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Mi satisfacción más grande: tu ruina

Mi satisfacción más grande: tu ruina

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Atracción entre enemigos / Completas
Popularitas:12.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Mía Ríos

Dante Valderrama lo tenía todo bajo control: su club de carreras, su lengua afilada y un corazón blindado contra cualquiera que intentara acercarse. Hasta que una noche, su peor enemigo de la prepa apareció en su puerta empapado de lluvia, sin un centavo y con la sonrisa más descarada del mundo.
Sebastián Montero estaba en la ruina. O eso decía.
"Te voy a mantener", le dijo Dante con una tarjeta negra en la mano y veneno en la voz. "Pero si me estorbas, te echo a la calle."
Lo que Dante no sabía era que el hombre al que le daba mesada llevaba años soñando con volver a estar a su lado. Lo que tampoco sabía era que Sebastián jamás estuvo quebrado.
Entre secretos de familia que apestan a sangre, una madre cuya muerte nadie investigó, y un hombre que lo mira como si fuera lo único real en su vida... Dante va a tener que decidir: ¿confiar duele más que amar, o es exactamente lo mismo?

NovelToon tiene autorización de Mía Ríos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Cap 19: La carrera

El Autódromo Miraval a las dos de la tarde era otro lugar. Las gradas improvisadas del circuito privado estaban llenas de gente que Dante no conocía y no le importaba conocer. Patrocinadores, curiosos, tipos con lentes oscuros que apostaban fuerte y hablaban bajo. Néstor había montado una carpa sobre los pits con el logo del circuito, y alguien había puesto música regional desde unas bocinas que nadie pidió.

Ocho carros alineados en la recta de salida. Ocho vueltas. Un trofeo, los guantes firmados de Montoya, y el tipo de gloria que solo importa entre gente que huele a gasolina.

Dante estaba sentado en el cofre de su carro gris con franjas amarillas, con el traje negro y rojo de flamas puesto hasta la cintura, la parte de arriba atada por las mangas. Héctor le ajustaba algo debajo del capó mientras le explicaba los cambios que le había hecho a la suspensión trasera.

—Le bajé medio punto a la rigidez. En la curva tres vas a sentir que el carro se suelta un poco más, pero te va a dar mejor tracción a la salida. No frenes antes del punto de referencia.

—Ya sé —dijo Dante.

—No, no sabes, porque la última vez frenaste antes.

Dante le lanzó una mirada, pero Héctor ni la registró. Seguía con la cabeza metida bajo el cofre.

Vale apareció con dos botellas de agua y una expresión de perro nervioso.

—Oye, Dante, ¿ya viste que Gonzalo anda por ahí saludando a todo el mundo? Está siendo amable. Amable de verdad. Hasta le dio la mano a Néstor.

—¿Y?

—¿Cómo que "y"? Ese tipo no es amable. Ese tipo no tiene células de amabilidad en el cuerpo. Algo está tramando.

Héctor sacó la cabeza del motor.

—Vale tiene razón. Lo vi hace rato hablando con sus cuates. Cuando pasé junto a ellos, se callaron los tres.

Dante se bajó del cofre y se subió el cierre del traje hasta el cuello.

—Si hace algo, lo voy a ver venir.

Sebastián llegó caminando desde el estacionamiento. Pantalón oscuro, camisa blanca con las mangas enrolladas, lentes de sol que se quitó al llegar a la sombra de la carpa. Se detuvo frente a Dante y lo miró de arriba abajo, deteniéndose en el traje de carreras como si estuviera tomando nota mental de cada detalle.

—¿Listo? —preguntó.

—Siempre.

Sebastián asintió. Después se acercó un paso más y bajó la voz para que solo Dante escuchara.

—Si Gonzalo te busca pleito, le regresas el golpe. Sin dudar.

Dante alzó una ceja.

—Mira quién se puso agresivo.

—No es agresión. Es sentido común. —Sebastián dio un paso atrás—. Voy al baño.

Se fue caminando hacia el edificio de servicios con las manos en los bolsillos, a un ritmo que no tenía prisa pero tampoco admitía interrupciones.

---

Gonzalo Ibarra estaba lavándose las manos cuando Sebastián entró al baño. El tipo alzó la vista al espejo y su expresión cambió tres veces en medio segundo: sorpresa, cálculo, y finalmente una sonrisa que no le llegó a los ojos.

—Qué tal, Sebastián. No sabía que venías a estas cosas.

Sebastián no le devolvió el saludo. Caminó hasta quedar a un paso de él, bloqueando la salida sin tocarlo. Gonzalo era más bajo. Tuvo que levantar la barbilla para mantener el contacto visual.

—Voy a ser directo —dijo Sebastián. Su voz era tranquila, casi conversacional—. No hagas pendejadas hoy.

Gonzalo soltó una risa corta.

—¿Pendejadas? Soy el patrocinador. Estoy aquí para entregar un trofeo.

