Durante tres años, Cloe Conti y Mattheo Farina tuvieron una sola regla: nada de besos, nada de sentimientos.
Hasta que una noche la rompieron... Y después, Cloe desapareció.
Cuando finalmente regresa, ya no es la mujer desafiante y despreocupada que Mattheo conocía. Lleva consigo heridas que nadie puede ver y recuerdos que amenazan con destruirla.
Mattheo sabe que no puede borrar lo que le hicieron.
Pero puede quedarse.
Puede protegerla.
Puede recordarle quién era antes de que intentaran arrebatárselo todo.
Lo que ninguno de los dos espera es descubrir que aquello que durante años llamaron deseo quizá siempre fue algo mucho más peligroso.
Porque Mattheo Farina estaría dispuesto a enfrentarse al mundo entero por Cloe.
Y esta vez, su princesa no tendrá que luchar sola.
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Una salida
Cloe
Camino hacia la ventana.
Necesito distancia de ellos.
De la cama.
De mi propio cuerpo.
—¿Por qué tú?
Nadie responde.
Me giro.
—Hay miles de hombres en Italia. ¿Por qué Mattheo?
Fabiano y Mattheo vuelven a mirarse.
—Juro por Dios que si vuelven a hacer eso...
—Porque confío en él —dice Fabi.
Parpadeo.
Miro el cardenal que está formándose en la mandíbula de Mattheo.
—Una manera interesante de demostrarlo.
—Sigo queriendo matarlo.
—El sentimiento es mutuo —dice Mattheo.
—¿Pueden dejar de comportarse como niños durante cinco minutos?
—Estamos intentándolo —responde mi hermano.
Resoplo.
—¿Por qué Mattheo?
Fabiano me mira. Esta vez tarda en contestar.
—Porque sé que nunca te haría daño. —Algo se mueve en mi pecho. No miro a Mattheo. No puedo. No todavía—. Y porque puede sacarte de Italia —continúa—. Su familia tiene negocios en Nueva York. Podrían vivir allá. Lucio perdería el acceso directo a ti y si se casan ahora... —Mira mi vientre. Entiendo antes de que termine—. El bebé sería considerado de Mattheo.
El silencio llena la habitación.
Miro a Mattheo. Él no aparta los ojos.
—¿Tú aceptaste eso?
—Sí.
Demasiado rápido.
—¿Reconocerías como tuyo al hijo de Lucio?
Su mandíbula se tensa.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque es tuyo.
Algo me golpea en mitad del pecho.
Niego.
—No.
—Cloe...
—No me digas eso.
—¿Qué?
—No hagas que suene bonito.
Su rostro cambia.
—No estoy intentando...
—¡Es el hijo del hombre que me violó!
La habitación queda completamente en silencio.
La palabra cae entre nosotros.
Nunca la había dicho así. No en voz alta.
Mi respiración se rompe. Pero continúo.
—No puedes convertirlo en algo romántico porque te cases conmigo y le pongas tu apellido.
—No estoy intentando hacerlo.
—Entonces ¿qué estás haciendo?
Mattheo tarda en responder.
—Intentando darte una salida.
Las lágrimas vuelven a mis ojos.
—¿Y qué ganas tú?
—Nada.
Me río.
—Nadie hace algo así por nada.
—Yo sí.
—¿Por lástima?
Su expresión se endurece.
—No.
—¿Por culpa?
Esta vez algo se rompe en su mirada.
—No.
—Entonces ¿por qué?
Silencio.
Fabiano mira a Mattheo.
Mattheo lo fulmina.
Hay algo ahí. Algo que no entiendo.
—¿Qué? —pregunto.
—Nada —responde Mattheo.
—Otra mentira —digo.
—No te estoy mintiendo.
—Entonces dime por qué aceptarías casarte conmigo, criar al hijo de otro hombre y mudarte conmigo al otro lado del mundo.
Mattheo me observa durante tanto tiempo que empiezo a sentirme incómoda.
Finalmente habla.
—Porque si esa es la vida que eliges, puedo vivir con ella.
