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Amantes?

Amantes?

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Vicky Aguirre

Solo había amado una vez en la vida, solo a ella, y después de mucho tiempo lo descubrí, verlos juntos causó en mi desesperación y debo ganar esta lucha.
Debo ganar su amor.

NovelToon tiene autorización de Vicky Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

cap 24

La llamada de Mark me tomó completamente desprevenida. Había imaginado cualquier cosa, menos que me pediría autorización para hacer pública mi relación del pasado con Cristopher; pero cuando me explicó —o más bien, medio explicó— lo que sucedía, comprendí que era crucial tomar las riendas de la situación.

—Suegra, doña Martha... No sé si usted sabe exactamente qué está pasando, pero necesito viajar a la ciudad ahora mismo.

—¿Ha sucedido algo? ¿Se enfermó Mark? ¿Las niñas? —preguntó alarmada.

—No, ellos están bien. Pero al parecer hay un problema grave allá. Quiero viajar de inmediato, ¿es posible?

—Claro que sí, mi niña. Pediré que lo preparen todo ahora mismo.

Gaby me tomó del brazo, con los ojos abiertos de par en par. —¿Qué sucede, Vero? Te veo asustada.

—Gaby, no puedo explicarte nada por ahora —le dije, tratando de que no me temblara la voz—. Así que te recomiendo que te quedes al frente de la empresa. Cuando esto estalle, te pediré que tengas la plena seguridad de que saldremos de esto.

—¿Puede afectar a la empresa?

—Sí y no... La verdad, no lo sé.

—¡Listo! Saldremos en quince minutos, ya vienen por nosotras —anunció doña Martha, guardando su teléfono en el bolso.

—¿Tan pronto? ¿De dónde consiguen un vuelo de la nada? —preguntó Gaby, estupefacta.

—No seas tan curiosa, niña, ya sabrás. Vamos, hija, mi esposo nos estará esperando allá. Movámonos.

—Nos vemos, Gaby —me despedí a toda prisa.

Y así salimos. Para mi sorpresa, un avión privado nos esperaba en un hangar exclusivo. Jamás imaginé que mis suegros tuvieran semejantes alcances; sin embargo, la verdad es que nunca me había importado el dinero. Sabía que Mark no era cualquier persona cuando nos conocimos; vamos, era amigo de Cristopher, y él pertenecía a la élite. Pero siempre asumí que Mark mantenía un perfil más bajo, una idea que ignoré por completo hasta este momento.

—Calma, niña, todo estará bien —me consoló mi suegra, dándome unas palmaditas en la mano—. Ya estamos moviendo nuestras influencias para que las cosas salgan a nuestro favor.

—No sé qué hacer... Ahora mismo pienso en mis padres y en las niñas.

—No pasa nada. Llámalos, diles que ese muchacho nos está molestando, pero no les cuentes todo.

—¿Todo? ¿A qué se refiere con todo?

—A lo que realmente pasó. No soy tonta, Verónica —me miró con una ternura infinita—. Sé perfectamente que algo sucedió hace años entre Mark y tú. Pero te acepté porque eres una niña transparente. Así que no te preocupes. Llámalos y diles que todo está bajo control.

—Es que ni yo misma sé qué decirles... No comprendo mucho de lo que está pasando, solo sé que no hice nada malo.

—Y nosotros lo sabemos perfectamente. No somos tontos, mi vida.

Respiré hondo y llamé a mis padres. Tenía entendido que mientras se volaba no se podía hablar por teléfono, pero en este avión las reglas eran distintas. Mi suegra no paraba de gestionar llamadas y yo solo la observaba. La conversación con mis padres fue fugaz; solo me dijeron que entendían la situación, aunque yo seguía a oscuras.

El aterrizaje fue un poco turbulento, pero cuando bajé del avión casi me desmayo del impacto: en la pista había un centenar de vehículos negros de seguridad esperándonos.

—Camina, querida. No pongas esa cara, parece que fueses a desmayarte en cualquier momento —me instó doña Martha, tomándome del brazo con elegancia.

