Todos creen que Valeria Moretti traicionó al hombre más peligroso del país. Él también lo creyó... y la echó de su vida sin darle la oportunidad de defenderse. Cinco años después, Valeria regresa con una pequeña hija y un pasado que juró olvidar. Alessandro De Luca, el temido Rey de la Mafia, está a punto de descubrir que la mujer que nunca dejó de amar ocultó el secreto más grande de su vida. Pero cuando la verdad salga a la luz, ya no solo estará en juego su amor... sino la vida de su familia.
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Capítulo 11: El regreso de un fantasma
Durante varios segundos, nadie habló.
La grabación seguía reproduciéndose, pero Alessandro ya no escuchaba las palabras.
Solo escuchaba esa voz.
Una voz que pertenecía a alguien que jamás esperaba volver a escuchar.
Alguien que, según todos los registros, había desaparecido años atrás.
—No puede ser...
Marco tomó la computadora y revisó el archivo nuevamente.
—Señor, la grabación es real.
Alessandro permanecía inmóvil.
Valeria lo observaba desde el otro lado de la habitación.
Podía ver que algo había cambiado en él.
No era enojo.
Era sorpresa.
Una sorpresa llena de recuerdos.
—¿Quién es? —preguntó ella.
Alessandro levantó la mirada.
Y por primera vez en mucho tiempo, parecía no tener una respuesta.
—Alguien que no debería estar vivo.
El silencio fue inmediato.
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La grabación volvió a comenzar.
Esta vez todos escucharon con atención.
La voz de Elena apareció primero.
—Todo salió como planeamos.
Después apareció la otra voz.
Una voz masculina.
—No te confíes, Elena. Alessandro no es ingenuo.
Alessandro apretó los puños.
Conocía esa voz.
La había escuchado durante años en las reuniones familiares.
En los negocios.
En momentos importantes.
Era imposible.
—¿Quién es? —preguntó Valeria nuevamente.
Alessandro respiró profundamente.
—Mi tío.
Ella abrió los ojos sorprendida.
—¿Tu tío?
Él asintió lentamente.
—Antonio De Luca.
Marco intervino.
—Pero Antonio murió hace seis años.
Alessandro miró la grabación.
—Eso creíamos.
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La noticia era demasiado grande.
Durante años, la familia De Luca había realizado un funeral.
Habían despedido a Antonio después de un supuesto accidente.
Todos habían pensado que era una tragedia.
Pero ahora descubrían que quizás había sido una mentira más.
Una mentira perfectamente construida.
—Tenemos que encontrarlo —dijo Alessandro.
Marco asintió.
—Lo haremos.
Pero Valeria notó algo.
Algo que los demás no habían visto.
Miedo.
Alessandro tenía miedo.
Y eso la preocupó.
—¿Qué pasa?
Él la miró.
—Antonio no era como Elena.
—¿Qué quieres decir?
Alessandro guardó silencio unos segundos.
—Elena quería separarnos.
Su expresión se volvió seria.
—Antonio quería destruir todo lo que mi familia había construido.
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Esa noche, mientras Sofía dormía, Alessandro permaneció sentado en la sala.
Valeria se acercó lentamente.
—No puedes cargar con todo solo.
Él levantó la mirada.
Durante años había hecho exactamente eso.
Cargar solo.
No permitir que nadie viera sus debilidades.
Pero ahora era diferente.
—Tengo miedo de que todo vuelva a pasar.
La sinceridad la sorprendió.
—¿Miedo?
Alessandro asintió.
—Encontré a mi hija después de cinco años.
Hizo una pausa.
—Y justo cuando empiezo a recuperar mi familia, aparece alguien que quiere destruirla.
Valeria se sentó a su lado.
—Alessandro...
Él la miró.
—No puedo perderlas.
Aquella frase salió desde un lugar que ella nunca había visto.
Desde el corazón.
Valeria bajó la mirada.
Porque por primera vez entendió que él también tenía heridas.
No justificaba lo que había pasado.
Pero demostraba que el hombre frente a ella ya no era el mismo.
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Al día siguiente, Marco llegó con nueva información.
—Encontramos movimientos relacionados con Antonio.
Alessandro se puso de pie.
—¿Dónde?
Marco dejó un archivo sobre la mesa.
—En una propiedad antigua de la familia.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Está cerca?
Marco asintió.
—A pocos kilómetros de aquí.
Alessandro tomó su chaqueta.
—Voy a ir.
Valeria lo miró preocupada.
—No solo.
Él la miró.
—Valeria...
—No.
Su voz fue firme.
—Ya pasamos por esto. No vuelvas a alejarme cuando las cosas se ponen difíciles.
Alessandro se quedó en silencio.
Porque tenía razón.
Por primera vez, ella no estaba pidiéndole que la protegiera.
Estaba pidiéndole que la dejara estar a su lado.
Él asintió.
—Está bien.
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Horas después, llegaron a la antigua propiedad De Luca.
El lugar estaba abandonado.
Pero algo no encajaba.
Había luces encendidas.
Alguien estaba allí.
Alessandro avanzó con cuidado.
La puerta se abrió lentamente antes de que él pudiera tocar.
Y entonces apareció un hombre.
Más viejo.
Con el cabello lleno de canas.
Pero con la misma mirada fría que recordaba.
Antonio De Luca.
Alessandro quedó paralizado.
—No puede ser...
El hombre sonrió.
—Hola, sobrino.
Hizo una pausa.
—Te tomó bastante tiempo descubrir la verdad.
Alessandro sintió que toda la rabia acumulada durante años volvía de golpe.
—¿Por qué?
Antonio sonrió.
—Porque siempre fuiste demasiado débil por amor.
La mirada de Alessandro cambió.
—Te equivocaste.
Antonio miró hacia Valeria.
Después hacia la casa.
—No.
Su sonrisa se volvió más oscura.
—La verdadera pregunta es si serás capaz de protegerlos cuando descubras toda la verdad.
Y en ese momento, Alessandro entendió algo.
Elena nunca había sido el verdadero enemigo.
Solo había sido una pieza del juego.
Alessandro no podía apartar la mirada de aquel hombre.
Antonio De Luca.
El hombre que todos habían llorado.
El hombre que la familia había enterrado.
El hombre que ahora estaba frente a él como si nunca hubiera desaparecido.
Durante años había creído conocer a su propia familia.
Pero cada descubrimiento era una nueva traición.
—¿Cómo sobreviviste? —