SINOPSIS ~
Amaris ha aprendido que sobrevivir significa no llamar la atención, no confiar demasiado y sobre todo ocultar aquello que te hace diferente
Pero al acercarse a sus 18 años su vida comienza a cambiar secretos que nunca pidió conocer salen a la luz
Personas desconocidas entran en su camino y alguien que parece saber más de ella de lo que debería
Entré magia peligros y sentimientos que jamás esperaba encontrar Amaris tendría que descubrir en quien confiar
Por qué hay verdades capaces de cambiar una vida y hay destinos que fueron escritos mucho antes de que pudiéramos elegirlos
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UNA MIRADA DIFERENTE
El sol comenzaba a desaparecer detrás de las montañas.
Los tres habían dejado el pueblo atrás hacía varias horas y ahora caminaban por un sendero rodeado de árboles.
Nox avanzaba unos metros delante de ellos.
Sus enormes patas apenas producían sonido sobre la tierra.
Amaris lo observaba de vez en cuando.
Todavía le resultaba extraño caminar junto a una criatura como aquella.
Un Fenrir.
Y mucho más extraño era recordar que Kael podía invocarlo.
—Todavía estás mirando a Nox —dijo Kael.
Amaris giró ligeramente la cabeza.
—No lo estoy mirando.
Arnold soltó una risa.
—Llevas como diez minutos haciéndolo.
—Solo estoy intentando entenderlo.
Kael sonrió.
—¿Qué quieres entender?
—Cómo puedes controlar una criatura así.
Kael miró a Nox.
—No lo controlo.
Amaris frunció el ceño.
—¿Entonces?
—Lo invoco. Él decide si quiere escucharme.
Arnold levantó una ceja.
—Eso suena bastante peligroso.
—Lo es.
Amaris guardó silencio.
Había algo en la manera en que Kael hablaba de Nox.
No parecía estar hablando de un arma.
Ni siquiera de una simple criatura mágica.
Parecía hablar de un compañero.
—¿Desde cuándo lo tienes? —preguntó ella.
Kael tardó unos segundos en responder.
—Desde hace algunos años.
—¿Y cómo lo conociste?
Kael sonrió ligeramente.
—Esa es una historia larga.
Amaris entendió la indirecta.
No quería hablar de ello.
—Está bien.
Kael la miró de reojo.
Parecía sorprendido de que no insistiera.
Cuando el cielo comenzó a oscurecerse, decidieron detenerse.
Encontraron un pequeño claro protegido por varios árboles.
Arnold se encargó de recoger algunas ramas mientras Kael preparaba el lugar para encender una fogata.
Amaris permaneció sentada sobre una piedra.
Observaba el movimiento de las llamas.
Durante unos minutos ninguno habló.
Hasta que Arnold rompió el silencio.
—¿Sabes qué me parece extraño?
—¿Qué? —preguntó Amaris.
—Que ahora somos tres.
Amaris sonrió ligeramente.
—Siempre fuimos dos.
—Exactamente.
Arnold miró hacia Kael.
—Y ahora tenemos un noble problemático y un lobo gigante.
Kael levantó la mirada.
— Fenrir.
—Lo que sea.
Amaris soltó una pequeña risa.
Kael la miró.
Era la primera vez que la escuchaba reír de verdad desde que se habían conocido.
No dijo nada.
Pero lo recordó.
Más tarde, mientras Arnold dormía junto al fuego, Amaris permanecía despierta.
No podía dormir.
Había demasiadas cosas dando vueltas en su cabeza.
La mansión.
El hombre que los había estado siguiendo.
Kael.
Nox.
Y aquel extraño sentimiento que había tenido cuando el Fenrir la miró.
Amaris levantó el rostro.
Nox estaba acostado a unos metros de distancia.
Sus ojos verdes permanecían abiertos.
Mirándola.
—¿Qué quieres? —murmuró.
Nox no respondió.
Amaris suspiró.
—No entiendo por qué me miras tanto.
El Fenrir se levantó.
Sus enormes patas tocaron lentamente la tierra.
Amaris permaneció quieta mientras se acercaba.
Nox se detuvo frente a ella.
Bajó la cabeza.
Amaris extendió una mano.
Esta vez no la retiró.
Sus dedos tocaron suavemente el pelaje negro.
Era mucho más suave de lo que había imaginado.
Nox cerró los ojos durante unos segundos.
Amaris sonrió.
—Así que también puedes ser tranquilo.
Nox abrió los ojos.
Sus pupilas se fijaron en ella.
Por un instante, su expresión cambió.
Amaris no supo cómo describirlo.
Era casi como si la estuviera reconociendo.
Como si hubiera encontrado algo familiar.
Nox bajó lentamente la cabeza.
Después inclinó ligeramente su cuerpo.
Amaris parpadeó.
—¿Porque haces eso?
El Fenrir permaneció inclinado.
Amaris soltó una pequeña risa.
—Definitivamente eres bastante extraño.
Desde su lugar, Kael abrió los ojos.
Había despertado unos segundos antes.
Observó a Nox.
Después a Amaris.
Su expresión se volvió ligeramente seria.
Nox nunca hacía aquello.
No con cualquiera.
Kael decidió no decir nada.
Cerró los ojos nuevamente.
A la mañana siguiente, Arnold fue el primero en levantarse.
—Buenos días.
Amaris estaba sentada cerca de la fogata apagada.
—Buenos días.
Arnold bostezó.
—¿Dormiste?
—Un poco.
—Eso significa que no dormiste.
—Significa que dormí un poco.
Arnold negó con la cabeza.
—Eres imposible.
Kael apareció poco después.
Nox caminaba a su lado.
Amaris volvió a observarlo.
Esta vez el Fenrir la miró directamente.
Amaris inclinó ligeramente la cabeza.
Nox hizo lo mismo.
Arnold miró a ambos.
—¿Están teniendo una conversación?
—No —respondió Amaris.
—Porque parece que sí.
Kael sonrió.
—Tal vez Nox simplemente la entiende.
Amaris se encogió de hombros.
—O quizás está igual de confundido que yo.
Kael soltó una pequeña risa.
— Es muy Probable
Los tres recogieron sus cosas y continuaron el camino.
Amaris caminaba delante.
Arnold a su lado.
Kael detrás, acompañado por Nox.
Por primera vez desde que se habían encontrado, el silencio entre ellos ya no parecía una barrera.
Parecía comodidad.
Sin embargo, ninguno de los tres sabía que alguien más seguía sus pasos.
A varios kilómetros de distancia, entre los árboles, una figura avanzaba siguiendo las huellas que habían dejado.
El hombre se detuvo.
Miró el suelo.
Había huellas de tres personas.
Y otras mucho más grandes.
Se agachó.
Tocó una de ellas.
—Un Fenrir...
Su expresión permaneció tranquila.
Se incorporó y continuó caminando.
Mientras tanto, el grupo seguía avanzando sin saber que alguien se acercaba cada vez más.
Y Nox, por alguna razón que ni siquiera él parecía comprender...
volvio la cabeza hacia atrás
Sus ojos verdes observaron el camino.
Después miró hacia adelante donde estaba Amaris.
Y durante unos segundos, permaneció completamente quieto.
Como si hubiera sentido algo.
Algo que los demás todavía no podían percibir.
Amaris no lo notó.
Simplemente siguió caminando.
Sin imaginar que, desde el momento en que Nox la había visto por primera vez, había reconocido en ella algo que todavía permanecía dormido.
Algo antiguo.
Algo que algún día despertaría.
pero ese día estaba lejos.