Frunzo el ceño.
—Eso no responde nada.
—Es todo lo que puedo responderte ahora.
—¿Por qué?
Su mirada se desvía brevemente hacia Fabiano.
—Porque esta conversación no debería tratar sobre mí.
Algo en la forma en que lo dice me desconcierta.
Fabiano guarda silencio. Demasiado silencio.
Los miro a ambos.
—¿Qué pasó afuera?
—Nada —dice Mattheo.
—Le pegué.
Mattheo gira la cabeza.
—Gracias, Fano.
—Ella preguntó.
—¿Por qué le pegaste?
Fabiano señala a Mattheo.
—Porque es un hijo de puta.
—Información nueva, por favor.
Mattheo suelta aire por la nariz.
Mi hermano casi sonríe.
Y yo… casi lo hago, pero recuerdo de qué estamos hablando.
Matrimonio.
Un bebé.
Lucio.
Nueva York.
Una vida que hace una semana ni siquiera existía.
Me dejo caer sobre el borde de la cama.
—No puedo decidir esto ahora.
Mattheo responde antes que nadie.
—Entonces no lo hagas.
Levanto los ojos.
—¿Qué?
—No tienes que decidir hoy.
Fabiano mira a Mattheo.
—Lucio... —dice.
—Puede esperar unas horas —replica Mattheo.
—No sabemos cuánto...
—Entonces encontraremos la manera de darle esas horas.
Fabiano aprieta la mandíbula.
—No podemos esperar eternamente.
—No dije eternamente. —Mattheo vuelve sus ojos hacia mí—. Dije que puede pensar.
Pensar. Qué concepto extraño.
—¿Y si digo que no?
—Buscamos otra solución —responde inmediatamente.
—¿Así de fácil?
—No. —Niega—. Probablemente será una mierda encontrarla. Pero ese es nuestro problema, no tuyo, princesa.
—¿Y no vas a intentar convencerme?
Mattheo guarda silencio.
—Voy a responder todo lo que preguntes. Voy a explicarte qué puedo ofrecerte. Voy a discutir contigo si dices algo absurdo porque ambos sabemos que lo haré. —Eso sí consigue arrancarme el inicio de una sonrisa—. Pero no voy a convencerte de casarte conmigo. —Su voz baja—. Eso tienes que decidirlo tú.
Miro a Fabiano. Mi hermano asiente.
—Él tiene razón.
Levanto una ceja.
—¿Te golpeó muy fuerte? Porque no recuerdo haberte escuchado decir eso muchas veces.
—No te acostumbres.
Mattheo sonríe. Y durante unos segundos somos nosotros.
Fabi.
Mattheo.
Yo.
Como antes.
Después mi mirada cae sobre mi vientre.
Y todo vuelve.
—Necesito tiempo.
—Tómalo —dice Mattheo.
Fabiano suspira.
—Tenemos tiempo.
No sé si es verdad. Pero quiero creerles.
Aunque sea por unas horas.
Porque no puedo decidir en cinco minutos si quiero convertirme en la esposa de Mattheo Farina.
Especialmente cuando hace apenas unas horas ni siquiera sabía si mi hermano volvería a mirarme igual después de descubrir que llevaba tres años acostándome con su mejor amigo.
Miro a Mattheo.
Él sigue allí. Esperando.
Sin acercarse.
Sin intentar tocarme.
Sin pedirme nada.
Me pregunto si quizá eso es exactamente lo que hace esta propuesta tan aterradora.
No el matrimonio.
Mattheo.
Porque casarme con un desconocido sería una decisión.
Casarme con él... Eso podría significar algo.
Y ahora mismo no estoy preparada para averiguar qué.
tu eres un poco hombre y ahora sí sabemos que no es tu hijo
cloe tiene un hijo y es de Mateo 🎉🎉🎉🎉
es una mujer fuerte pero cuan rota está dentro me recuerda a alguien 🤔 alguien que salió de las más oscuras garras verdad la mamá de Dylan ojalá lo logres Ariana