—Eres el patrocinador que lleva tres días hablando con los mecánicos de otros equipos. Eres el patrocinador que llegó sonriendo cuando normalmente llegas ladrando. No soy idiota, Gonzalo. Nadie aquí es idiota.

La sonrisa se le borró despacio. Gonzalo se secó las manos con una toalla de papel, tomándose su tiempo, y la tiró al bote sin mirar.

—Tú tienes algo en tus manos. Los dos lo sabemos. —Su voz bajó—. Eso no significa que yo no pueda moverme dentro de lo legal.

—Dentro de lo legal —repitió Sebastián, como si probara las palabras—. Perfecto. Mientras te quede claro una cosa. —Se inclinó. No mucho. Lo suficiente para que Gonzalo tuviera que echar la cabeza un centímetro hacia atrás—. Estar vivo es un privilegio, Gonzalo. No un derecho.

Silencio. El grifo goteaba.

Gonzalo tragó saliva. Se hizo a un lado, rodeando a Sebastián sin darle la espalda, y salió del baño sin decir otra palabra.

Sebastián se quedó solo. Se miró en el espejo. Se acomodó el cuello de la camisa con dos dedos y salió como si no hubiera pasado nada.

---

Dante estaba revisando el arnés del asiento cuando una voz que no conocía lo llamó por su nombre.

—¿Dante Solís?

Se volteó. El tipo que se acercaba tenía veinticuatro años como mucho. Alto, complexión delgada pero marcada, con un traje de carreras azul oscuro con detalles en plata que le quedaba como si se lo hubieran cosido encima. Pelo castaño claro, mandíbula definida, ojos que sonreían antes que la boca.

Adrián Herrera.

—Soy Adrián —dijo, extendiendo la mano—. He querido conocerte desde hace rato.

Dante le estrechó la mano. Firme, seca, sin durar más de lo necesario.

—Te conozco de nombre. Tres victorias en el norte.

—Y tú tienes la vuelta más rápida en este circuito desde hace dos temporadas. Nadie la ha tocado. —La sonrisa de Adrián era directa, sin capas—. Vi tu carrera en Querétaro el año pasado. La forma en que tomaste la chicana del sector dos fue una de las mejores maniobras que he visto.

—Tuve suerte.

—No fue suerte y tú lo sabes.

Dante lo miró un segundo más de lo habitual. El tipo no estaba fingiendo. No era la adulación vacía de alguien que quiere algo. Era admiración real, del tipo que un corredor reconoce en otro corredor.

—Buena suerte hoy —dijo Adrián, y le dio una palmada ligera en el hombro antes de irse a su propio carro.

Desde el otro lado de los pits, Sebastián observaba la escena con los brazos cruzados. No se había movido ni dicho una palabra, pero sus ojos habían perdido varios grados de temperatura. Vale, que estaba a su lado, notó el cambio.

—Se llama Adrián Herrera —ofreció Vale, creyendo que era información útil.

—Ya sé quién es —dijo Sebastián, y no dijo nada más.

---

La señal de salida cayó a las tres en punto.

Dante arrancó desde la séptima posición. En la primera curva ya había pasado a dos. En la segunda vuelta iba quinto. Para la tercera vuelta estaba en tercero, y el carro de adelante le temblaba en los espejos.

La gente en las gradas se levantó de sus asientos.

El gris con franjas amarillas se movía como si la pista le perteneciera. Dante no frenaba donde los demás frenaban. Entraba a las curvas medio metro más adentro, rozando el límite, y salía con una aceleración que dejaba un hueco imposible de cerrar. Para la quinta vuelta iba primero, con doce segundos de ventaja sobre el segundo lugar.

Héctor revisaba los tiempos en su tablet.

—Doce punto tres. Está volando.

Vale se mordía las uñas.

—Eso es bueno, ¿verdad? Dime que es bueno.

—Es muy bueno —dijo Héctor, sin levantar la vista.

La sexta vuelta cambió todo.

Gonzalo, que iba cuarto, se había mantenido discreto durante toda la carrera. Pero en la curva cinco, justo cuando Dante pasaba para sacarle otra vuelta, Gonzalo giró su volante hacia la izquierda. El carro verde se cerró contra el de Dante, achicando el espacio entre los dos a menos de medio metro a más de ciento sesenta kilómetros por hora.

Vale se paró de golpe.

—¡¿Qué chingados fue eso?!

Dante lo vio venir. Giró el volante un grado a la derecha, metió la presión justa en el freno trasero, y el gris con franjas amarillas se deslizó por fuera como si el movimiento de Gonzalo no hubiera sido más que un bache en el camino. Lo rebasó limpio antes de la recta.

Pero Dante no lo dejó ahí.

En la siguiente curva, la siete, Dante hizo exactamente lo mismo. Se acercó al carro de Gonzalo por dentro, metro a metro, y cuando estuvieron lado a lado, giró hacia él. No lo suficiente para hacer contacto. Sí lo suficiente para que Gonzalo tuviera que frenar y perder la línea.

