Zoe y Antoni nacieron con cucharas de plata en la boca. Rodeados de opulencia y acostumbrados a la adulación, ambos han forjado una coraza de orgullo y narcisismo que los hace inmunes a la empatía. Sus mundos son un escenario de apariencias, donde cada sonrisa es calculada y cada palabra un arma.
Él, Antoni, un tiburón de los negocios, acostumbra a tener todo lo que desea, y el control es su droga más preciada. Su arrogancia es su bandera, y su éxito, su mayor orgullo. Ella, Zoe, una belleza fría y distante, se deleita en la manipulación y la competencia. Su ego es un monstruo que necesita ser alimentado constantemente con admiración y poder.
Sus caminos se cruzan en una fiesta exclusiva, donde la atracción inicial se mezcla con el desafío. Comienza entonces un juego de ajedrez mental y emocional, donde el objetivo no es ganar un amor, sino conquistar un ego.
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planes.
En palabras de Zoe...
Cuando abrí los ojos Antoni estaba sentado en la pequeña sala de la habitación mirando su teléfono.
— Todo está bien?— le pregunté pues su cara estaba rígida.
— Si, tu papá mando mensaje hace unos minutos preguntado como estaba todo al parecer alguien le dijo de la pelea con el hombre de la otra noche.— dijo respirando profundamente y recargándose en sillón.
—Pero solo un par de personas vieron lo que pasó en la fiesta.. ¿quién pudo habérselo dicho? —pregunté, sintiendo cómo se me apretaba el estómago
Antoni dejó el teléfono sobre la mesa de centro y se pasó las manos por la cara, soltando un largo suspiro de frustración.
—No tengo idea, Zoe. Pero tu padre fue muy claro. Cree que la situación aquí se puede salir de control y no quiere que corras ningún riesgo innecesario. Mañana al mediodía tenemos que estar en el auto de regreso a la ciudad.
Me levanté de la cama con la sábana en el cuerpo y caminé hasta Antoni, el me miró enseguida y tomo mi mano atrayendome hasta el puse cada una de mis piernas a sus costados sentandome encima de él de frente.
Sus manos tomaron mi cintura y mis glúteos, pude sentir su cintura moviéndose hacia mi, pidiéndome más.
— Por qué no desobedecemos a mi padre y tú y yo pasamos un par de días aquí.— dije moviendo mi cintura con lentitud sintiendo como su hombría se despertaba.
— Sabes bien que no podemos hacer eso, Pero yo tengo un departamento que está disponible para ti.— dijo Antoni y yo sentí una punzada en el pecho.
Lo bese enseguida y poco a poco sus besos bajaron por mi cuello hasta mis senos.
Deje caer la sabana al piso y Antoni se abrió la bata que llevaba puesta y me senté en su hombría y ambos soltamos un jadeó que se ahogo con un beso.
— mmm Zoe me vuelves loco.— dijo Antoni y yo me comencé a mover necesitaba tanto de él, lo que me hacía sentir me llenaba de vida y energía.
Era tanta la pasión entre los dos que me daba miedo, sus manos sobre mi nalgas moviéndome mientras las apretaba.
— Ahhh si Antoni ...mmm ...ahhh.— dije echando mi cabeza atrás mientras el me sostenía.
Nuestros movimientos se hicieron más rápidos y fuertes antes que llegáramos al clímax, Antoni tomo mi rostro y me beso, mientras mi cuerpo temblaba de placer.
Caí sobre su pecho con la respiración completamente destrozada, sintiendo cómo los latidos de su corazón retumbaban contra mi mejilla con una violencia hermosa. El sudor nos pegaba las pieles y el cuarto entero olía a nosotros, a ese deseo desmedido que amenazaba con consumirme por completo. Antoni no tardó ni un segundo en apretarme fuerte contra su cuerpo, sujetándome con una posesividad que me hacía vibrar hasta el último rincón del alma.
Me quedé ahí, acurrucada sobre su regazo, tratando de recuperar el aire mientras sus dedos grandes subían por mi espalda desnuda, trazando caricias lentas que me ponían la piel de gallina.
—Un departamento... —murmuré contra su cuello, recordando lo que me había dicho antes de que la pasión nos volviera a arrastrar—. ¿Hablas en serio, Antoni?
Él echó la cabeza hacia atrás sobre el respaldo del sillón, soltando un suspiro profundo pero sin soltar el agarre firme en mi cintura. Alzó la cara para mirarme, y en sus ojos oscuros vi una determinación tan pura que me heló la sangre de la emoción.
— Solo si tú quieres, no te espantes no te estoy pidiendo en este momento que te mudes conmigo tranquila solo digo que ese lugar puede ser de ambos.— dijo Antoni y mi corazón se aceleró como una adolescente.
—Acepto —susurré contra su oído, sintiendo cómo se le escapaba un suspiro de alivio.
por UE la tal amiguita esa ni me fio