Catalina solo conoció un amor, el de su padre. La única persona que la quiso se fue de éste mundo sabiendo todo lo que tendría que afrontar su pequeña.
Hay personas que nacen para sufrir, la protagonista es una de ellas 💔
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18 MERCEDES
Mi amiga llegó con su hija sin avisarme. Le había estado orando a mi Dios por darme una salida.
Y me escuchó, María y mi sobrina Luisa por fin habían llegado. Para mí eran como mi hermana y mi sobrina.
Llevaba mucho tiempo pidiendo que se decidieran a venirse a vivir conmigo. Y por fin lo habían hecho.
Ellas venían todos los años a acompañarme, venían en la época de vacaciones, que era donde mucha gente venía al pueblo, y había más trabajo, eran muy pobres, siempre llegaban muy delgadas y se iban en mejores condiciones. Su vida no era buena, pero ella no quería dejar a su hija y lo entendía.
Mi hostería, no era la única que había en el pueblo, pero si la que ofrecía las comidas más ricas y contundentes.
Tenía una gran huerta, de ahí cosechaba mi verdura fresca y también la que guardaba para el año. Cómo las papas, porotos secos. Lentejas, ajos y cebollas
Me gustaba esa vida, es la que yo había elegido y era muy diferente en la que crecí.
Fui hija única, mi madre era una mujer callada, que no tenía voz. La voz que mandaba era la de mi padre, un terrateniente que añoraba un varón que mi madre no pudo darle.
A los trece años sin avisarme me caso con un amigo que hacía poco había enviudado. Carlos tenía más de cuarenta años y no tenía hijos.
La mala vida y los golpes comenzaron desde que me casé
Y el abuso era de todas las formas posibles.
Porque las mujeres nacen para perdonar y obedecer. Así fui criada. Aunque en mi interior siempre me revelaba.
Tuve a mi primer hijo a los catorce años y el segundo a los dieciséis. Pero tuve problemas en el parto y perdí toda mi matriz. Por lo que no le pude dar más hijos.
Los amé y los crié con todo el amor que les podía entregar.
Pero cuando ya eran adolescentes, empezaron a creer que yo no era la madre sino una empleada más de la casa
No lo acepté, y ese fue mi error, avalados por su padre. No tenían ni un respeto por mí.
Trate mil veces de conversar y explicarles que no era correcto como su padre me trataba, pero para ellos era perfecta la actitud machista de él.
Carlos ya no golpeaba, según él desde que dejé de ser mujer, yo no valía la pena. Pero sus palabras y comentarios herían más que una cachetada.
Aún no cumplía los treinta años y ya no soportaba la vida entre esos tres hombres.
Pero la vida siempre te ofrece soluciones.
Carlos se enamoró de otra mujer, más joven que yo. Él ya era un hombre viejo, pero se obnubiló con esta muchachita.
Y me propuso un divorcio, en esos años era algo que no se usaba y era mal visto en la sociedad.
Me hice un poco la ofendida y acepté. Me entregó una buena cantidad de dinero para que me fuera de la casa. Pero tenía condiciones. No podía casarme y nunca trabajar.
Con mi familia nunca más volví a tener contacto. Era una hembra y las hembras no tienen valor. Toda la herencia de ellos pasaría directamente a sus nietos. Así me aclaró mi padre la última vez que lo vi.
Y mis hijos después de rogarles que se vinieran conmigo, no aceptaron. Nunca me quisieron, Carlos el mayor me dijo que se iría a estudiar al extranjero y el menor se haría cargo de la propiedad.
--Tú no tienes cabida en nuestras vidas Madre.
--Solo eres un estorbo. Deja que papá sea feliz con su nueva esposa.
¿Podría haber cambiado mi vida si hubiera sido una mujer diferente, con más carácter? Creo que sí. Pero ese era mi karma seguir sola con mi vida.
Me fui a vivir a un lugar cerca de la casa grande.
Pero no era feliz , me sentía acabada como una vieja. Tomé mis maletas y subí a un tren para que me llevare lo más lejos posible de ellos.
Cuando llegue a la capital, tomé otro tren para irme al sur.
Y aquí estoy veinticinco años después.
Llegué a éste pueblo y me gustó, tranquilo, alejado y rodeado de montañas, estábamos relativamente cerca de la frontera. Se veía prometedor. Compré una propiedad al banco.
Tenía una hermosa y gran casa, que convertí en la primera Hostería Tenía diez habitaciones y un gran comedor.
Con los años me reencontré con un familiar lejano. Qué chico es el mundo. Me conoció a pesar de los años. Me contó muchas cosas de mi pasado. Él había sido doctor y había atendido a mi exmarido.
Por un accidente perdió su pierna y la nueva esposa lo dejó. Me buscaron, él y mis hijos para que lo cuidara. Nunca me encontraron.
Conocí a Ezequiel cuando me ofreció unos hermosos pajaritos de madera. Eran realmente únicos, tallados con delicadeza.
Él no habló mucho, era un hombre muy respetuoso y me encantó. A pesar de que llevaba más de veinte años sola, nunca había querido rehacer mi vida. Y no había sido por falta de interés de los hombres del lugar. A todos alejaba
Había sufrido al lado de un hombre machista y malo. Y no pensaba volver a lo mismo.
Amaba mi independencia.
Comenzó una amistad en la que yo esperaba su bajada de la montaña con sus artesanías.
Sin darme cuenta su trato impersonal hizo que me fuera interesando en él.
Era un hombre misterioso. ¿Quién era realmente Ezequiel?
¿Que ocultaba? Con su mirada de dolor y vergüenza
La vida es una caja de sorpresas, porque su historia la supe por un compañero de armas.
Que vino por negocios, y sabía que él vivía por esas soledades.
Me contó todo, del matrimonio fallido, de su esposa que había sido prostituta que le había sido infiel. Y de las muertes de sus pequeños.
Había asesinado a su mujer en un estado de locura. Y lo pagó con sus años tras las rejas. Y no solo eso. El siguió castigándose, al elegir una vida alejado de todos.
¿Como una persona puede elegir sufrir? Y yo que pensaba que mi vida había sido mala.
Si actitud fue cambiando con la llegada de la niña. Su mirada bajó la intensidad del dolor y por primera vez lo vi sonreír.
Sus hermosos ojos verdes se habían suavizado.
Catalina había llegado a su vida cuando ambos sé necesitaban.
Era una pequeña con una mirada intensa y vieja. Como si sus pocos años la hubieran marcado.
No era justo. Pobrecita, ¿cuál era su pecado? Ninguno, solo haber nacido en la madre equivocada.
Y eso ella tampoco tenía la culpa.
Sentía que me necesitaban, los dos. Me sentí feliz cuando estuvieron en mi casa.
Y también triste y preocupada cuando tuvieron que partir por el disparo de Ezequiel.
Lo pensé mucho, y quería cambiar mi vida.
¿Puede una mujer mayor como yo optar a una nueva relación?
Tenía miedo, miedo del rechazo. Pero también del fracaso.
Había descubierto que no quería seguir envejeciendo sola, quería un compañero.
Se que Dios lo puso en mi camino y que si yo no iba, y hablaba. Él jamás lo haría.
Y aquí estoy.
Preparé dos maletas, María y su hija quedarían a cargo de todo y yo me iría a "visitar" a mis amigos.
¿Qué iba a buscar?
Dilo Mercedes.
Quería una familia.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Entre tú y yo, ¡qué mucho echaba de menos tus letras!