Ojo por ojo.

Vale se volteó hacia Sebastián con los ojos como platos.

—¡Hay que ir con los jueces! ¡Los dos hicieron una maniobra ilegal!

Sebastián no se movió. Tenía la mandíbula apretada y los ojos fijos en la pista, pero cuando Vale dio un paso hacia la torre de control, le puso una mano en el hombro.

—Déjalo.

—Pero...

—Déjalo, Vale.

Vale se quedó quieto. Miró a Héctor, que negó con la cabeza en un gesto mínimo. "No te metas."

Las dos últimas vueltas fueron un monólogo. Dante aceleró como si el incidente lo hubiera alimentado en lugar de asustarlo. La ventaja subió a quince segundos. Después a diecisiete. Cruzó la meta en primer lugar con un margen que hacía ridícula cualquier discusión.

La gente en las gradas aplaudió. Néstor le dio un golpe a la mesa de tiempos con la palma abierta, sonriendo por primera vez en toda la tarde.

Héctor cerró la tablet.

—Diecisiete punto cuatro segundos de diferencia. Primer lugar.

Vale soltó el aire que llevaba conteniendo desde la vuelta seis.

—Dios mío. Nunca más. No vuelvo a venir a una carrera. Me va a dar un infarto.

Sebastián no celebró. No sonrió. Se quedó exactamente donde estaba, con los brazos cruzados y los ojos puestos en el carro gris que se detenía en la recta de pits.

---

Dante se bajó del carro con el casco bajo el brazo. Tenía el pelo empapado de sudor, la cara roja del calor del habitáculo, y esa mirada que solo tenía después de ganar: hambrienta y satisfecha al mismo tiempo.

No llegó a dar tres pasos.

Adrián Herrera fue el primero en acercarse. Venía caminando rápido desde su propio carro, todavía con el traje de carreras puesto, y traía una botella de agua en la mano que le extendió a Dante con una sonrisa amplia y genuina.

—Felicidades —dijo Adrián—. Eso fue impresionante.

Dante tomó la botella. Le quitó la tapa, bebió un trago largo, y asintió.

—Gracias. Corriste bien tú también.

—No como tú. Ni de cerca.

A veinte metros de distancia, Sebastián los observaba. No se acercó. No dijo nada. Tenía las manos en los bolsillos y una expresión que no era enojo ni celos, sino algo más frío, más calculado. El silencio de alguien que está procesando demasiadas cosas a la vez: la maniobra peligrosa de Gonzalo, la venganza imprudente de Dante, y ahora este tipo sonriente que le ofrecía agua como si tuviera derecho a ser el primero en llegar.

Vale lo miró de reojo.

—¿No vas a ir a felicitarlo?

Sebastián no contestó. Dio media vuelta y caminó hacia el estacionamiento, solo.

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Stella Olmos
mágica historia me encanto
oneris medrano santamaria
me gustó tu novela fue buena en todo momento 👏👏
winter 609
ya me confundí y la historia está perdiendo el sentudo se supone que Emilio era el hermano de Dante no su papá y se supone que el ya estaba comprometido pronto a casarse lo que da como resultado herederos además en capítulos anteriores se supone que ya le habían quitado todo respaldo de la familia a dante, que ya le habían cortado tarjetas y toda la cosa pero ahora bienen a exigir como si eso no hubiera pasado, además es ilógico que dante siga llamando papa a emilio cuando en un principio dio a entender que no se consideraba de esa familia así como es ilógico que el papa le llamara a dante cuando en un principio dio a entender que ni lo pelaba y lo despreciaba entonces no tiene lógica
nana: lo mismo pensé, creo que quien escribe se está perdiendo los detalles de lo que va escribiendo. incluso las personalidades... el padre no le da ni la hora, como ahora lo llama ??
total 1 replies
winter 609
no se supone que ya lo habían vetado de esa familia? por que le piden ir a una reunión "familiar"
Juleiny
Celos 😂
winter 609
tiene razón este hombre oculta muchas cosas, pero igual el juego lo tiene perdido es mejor que no pierda su tiempo
winter 609
una lástima espero que este man pueda conseguir una buena pareja se ve que no es mala onda
winter 609
nadie mando a tu chingado padre a pensar con la cabeza de abajo y no con la de arriba, tremenda escoria y todavía quieren culpar a dante
winter 609
🤬🤬
winter 609
yo y los chismosos cuando
winter 609
son los celos
winter 609
que desperdicio
winter 609
😏😏
winter 609
maldito niño de papi ,tu y toda su familia agarrados de la mano chinguen todos a su madre
winter 609
maldito perro
Aylin Flores
Mención del Tec de Monterrey?
Aylin Flores
Yo todo el capítulo sonriendo.
Aylin Flores
Ay wey pobre Dante, no me quiero creer que él se va a enamorar primero y va a sufrir :(
Aylin Flores
Que culpa tenía el té /Scowl/
Aylin Flores
No manches, si no lo quieres regálamelo :(
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