—¿La tienes grande?
Nieves jamás se atrevería a hacerle semejante pregunta a un hombre cara a cara. Pero detrás de su cuenta anónima de TikTok puede decir todo lo que desea… incluso confesar las cosas más sucias que le gustaría hacer con un desconocido irresistible que nunca muestra el rostro.
Lo que no sabe es que ese hombre es Gael.
El chico más deseado de la universidad.
Y el compañero que está sentado justo a su lado.
Gael descubre su identidad cuando cada uno de sus mensajes hace vibrar el celular de Nieves sobre la mesa. Ella no sospecha nada, así que continúa provocándolo, preguntándole por su cuerpo y revelándole fantasías que jamás admitiría en persona.
Él podría decirle la verdad.
En cambio, decide seguirle el juego.
Porque ahora conoce cada uno de sus deseos secretos… y está dispuesto a cumplirlos todos.
NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18
Capítulo 18
—Esto no se va a quedar así —amenazó uno de los hombres mientras buscaba su celular.
El otro permaneció en el piso, sujetándose la nariz.
El personal del hotel y dos agentes de la policía turística llegaron pocos minutos después.
—Ese tipo nos atacó sin motivo —dijo el compañero—. Miren cómo dejó a mi amigo. Queremos presentar una denuncia.
—Él me estaba acosando —expliqué—. Me ofreció dinero y una bolsa para que lo acompañara. Cuando me negué, me sujetó por la fuerza. Gael intervino.
—Yo solo le toqué la mano —protestó el hombre ensangrentado—. Estábamos bromeando.
Un encargado de seguridad llevó una laptop con la grabación de las cámaras. El video mostraba al hombre acercándose mientras yo intentaba alejarme, siguiéndome y sujetándome la muñeca. No tenía audio.
—Solo quise detenerla para hablar —insistió—. Este muchacho me rompió la nariz. Quiero que pague y que lo detengan.
—No fue una conversación —respondí, furiosa—. Tengo una grabación.
Al levantarme había activado sin querer el acceso rápido de la grabadora. El celular había registrado todo.
Reproduje el archivo:
“Puedo pagarte diez mil pesos por día”.
“Te compro una bolsa. Louis Vuitton, Gucci…”.
“Tú pon el precio”.
El hombre palideció bajo la sangre.
—Dije que solo quería una guía. No tiene nada de malo.
—Ella se negó varias veces —señaló una de las agentes—. Después la siguió y la sujetó. Eso sí está grabado.
El jefe de seguridad pidió revisar el registro de incidentes. Mientras buscaba, otro empleado reconoció a los dos huéspedes.
La noche anterior, una trabajadora del bar había reportado que ambos la siguieron hasta el elevador, le bloquearon el paso e intentaron llevarla hacia su habitación. Ella logró entrar a una zona de servicio y el hotel solo les dio una advertencia porque se negaron a abandonar el edificio.
Las cámaras confirmaron el reporte: los mismos hombres rodeaban a la empleada en el pasillo y uno de ellos intentaba agarrarla del brazo.
—Dos incidentes en menos de veinticuatro horas —dijo el jefe de seguridad—. Debimos llamar a la policía desde anoche.
El hombre del gimnasio perdió la arrogancia.
—Esa mujer también entendió mal.
—Qué coincidencia —respondió la agente—. Todas entienden mal y ustedes siempre terminan sujetándolas.
Explicó que tomarían las declaraciones y pondrían el caso a disposición del Ministerio Público para que se determinara la responsabilidad de cada persona, incluida la fuerza usada durante la defensa.
Gael no discutió. Entregó sus datos y pidió que revisaran desde el primer acercamiento.
Yo confirmé que había intervenido únicamente cuando el hombre intentó tocarme de nuevo.
Los dos huéspedes fueron retirados del hotel para rendir declaración y recibir una valoración médica. Seguridad conservó las grabaciones y preparó una copia para las autoridades.
El gerente se disculpó por no haber actuado desde el incidente anterior. Nos ofreció pases para el brunch, el spa y la alberca.
Gael no quiso ninguno y me los entregó todos.
***
En el elevador observé sus nudillos. La piel estaba roja por el golpe.
—¿Te duele la mano?
—No.
Lo dijo como si nada hubiera ocurrido.
Las puertas metálicas reflejaban nuestras figuras: él alto, relajado y con la maleta deportiva al hombro; yo todavía aferrada a mi mochila.
—¿Y tu muñeca?
La marca seguía visible.
—Ya no duele.
Gael bajó la vista hacia mi boca.
Recordé su dedo entre mis labios y la lengua rozándolo. La cara volvió a calentárseme.
—La herida tampoco me duele —me apresuré a decir.
—Yo no había preguntado.
Su sonrisa reveló que entendía exactamente por qué estaba nerviosa.
La distancia entre nosotros era suficiente para dos personas más.
—¿Me tienes miedo? —preguntó.
—No.
—Entonces ¿por qué estás tan lejos?
Me acerqué un paso para demostrarlo.
—Gracias por lo de hoy.
—¿Solo gracias?
—También puedo invitarte a comer.
—Ya me debes dos comidas.
La primera era la que habíamos planeado para ese día.
—No voy a escapar de la deuda.
Le mostré los pases del hotel.
—¿De verdad no quieres quedarte con algunos?
—No los usaré. Son tuyos.
—Entonces… gracias otra vez.
—Cada vez que nos vemos me das las gracias.
—Porque siempre apareces cuando algo me sale mal.
—Podríamos hablar de otras cosas.
Quería conocerme mejor. Yo interpreté la invitación de la forma más literal posible.
—Cierto. Traje tus camisas.
Abrí la mochila y saqué una bolsa de tela.
—Las lavé a mano. Revisé las etiquetas: agua fría, sin exprimir y secado natural.
Gael tomó la bolsa.
—Qué exagerada. Yo las meto a la lavadora.
Para él aquellas camisas carísimas parecían no tener valor.
—En la residencia hay lavadora, pero es compartida. Prefiero lavar mi ropa a mano.
—En mi departamento tengo lavadora y secadora. Solo las uso yo y siempre las desinfecto. Puedes llevar tu ropa cuando quieras.
Imaginé nuestras prendas girando juntas, impregnándose del mismo aroma.
Compartir una lavadora parecía una intimidad doméstica que todavía no nos correspondía.
—¿No vives en la residencia?
—No. Mi abuelo fue profesor de la UMC y la familia conserva un departamento cerca de la zona académica.
—Debe ser más cómodo.
Gael abrió la bolsa y acercó discretamente una camisa al rostro.
—Huele como tú.
El corazón me dio un salto.
Guardó las prendas en la maleta.
—Gracias. Las dejaste muy bien.
El elevador llegó al piso veintinueve. Gael sostuvo la puerta para que yo saliera primero.
Super recomendable.
Apoyen a la autora con calificación 5 ⭐
Likes 👍
Votos semanales 🎟️🎫
Comentarios, Regalitos 🎁🎁
solo una observación no lo tomes a mal en este capítulo y en el interior repetiste párrafos. Deberías checar porque se confunde la lectura ☺️☺️☺️