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Mil primaveras para ti

Mil primaveras para ti

Status: En proceso
Genre:Viaje a un juego / Villana / Romance
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Sofía Marquez

Serena Mora tenía una vida perfectamente normal: universidad, tesis, y una novela de fantasía que leía para procrastinar. Hasta que despertó dentro de esa novela, atrapada en el cuerpo de la villana más odiada de la historia.
Su primera misión: hacer que el protagonista masculino se enamore de ella. El problema: él la odia con un puntaje de -123,456.
Adrián Navarro fue prisionero, torturado, y mutilado durante años. Su cuerpo se regenera de cualquier herida — un don que otros usaron para hacerlo sufrir. No confía en nadie. No ama a nadie. Y definitivamente no planea enamorarse de la mujer que lo tuvo cautivo.
Pero Serena no es la villana que él recuerda.
Con su espíritu guía (un loro parlanchín llamado Lilo), un medidor de afinidad que marca cifras ridículas, y un corazón demasiado terco para rendirse, Serena se propone cambiar el destino de todos. El de Adrián. El de sus amigos. El suyo propio.
Lo que no sabe es que su historia no empieza en una novela. Empieza hace diez mil años, cuando dos almas se encontraron por primera vez — y el destino juró separarlas.
Tres vidas. Trescientos años en el inframundo buscándola. Mil años reconstruyendo un cuerpo para volver a ella.
¿Cuántas primaveras hacen falta para un amor eterno?

NovelToon tiene autorización de Sofía Marquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

—Es una resonancia de la Joya Primordial.

Serena Mora se quedó con la mano sobre el esternón.

—No me digas eso con cara de acta de defunción.

Lilo parpadeó tres veces. Sus ojos dejaron escapar un brillo dorado que iluminó las paredes estrechas del cuarto.

—Estoy procesando.

—Procesa más rápido. Hay algo latiendo dentro de mí y no es una metáfora bonita.

El latido volvió.

Serena dobló los dedos sobre la tela del uniforme hasta arrugarlo. No era dolor como el de una herida ni como el cansancio después de las evaluaciones. Era una presión viva, redonda, antigua. Como si alguien hubiera dejado una campana diminuta dentro de su pecho y acabara de tocarla desde muy lejos.

Lilo bajó la voz.

—La Joya Primordial es un artefacto anterior a las Órdenes. Según los datos fragmentados de El Vínculo, se rompió en siete partes. Cada fragmento conserva una función distinta.

—¿Y una de esas partes está en mí?

—Alta probabilidad.

—¿Alta de cuánto?

—Noventa y tres punto dos por ciento.

Serena cerró los ojos.

—Me encanta cuando mi muerte viene con decimal.

Lilo no se rió.

Eso la asustó más.

Alguien tocó la puerta.

Serena apagó de golpe la lámpara de aceite.

—¿Serena? —La voz de Adrián Navarro llegó desde el corredor—. Sigues despierta.

Lilo se metió bajo la manta con tanta rapidez que solo quedó una pluma verde afuera.

Serena respiró hondo antes de abrir la puerta apenas un palmo. Adrián estaba ahí, con una jarra de agua en la mano. No llevaba capa. La luz del pasillo le marcaba las cicatrices finas de las muñecas.

—No podía dormir —dijo ella.

—Mentira.

—Qué amable.

Adrián le ofreció la jarra.

—Tu respiración cambió.

Serena miró el agua. Luego lo miró a él. Quiso decirle la verdad y, al mismo tiempo, quiso empujarlo lejos de cualquier cosa que oliera a la Corte de las Sombras.

—Solo me duele un poco el pecho.

La mano de Adrián se cerró en torno a la jarra.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace unos minutos. No es grave.

—No decidas eso sola.

La frase cayó sin dureza, pero con peso. Serena sintió que le raspaba por dentro porque venía de alguien a quien nadie le había permitido decidir sobre su propio cuerpo durante años.

—Mañana se lo diré a Alicia —prometió.

Adrián la observó como si buscara grietas en su cara.

—Si empeora, me llamas.

—¿Aunque esté prohibido circular después del toque?

—Especialmente entonces.

Serena tomó la jarra. Sus dedos rozaron los de él. El fragmento en su pecho dio un golpe tan fuerte que casi soltó el agua.

Adrián también lo sintió.

No como dolor. Como una sombra que le pasó por los ojos.

—¿Qué fue eso? —preguntó.

—Nada.

—Serena.

—Mañana —dijo ella, más bajo—. Por favor.

Adrián se quedó inmóvil. Después asintió una vez y se apartó del umbral.

—Cierra bien.

Ella cerró.

Del otro lado, no oyó sus pasos alejarse hasta mucho después.