—¿Qué es todo esto? —susurré, escandalizada.

—Esto... esto son los Jaraba, mi niña. Mark odia toda esta parafernalia, pero hoy tenemos que desplegar nuestro verdadero poder. Así nadie se atreverá a tocarte a ti, ni a ninguno de nosotros.

—¿Poder?

—Sí, sí... Pero tranquila, esto se resolverá. Vamos, que mi hijo y mi esposo nos están esperando.

Subimos a uno de los vehículos blindados. El trayecto se me hizo eterno y yo no hacía más que retorcer el pañuelo entre mis manos. ¿Qué era todo esto? ¿Por qué no comprendía nada? Yo sabía que la familia de Mark era adinerada, pero ¿tanto poder? ¿Por qué él nunca me lo había confiado?

—Si sigues así, te vas a lastimar las manos —doña Martha me quitó el pañuelo suavemente—. Sé lo que estás pensando, pero a Mark, como te he dicho siempre, jamás le ha interesado esta vida. A nosotros tampoco, por eso no aparecemos en las revistas ni en los medios. Su matrimonio se ha mantenido en secreto, solo lo saben nuestros amigos más cercanos, y gracias a eso vamos a evitar un escándalo masivo.

—¿Y mis padres? ¿Y las niñas? ¿Qué pasará con ellos?

—Mi hijo te ama, Verónica. Ese tonto no se dio cuenta antes, pero nosotros sí. Por eso aceptamos de inmediato que se casaran, porque confiábamos en ti.

—¿Es decir que...? —se me cortó la voz.

—Sabemos todo lo que pasó. Ese chico Cristopher, el vuelco de tu realidad, las niñas... y el pacto que hicieron entre ambos.

El corazón me dio un vuelco. —¿Mark se los dijo?

—Mark jamás diría una sola palabra que pudiera dañarte —sonrió ella, apretando mis manos con fuerza—. Y nosotros nunca te hemos juzgado, niña... porque tú le devolviste la vida a mi hijo.

—Señora Martha... no sé qué decirle. Lo siento tanto.

—Tonta, ¿qué me vas a decir? —me interrumpió con dulzura—. En todo caso, yo lo siento. Nosotros tampoco fuimos del todo sinceros. Estuvimos todo este tiempo intentando que las cosas entre ustedes dos resultaran bien, esperando a que se dieran cuenta de lo que sentían... y mira, apenas lo hacen, sucede esto. Pero vamos a solucionarlo todo, ya lo verás.

El auto se estacionó finalmente frente a una propiedad abrumadora; su majestuosidad resultaba imponente, más aún con todo el caos que nos rodeaba. No había terminado de bajar del vehículo cuando Mark apareció a mi lado, abriendo la puerta.

—Cariño, ¿estás bien? —preguntó con el rostro desencajado por la angustia, mientras besaba mi frente.

—Sí... sí, estoy bien, Mark. Pero no sé qué decir —admití, y las lágrimas que contenía finalmente desbordaron mis ojos. No pude contenerlas más.

—Madre, ¿fuiste dura con Verónica? —le preguntó Mark a su madre en un tono de claro reproche, interponiéndose de manera protectora.

—No, tu madre no me dijo nada malo —intervine de inmediato. No podía permitir que Mark tuviera esa actitud con ella, menos después de la calidez que me había brindado—. Es solo que... no esperaba esto. No ahora.

—Van a estar bien —una voz profunda y masculina me sacó de mi sorpresa.

Levanté la vista hacia los escalones de la entrada y me quedé petrificada. Era él.

—¿Señor Mendoza? ¿Usted qué hace aquí? —lo miré, completamente confundida.

—¿Mendoza? —repitió Mark, volteándose hacia él con la mandíbula tensa y los puños apretados—. ¿Te presentaste ante mi esposa con un nombre falso?

—Pasen, por favor. Todo esto tiene una explicación —interrumpió mi suegra, colocándose entre ambos hombres con una autoridad que no admitía réplicas.

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