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Nica Y Los Cinco Destinos

Nica Y Los Cinco Destinos

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / CEO
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Huyó para escapar de un matrimonio arreglado, pero el destino tenía preparados cinco caminos que cambiarían su vida para siempre.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: El festival de las segundas oportunidades

Las luces de colores iluminaban cada rincón de Puerto Azul.

Nica caminaba lentamente junto a Marta, incapaz de decidir hacia dónde mirar primero. Había puestos de comida, artesanos tallando madera, músicos callejeros y niños corriendo con globos de todos los colores.

Todo era nuevo para ella.

Todo era hermoso.

—¿Te gusta? —preguntó Marta, observando la emoción en el rostro de la joven.

—Me encanta... No sabía que un lugar podía sentirse tan vivo.

Marta sonrió.

—Eso es Puerto Azul. Acá todos nos conocemos y, cuando llega el festival, parece que el pueblo entero se convierte en una gran familia.

Nica respiró profundamente.

Por primera vez en mucho tiempo sintió que pertenecía a algún lugar.

Se detuvieron frente a un puesto de comida.

—¿Probaste alguna vez un choripán? —preguntó Marta.

Nica negó con la cabeza.

—¿Nunca?

—Nunca.

Marta abrió los ojos como platos.

—Entonces eso hay que solucionarlo ahora mismo.

Minutos después, ambas estaban sentadas en un banco de madera riéndose mientras Nica intentaba comer sin ensuciarse.

—Esto está buenísimo... pero creo que me estoy embarrando toda.

—Eso también es parte de la experiencia.

Las dos estallaron en carcajadas.

A unos metros de distancia, varias personas bailaban al ritmo de una banda local.

Sin pensarlo demasiado, Marta tomó la mano de Nica.

—¡Vení!

—¿A dónde?

—¡A bailar!

—¡No sé bailar!

—Nadie nace sabiendo.

Antes de que pudiera protestar, Marta ya la había llevado hasta el centro de la plaza.

Nica comenzó moviéndose con vergüenza.

Pero, poco a poco, terminó riéndose de sí misma.

La música, las luces y la alegría de la gente hicieron que olvidara por completo el peso de su pasado.

Desde la otra punta de la plaza, alguien observaba la escena.

Era el hombre de los ojos grises.

Vestía un jean oscuro y una camisa negra arremangada. No llevaba computadora, ni documentos, ni teléfono en la mano.

Solo contemplaba cómo Nica reía.

Y sonrió sin darse cuenta.

—Al final viniste... —dijo una voz a su lado.

Era un hombre mayor, dueño de un puesto de artesanías.

—Lo prometí.

—¿La conocés?

Él desvió la mirada hacia Nica.

—Todavía no lo suficiente.

El artesano sonrió con picardía.

—Entonces dejá de mirarla desde lejos.

El hombre negó con una pequeña risa.

—No quiero arruinarle la noche.

Mientras tanto, Nica y Marta recorrían los distintos puestos.

Había collares hechos a mano, cuadros pintados por artistas locales y pequeños objetos de madera.

De repente, un viejo colgante llamó la atención de Nica.

Tenía grabada una pequeña brújula.

—Es precioso... —susurró.

El artesano levantó la vista.

—Dicen que esa brújula siempre encuentra el camino de regreso.

Nica quedó inmóvil.

Aquellas palabras despertaron algo dentro de ella.

—¿Cuánto cuesta?

El hombre le dio el precio.

Nica abrió su billetera y sonrió.

Podía comprarlo.

Con su propio dinero.

Era la primera vez que adquiría algo sin utilizar una tarjeta de la familia Beaumont.

Pagó con una enorme sonrisa.

—Gracias.

—No me las des a mí —respondió el anciano—. Dáselas al destino.

Nica frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque algunas personas llegan a nuestras vidas cuando más las necesitamos.

Ella observó el colgante unos segundos antes de guardarlo cuidadosamente.

No entendía por qué, pero tenía la sensación de que aquel objeto sería importante.

A pocos metros de allí, un hombre vestido con una campera oscura hablaba por teléfono.

—Sí, señor Beaumont.

La tengo a la vista.

Escuchó unos segundos.

—Está bien.

No me acercaré.

Solo seguiré observándola.

Colgó.

No sabía por qué Richard Beaumont había dado una orden tan extraña.

Cualquier otro padre ya habría ido a abrazar a su hija.

Pero Richard había pedido paciencia.

Como si entendiera que cualquier movimiento en falso podía hacer que Nica desapareciera otra vez.

La noche continuó entre música y risas.

Cuando el reloj marcó las once, un espectáculo de fuegos artificiales iluminó el cielo.

Todos levantaron la vista.

Nica también.

Los colores se reflejaban en sus ojos mientras una sonrisa sincera iluminaba su rostro.

Sin darse cuenta, el hombre de los ojos grises se había acercado unos pasos.

Quedó a su lado.

Los dos observaron el cielo sin decir una palabra.

Cuando el último fuego artificial desapareció, él habló en voz baja.

—Creo que nunca te había visto sonreír así.

Nica giró lentamente la cabeza.

No esperaba encontrarlo allí.

—¿Hace mucho que estás?

—El suficiente para descubrir que esta ciudad te queda muy bien.

Ella sintió un leve rubor en las mejillas.

Antes de responder, una fuerte voz resonó detrás de ellos.

—¡Nica!

Su corazón dio un vuelco.

Conocía esa voz.

Se giró de inmediato.

Entre la multitud había un hombre alto, vestido con un elegante traje oscuro.

No podía distinguir bien su rostro.

Pero estaba completamente segura de una cosa.

Ese hombre la conocía.

Continuará...

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