. Sino como mi compañero. Igual a mí. No más, no menos. Y si podemos ser eso… entonces todo lo que pasó habrá valido la pena.

En ese momento, un jinete entró galopando por la puerta principal, rompiendo la calma del jardín. No venía con la urgencia desesperada de la guerra. Venía con cansancio, con la ropa desgastada por el viaje, el rostro marcado por años de ausencia. Kaelen y yo nos acercamos, confundidos. El jinete desmontó, y al levantar la vista, sentí que el aire se me escapaba. Era un hombre joven, de ojos oscuros y rostro endurecido, con un emblema bordado en su capa: el lobo de los clanes del Norte.

—Vengo de las tierras altas del Norte —dijo, con voz ronca por el frío y el viaje—. Traigo noticias de la mujer que se fue. De Wynne.

Kaelen dio un paso adelante, tenso de golpe.

—¿Está viva? ¿Viene?

—Está viva —respondió el mensajero—. Pero no viene con guerra. No más. Se enfermó el invierno pasado. Una fiebre que no la soltaba. Antes de caer en cama, me entregó esto. Dijo que debía traerlo a vos. Solo a vos.

Extendió una mano y en su palma descansaba un collar sencillo, con una piedra azul opaca y desgastada. Kaelen lo tomó con manos temblorosas, reconociéndolo al instante.

—Se lo di —susurró—. Cuando nos conocimos. Era suyo… y se lo di de vuelta.

—Me pidió que os dijera algo —continuó el hombre, bajando la mirada—. Dijo: “Dile que la guerra terminó el día que solté la espada. Que no gané, pero tampoco perdí. Que encontró la paz donde no esperaba encontrarla: en dejar de luchar por lo que nunca fue suyo. Y dile a la reina… dile que cuide bien lo que tiene. Porque yo lo cuidé en mi lugar mientras estuve lejos, y ahora… ahora le toca a ella.”

Un silencio largo y suave cayó sobre nosotros. Kaelen apretó el collar contra su pecho, cerró los ojos, y cuando los abrió, había algo distinto en ellos. Una liberación. Un cierre que llevaba años esperando.

—¿Está muerta? —preguntó él con voz tranquila, sin dolor, solo con la certeza de un final.

—Murió hace tres semanas —respondió el mensajero—. En paz. Sin rencor. Dijo que su último pensamiento fue de agradecimiento, no de venganza.

Kaelen asintió lentamente. Le entregó al hombre una bolsa de monedas.

—Descansa hoy. Mañana te daré una respuesta. Y una carta. Para su memoria.

Cuando el mensajero se marchó, nos quedamos solos en el jardín. Elian jugaba lejos, ajeno a todo. Kaelen miró el collar en su mano, luego me miró a mí.

—Se fue —dijo suavemente—. De verdad se fue. Y no me duele como creí que me dolería. Me siento… libre. Como si hubiera llevado un peso todos estos años y ahora por fin lo solté.

—Te dolerá a veces —dije con ternura—. No dejes que nadie te diga que no debes sentirlo. Pero ahora… ahora también tú puedes seguir adelante. Sin sombras. Sin fantasmas. Solo nosotros.

Se acercó hasta estar a un paso de mí, y por primera vez en años, me tomó la mano con naturalidad, sin tensión, sin miedo.

—Ella dijo que cuidaras lo que tienes —murmuró—. Tienes razón. No merezco todo esto. Pero voy a intentar ser digno de ello. De ti. De él. De este reino.

—Lo eres —respondí—. No por nacimiento. Sino por elección. Y la elección es lo que nos hace reyes. Y personas.

Esa noche, escribí en mi cuaderno, con una calma que nunca antes había sentido:

La sombra se ha ido. No con espadas ni con batalla. Se fue en silencio, dejando tras de sí no odio, sino una lección. Ella también era prisionera de su propio dolor. Y al final, la libertad llegó cuando dejó de luchar contra lo que no podía cambiar. Kaelen llora, pero no de desesperación. De despedida. Y en esa despedida, nace algo nuevo entre nosotros. No el amor apasionado y ciego que él sintió por ella. Sino algo más fuerte: respeto. Confianza. Una compañía que no necesita consumirse para existir. El trono ya no pesa solo sobre mis hombros. Ya no pesa solo sobre los suyos. Lo llevamos juntos. Y por fin… se siente ligero. Mala desde la cuna, sí. Pero hoy… hoy también soy libre. Libre de rivalidades. Libre de fantasmas. Libre de probar que soy suficiente. Porque ya lo soy. Y eso… es el mayor triunfo de todos.

Cerré el cuaderno. Me acosté junto a la cuna de Elian, y por primera vez en años, no miré hacia el norte con temor. Miré hacia el amanecer, sabiendo que el futuro, por incierto que fuera, sería nuestro. Construido por nosotros, defendido por nosotros, amado por nosotros.

Y cuando el sol salió al día siguiente, bañando la Ciudadela de luz dorada, supe que la historia no había terminado. Pero el capítulo más difícil… sí. Y lo que venía después… sería nuestro regalo.

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Cecilia Rodriguez
bonita novela, gracias por escribirla y compartirla 🌷🌷🌷
EspirituCreativo: Gracias lectora me encanta que te guste...
total 1 replies
Vanessa Ibáñez Fernández
perdieron el primer que??
Vanessa Ibáñez Fernández
no entinedo porque hace un diario, eso no sería como dejar una evidente evidencia??
EspirituCreativo: Jeje lectora
total 3 replies
Ingrid Perez
Felicidades una historia muy bonita de enseñanza gracias te deseo muchísimas bendiciones 🤗😘
EspirituCreativo: Gracias lectora
total 1 replies
🥰Paty💕 💖
tengo una duda,si en la noche de bodas el no fue a verla como quedó embarazada porque claramente ella dijo que fue en su noche de bodas pero en el capítulo de la noche de bodas se dijo que el fue directo con la amante y no fue con ella ,podría ser tan amable de sacarme la duda ☺️
🥰Paty💕 💖: muchas gracias 🥰por aclarar mis dudas 🥰eres muy buena escritora 👏
total 2 replies
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