Al amanecer, el Pico del Bambú Solitario despertó con un campanazo despiadado.

Rafael Vega apareció en el patio con el cabello en todas direcciones.

—La Orden odia el sueño. Confirmado.

Miguel Vega le puso una taza de infusión en la mano.

—Bebe antes de que insultes a una autoridad.

—Las autoridades deberían dormir más.

Serena sonrió por reflejo, pero el pecho seguía pesado. El fragmento no latía todo el tiempo; esperaba. Eso era peor.

Alicia Nieves la revisó en un rincón de la cocina antes del desayuno. Le tocó la muñeca, luego la frente, luego apoyó dos dedos sobre el punto donde Serena decía sentir la presión.

—No tienes fiebre —dijo Alicia—. El pulso está raro, pero no como enfermedad. Es como si algo respondiera cuando respiras.

—Esa frase no me tranquiliza.

—No era para tranquilizarte. Era para no mentirte.

Tomás Calvo, que había escuchado desde la mesa sin interrumpir, dejó su taza.

—La biblioteca menor abre después del primer servicio. Hay registros de artefactos antiguos.

Serena lo miró.

—¿Así de fácil nos dejan entrar?

—A la biblioteca menor, sí. A la mayor, no. Prudencia: si esto toca a la Joya Primordial, no lo digas en voz alta fuera del grupo.

León Castellar, desde la puerta, levantó una ceja.

—Maravilloso. Primer día y ya tenemos secreto mortal.

—No eres parte del secreto —dijo Serena.

—Me acabas de incluir al decirme que no soy parte.

—Eso fue un error administrativo.

—Acepto mi cargo.

Adrián no bromeó. Estaba apoyado en el marco del corredor, con la mirada fija en la mano de Serena sobre la taza. No preguntó delante de todos. Solo dejó un pan pequeño junto a su plato y se fue a lavar el patio.

Serena lo siguió con los ojos.

León también.

—Ese hombre cuida como si estuviera escondiendo un crimen.

—Cállate y come —dijo ella.

La biblioteca menor era una sala larga con estantes bajos, ventanas altas y mesas marcadas por generaciones de discípulos aburridos. Tomás pidió dos registros sobre artefactos preordenados. Alicia vigiló la puerta. Rafael y Miguel se sentaron cerca, fingiendo estudiar mapas al revés.

Lilo leyó desde el hombro de Serena, moviendo el pico sin sonido.

—Aquí —dijo él.

Serena pasó el dedo por una lámina amarillenta. El dibujo mostraba una gema completa, tallada como una gota de luz sólida. Siete líneas salían de ella hacia distintos símbolos: vida, memoria, puerta, sangre, alma, sombra y destino.

Debajo, una nota escrita con tinta café:

"Cuando la Joya Primordial se fragmentó, ninguna Orden consiguió reunir sus partes. La Corte de las Sombras ha buscado portadores durante generaciones."

Serena leyó la palabra dos veces.

Portadores.

No decía "guardianes". No decía "dueños". Decía portadores, como si el fragmento no se guardara en una caja ni en un altar, sino en carne viva.

Lilo tocó la página con la punta del pico.

—Eso explica por qué no lo viste en tus recuerdos de la novela. Un fragmento dentro de una persona no se ve como objeto. Se confunde con pulso, enfermedad o Don extraño.

—Qué práctico. Un tesoro ancestral que parece síntoma médico.

—La Orden pudo no saberlo.

Tomás leyó por encima del hombro de Serena y perdió un poco de color.

—O pudo saberlo y callar.

Esa posibilidad dejó la sala más fría que la piedra bajo sus pies. Alicia miró hacia la puerta, como si de pronto todos los pasos del pasillo pudieran traer a alguien equivocado.

El pecho le respondió.

La tinta de la página vibró.

Alicia cerró la puerta de golpe.

—Alguien viene.

Tomás apagó la pequeña lámpara de lectura con los dedos.

Adrián apareció primero en el pasillo exterior. No entró. Se colocó frente a la puerta, de espaldas a ellos, bloqueando la vista de quien se acercaba.

—La sala está ocupada —dijo.

Una voz desconocida respondió algo que Serena no alcanzó a oír. Adrián no se movió.

Dentro de la sala, Lilo tembló sobre su hombro.

—Serena —susurró—, si la resonancia salió de la página, pudo salir más lejos.

La presión en su pecho golpeó otra vez.

Tomás cerró el registro.

—¿Qué significa?

Lilo miró a Serena, y por primera vez no tuvo un comentario ridículo listo.

—Que la Corte ya no solo buscará a Adrián.

La puerta crujió bajo una sombra al otro lado.

—También te buscará a ti.

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Yenireth Aular
me encanta está historia
Yenireth Aular
me encanta está historia ❤️❤️
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