Él dijo que era la peor novela que había leído.
El universo decidió convertirlo en protagonista.
Johan Libert tenía una misión sencilla: entrar en una novela, demostrar que la historia era absurda y salir victorioso.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de criticar públicamente una historia por ser “incoherente”, Johan despierta en un mundo donde existen alfas, betas y omegas.
Y descubre algo todavía peor.
Él es un omega.
Para regresar a su mundo deberá cumplir una condición completamente ridícula: conquistar al hombre que el sistema ha elegido como su pareja destinada.
Un alfa frío. Poderoso. Terriblemente atractivo.
Y, para desgracia de Johan…
completamente obsesionado con él.
—¡Esto no tiene sentido! —grita Johan.
El sistema responde:
[Corrección detectada.]
[El protagonista acaba de enamorarse.]
—¡YO NO ME ESTOY ENAMORANDO!
[Negación registrada.]
[Nivel de enamoramiento: 87 %.]
Ahora Johan tendrá que sobrevivir a un romance que jamás pidió.
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El trío del alfa con sus omegas
La noche avanzaba y el ambiente se volvió más denso, cargado de un calor que no venía de la calefacción, sino de la presencia del alfa y el aroma de celos y deseo que emanaban los omegas. Adrián se recostó en el amplio diván, con la pierna cruzada, y atrajo a Johan hacia sí, haciéndolo sentar entre sus piernas, con la espalda apoyada contra su pecho. Su mano descansó pesada y posesiva sobre su cadera, marcando territorio sin necesidad de palabras.
—Acérquense —ordenó, su voz baja y ronca, cargada de autoridad—. La noche es joven. Y mis omegas no deben quedarse con las ganas.
Luka, Elías y Marco se acercaron despacio, con movimientos fluidos y sumisos, sabiendo exactamente cuál era su lugar y su función. Marco se arrodilló a los pies del diván, sus manos rozando con suavidad las piernas de Adrián, mientras Luka y Elías se colocaban a los costados, sus miras fijas en su alfa, esperando su señal.
Johan se tensó entre los brazos de Adrián, sintiéndose observado, sintiéndose parte de algo que no había pedido. El alfa notó su tensión y le susurró al oído, sin dejar de mirar a los otros tres:
—Relájate, favorito. Nadie te quita tu lugar. Tú eres el centro. Ellos son… el complemento. Disfruta de ser el primero en todo.
Adrián pasó una mano por el cabello de Johan, apretando levemente para obligarlo a inclinar la cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello y la marca que brillaba con fuerza. Luego, sin dejar de sujetarlo, extendió la otra mano hacia Marco, que se inclinó para recibir su toque con devoción absoluta.
—Todos sois míos —dijo Adrián, en voz alta para que todos escucharan—. Cada uno cumple su función. Cada uno da lo que tiene. Y yo tomo lo que merezco. Pero recuerden: lo que él recibe, nadie lo iguala. Lo que él pide, nadie se lo niega. Si él no está satisfecho, ninguno lo estará.
La mano de Adrián bajó por el pecho de Johan, lenta y posesiva, mientras con la otra guiaba a Luka hacia su cuello, donde el omega empezó a besar su piel con suavidad, sin atreverse a subir más allá de lo que el alfa permitía. Elías se acercó por el otro lado, rozando su mano contra la de Johan, un gesto de ofrecimiento, de respeto, de saber que él mandaba.
—No te resistas —le murmuró Adrián contra su oreja, mordiéndole levemente el lóbulo—. Deja que te den placer. Deja que ellos sirvan para lo que están aquí. Tú solo recíbelo, como mi favorito.
Johan cerró los ojos, la cabeza dándole vueltas entre el placer que le causaba el toque de Adrián y la extraña, intensa sensación de ser el centro de todo. Las manos de Marco subieron por sus piernas, suaves y expertas, buscando arrancarle gemidos, mientras Luka y Elías besaban su piel con respeto, como si tocaran algo sagrado. Adrián observaba todo, con una sonrisa oscura y satisfecha, disfrutando de la vista, de su poder, de ver a su omega principal recibiendo todo lo que él decidía darle.
—Así —decía el alfa, apretando la cadera de Johan con fuerza—. Así me gusta. Que todos sepan quién es el primero. Que todos sepan quién es mi favorito. Tú solo disfruta. Yo controlo todo aquí. Yo decido cuándo empieza y cuándo termina. Nadie te toca sin mi permiso. Nadie te mira sin mi voluntad.
Cuando la mano de uno de los omegas se atrevió a subir más de lo debido, Adrián lo detuvo con una mirada fría y cortante.
—¿Quién te dio permiso para eso? —preguntó, sin levantar la voz, pero con una frialdad que heló la sangre de todos—. Él es mío. Tú eres para mí. Nunca lo olvides. Si cruzas esa línea… ya sabes qué pasa.
El omega bajó la cabeza, disculpándose de inmediato, temblando de miedo. Adrián soltó un gruñido bajo y volvió a centrar toda su atención en Johan, besándole el cuello justo sobre la marca, con una posesión que quemaba.
—Tú eres el único que puede tomar todo —susurró contra su piel—. El único que no tiene límites conmigo. Ellos… ellos solo llenan los espacios. Pero el centro… el centro siempre es tuyo.
La noche avanzó entre sombras, roces y gemidos, entre el placer compartido y la jerarquía inquebrantable. Adrián tomaba de todos, daba a todos, pero sus ojos no se apartaban de Johan ni un instante. Cada gemido de su favorito era un triunfo. Cada temblor de su cuerpo era confirmación de que nadie ocupaba su lugar.
Cuando terminó, los omegas se retiraron en silencio, dejando agua limpia y toallas, sin hacer preguntas, sin quedarse más de lo necesario. Adrián se quedó recostado, tiró de Johan para que se recostara sobre su pecho, y lo envolvió con su brazo, firme, pesado, innegable.
—¿Ves? —dijo, acariciando su espalda con un ritmo lento y perezoso—. Todo funciona como debe ser. Ellos cumplen su papel. Tú cumples el tuyo. Y yo… yo soy el dueño de todo. Incluyendo tu placer. Incluyendo tu vida.
Johan descansaba sobre él, el cuerpo aún vibrante, la mente enredada entre el placer y la extraña seguridad de ser el primero. No era amor. No era exclusividad. Pero era el puesto más alto. Era la prioridad. Y en ese mundo, eso era más de lo que la mayoría podía soñar.
[⚠️ VÍNCULO: 100% — ESTABLE.]
[Jerarquía reafirmada: Tú eres el primero. Los demás son complementarios. No hay celos detectados en Adrián hacia los otros omegas; hay posesión absoluta sobre ti.]
[Tu posición es intocable… mientras sigas siendo su favorito.]
—Duerme —ordenó Adrián, cerrando los ojos—. Mañana te necesito descansado. Mi favorito no puede verse débil.
Johan cerró los ojos, sintiendo el latido firme y constante del corazón del alfa bajo su oído.
—Sí, Adrián —susurró.
Y por primera vez, no lo dijo por sumisión. Lo dijo porque sabía que, pase lo que pase, nadie lo igualaba. Y eso… era poder.