sinopsis de La CEO de Cristal:
La traición: Salma, una CEO exitosa y poderosa, ve su mundo perfecto colapsar cuando descubre un enredo amoroso entre su prometido, Mauricio, y su mejor amiga, Rebeca.
La transformación: Tras este duro golpe, Salma se convierte en una mujer fría, calculadora y distante, levantando una armadura de hielo para protegerse y enfocándose por completo en su imperio corporativo.
El nuevo camino: En su proceso de reinventarse, Salma se cruza con Malik, un hombre reservado y de noble corazón que desafiará su frialdad, mientras enfrenta las intrigas de la prepotente madre de este, Soraya.
El gran secreto: Más allá de las traiciones y el nuevo romance, el verdadero vuelco de la historia ocurrirá cuando salga a la luz el mayor misterio de su vida: Salma no sabe que es adoptada, un secreto que sus tíos Clara y Fernando han guardado por amor.
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Capítulo 4: Citas clandestinas y el veneno de la duda
Las reuniones entre Mauricio y Rebeca se volvieron un hábito tan peligroso como silencioso. Bajo el pretexto de planificar la supuesta pedida de mano sorpresa para Salma, ambos comenzaron a verse con frecuencia en cafeterías discretas y rincones apartados de la ciudad. En cada encuentro, Mauricio se encargaba de minar sutilmente la lealtad de Rebeca, sembrando un veneno calculado en su mente.
—Trabajas tanto como ella, Rebeca, pero siempre estás en su sombra —le decía Mauricio con voz suave, inclinándose sobre la mesa mientras jugaba con su taza de café—. Salma es un robot programado para los negocios; no sabe lo que es la verdadera pasión. Si las cosas fueran distintas, si ella no estuviera siempre atada a ese imperio de cristal, las cosas entre nosotros habrían sido tan fáciles...
Rebeca tragaba en seco, sintiendo que el corazón le latía con violencia. Las palabras de Mauricio resonaban en su cabeza como un eco tentador, avivando ese resentimiento silencioso que guardaba desde antes de que Salma y él comenzaran a salir.
Mientras tanto, en la oficina y en los breves momentos que compartía con su prometido, Salma comenzó a percibir una extraña disonancia. Aunque Mauricio seguía mostrando una fachada amable, había pequeñas cosas que no encajaban: llamadas que colgaba de inmediato, miradas esquivas y una distancia sutil que la rodeaba. Salma, con su aguda intuición corporativa y personal, sentía firmemente que le estaban ocultando algo, aunque jamás se imaginó que la fuente de esa traición estuviera en su círculo más íntimo.
Los días pasaron hasta llegar a la jornada decisiva. Quedaban pocas horas para el evento que Mauricio había organizado, y él citó a Rebeca en un reservado salón para afinar los últimos detalles de la pedida de mano. Estaban solos, revisando la lista de invitados y la distribución de las mesas, cuando la tensión acumulada durante semanas de coqueteos rompió la barrera de contención.
Mauricio dejó los papeles a un lado, la miró fijamente y, sin decir una palabra, acortó la distancia entre ambos hasta besarla.
El beso fue intenso, cargado de una electricidad prohibida que dejó a Rebeca sin aliento. Cuando se separaron, ella se quedó con la imagen grabada en la cabeza, sintiendo que flotaba en el aire. Por un segundo fugaz, la culpa la golpeó por haber traicionado a su mejor amiga de toda la vida, pero rápidamente desplazó ese remordimiento a un segundo plano, anestesiada por la emoción y el deseo de quedarse con lo que era de Salma.
Con la adrenalina aún recorriendo sus venas, Rebeca actuó con rapidez para poner en marcha la trampa final. Fue a visitar a los padres de Salma —a quienes adoraba y llamaba con el mismo cariño de siempre— y también a sus propios padres, para darles una noticia con falsa emoción.
—¡Hoy es una noche muy especial! —les anunció Rebeca con una sonrisa radiante ante ambas familias—. Mauricio ha preparado una cena sorpresa increíble en el restaurante *Dulce Paladar*. ¡Tenemos que ir todos a celebrar el amor de Salma y Mauricio! Ya él se encargó de avisarle a sus propios padres para que no falten.
Horas más tarde, antes de encontrarse con ellos en el restaurante, Rebeca entró a la oficina de Salma con una actitud eufórica.
—¡Tienes que arreglarte impecable hoy, Salma! Vístete para deslumbrar, es una noche única y Mauricio se ha lucido con esta sorpresa —le dijo Rebeca, ayudándola a acomodar el saco con una falsa dulzura.
Salma sonrió, contagiada por la supuesta emoción de su amiga, agradeciendo tenerla a su lado. Sin embargo, mientras Rebeca le deseaba una gran noche y se giraba para salir, por dentro la sangre le empezaba a hervir de pura envidia y anticipación. La trampa estaba lista, y el mundo de cristal de Salma estaba a punto de estallar en mil pedazos.