Ignorada por años , viví en la sombra de mi hermana mayor desde que tengo memoria, solamente porque creían que ella sería la luna de la Manada.
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2
El aire dentro del comedor principal de la mansión estaba cargado de una tensión que se podía cortar con un cuchillo de plata. Grandes lámparas de araña colgaban del techo abovedado, arrojando una luz cálida y titilante sobre la larga mesa de roble pulido. Alrededor de ella se encontraban los miembros más influyentes de la jerarquía sobrenatural: los Alfa gobernantes de la Manada de la Sombra Plateada, los líderes invitados de los clanes vecinos del norte y del este, y los herederos designados que cargaban con el peso del futuro sobre sus hombros.
Damián ocupaba su lugar asignado con la rigidez de un soldado en formación, intentando proyectar la imagen impecable que sus padres exigían. Selene, a su lado, sonreía con una gracia ensayada, respondiendo con elegancia a los cumplidos vacíos de los dignatarios visitantes.
En la cabecera de la mesa, el Alfa actual de la Sombra Plateada levantó su copa de cristal ámbar, haciendo que el murmullo de las conversaciones cesara de inmediato.
—Brindemos por la alianza eterna entre nuestras tierras y por la prosperidad que nuestros hijos traerán a este lado de la montaña —anunció el Alfa con una voz grave y resonante que hizo vibrar las copas.
Todos los presentes secundaron el brindis con expresiones solemnes, bebiendo en silencio mientras las criadas comenzaban a servir el banquete. Valerie, ubicada de pie junto a una de las columnas laterales del comedor, cumplía con su rol invisible. Con la cabeza ligeramente gacha y una bandeja vacía reposando sobre sus manos, se obligaba a ser parte del mobiliario. Nadie la miraba. Para los Alfas reunidos allí, ella no era más que un detalle irrelevante, una distracción menor en una noche de alta política y pactos de sangre.
A sus quince años, Valerie sentía que la adolescencia era un limbo interminable. Mientras sus hermanos ya caminaban con la seguridad de depredadores alfa y beta, ella continuaba atrapada en una carcasa frágil y silenciosa. Su interior seguía siendo un espacio estéril, un vacío donde su lobo se negaba a despertar. En ocasiones, cuando el peso de la indiferencia familiar se volvía insoportable, se preguntaba si realmente pertenecía a esa estirpe o si era solo una anomalía genética de la que todos preferían no hablar.
—Los rumores sobre la Manada del Norte dicen que sus fronteras han estado muy activas últimamente —comentó el Alfa invitado, un hombre de hombros anchos y mirada calculadora, mientras cortaba un trozo de carne asada—. Se habla de presencias extrañas merodeando los límites prohibidos. Bestias sin manada que olvidaron el respeto por las leyes de la luna.
El padre de Valerie frunció el ceño, dejando caer los cubiertos con un seco repique metálico.
—Nuestros patrullajes son implacables. Ningún intruso se atrevería a cruzar el río sin enfrentar la furia de mis guerreros. Damián y los muchachos mantienen el perímetro completamente seguro —respondió con orgullo, lanzando una mirada aprobatoria a su hijo mayor.
Damián asintió con una falsa modestia que apenas ocultaba su vanidad.
—Así es, Alfa. La Sombra Plateada es impenetrable. Quien se atreva a acercarse no vivirá lo suficiente para contarlo —afirmó Damián con total convicción.
Ninguno de los presentes imaginaba que, a escasos metros de las ventanas de cristal tintado, más allá de los muros de piedra y de los hechizos de protección, una presencia infinitamente más peligrosa que cualquier vagabundo común los estaba observando desde la oscuridad del bosque.
En medio de las sombras impenetrables de los pinos centenarios, el futuro Alfa de una de las manadas más temidas del continente permanecía inmóvil. Su respiración era pausada, casi imperceptible, y sus ojos dorados brillaban con una intensidad salvaje en la penumbra. Él no estaba allí por la política barata de la cena ni por los tratados de paz que se firmaban sobre papel mojado. Había cruzado montañas enteras impulsado por un instinto primitivo y visceral que había sacudido sus sentidos desde el momento en que pisó el valle.
Su lobo interior, una bestia enorme y dominante que rara vez se manifestaba por capricho, había estallado en su mente con una urgencia desesperada. Un aroma. Un rastro sutil, casi imperceptible para cualquier otro, pero embriagador para él: una mezcla delicada de lluvia fresca, lirios silvestres y un calor dulce que desafiaba la frialdad de la noche.
El Alfa desconocido aspiró profundamente el aire nocturno, cerrando los ojos por un segundo mientras su mandíbula se tensaba con fuerza. El aroma provenía de aquella mansión iluminada. Estaba allí, encerrado entre esas paredes de piedra y pretensión. Sin embargo, el desconcierto lo inundaba. El rastro era puro, pero extrañamente tenue, desprovisto del peso maduro y dominante que caracterizaba a los cambiaformas adultos de alto rango. Era un aroma joven, casi frágil, pero con una fuerza magnética capaz de arrancar el juicio de cualquier depredador.
No sabía a quién pertenecía. No sabía si era una loba de la familia principal, una invitada de rango menor o una simple sirvienta atrapada en el servicio de la casa. Lo único que su instinto le gritaba con desesperación era que su compañera destinada se encontraba a pocos pasos de distancia, respirando el mismo aire.
Un crujir de ramas bajo su bota hizo que se detuviera de inmediato, obligándose a mantener el control. Su lobo exigía romper los cristales, destrozar la puerta principal y reclamar lo que por derecho místico le pertenecía. Pero la paciencia de un Alfa se basaba en la estrategia. No podía atacar a ciegas en territorio enemigo sin un plan.
Apartó la mirada de la ventana iluminada, perdiéndose de nuevo en la espesura del bosque, con la certeza absoluta de que aquel encuentro no había sido más que el preludio de una tormenta inevitable.
Adentro, la cena avanzaba hacia su tramo final entre brindis vacíos y risas fingidas. Valerie seguía de pie, con los músculos adoloridos por la rigidez de la postura y el peso invisible del desprecio familiar. Ignoraba por completo que, a pocos metros de distancia, una fuerza imparable la había encontrado en medio de la noche, y que su vida anónima y silenciosa estaba a punto de desmoronarse para siempre.
como que su apellido es BETUCCI , si en el capítulo 8 en email que recibió de la universidad dice textualmente:
"Estimana Valerie Petrov"
🙄🙄🙄🤔🤔🤔
"LA VIDA TE DA SORPRESAS, SORPRESAS TE DA LA VIDA...AYYYY DIOS!"