Karol Bellandi lo perdió todo en cuestión de semanas. La empresa que levantó con años de esfuerzo está al borde de la quiebra, las deudas la persiguen y el embargo de su casa termina de destruir el mundo que construyó con sacrificio.
Sin opciones y desesperada por salvar lo único que le queda de su padre, acepta buscar ayuda del frío y poderoso empresario Nathanael Moretti.
Nathanael no cree que asociarse con Karol sea una buena inversión. Para él, ella solo es una empresaria en caída libre. Sin embargo, intrigado por la determinación de Karol, le propone un trato: si logra conquistar al cliente más importante del próximo proyecto, considerará firmar el contrato que podría salvar su empresa.
Obligada a convivir con él después de quedarse sin hogar, Karol descubre que detrás de la arrogancia de Nathanael existe un hombre marcado por secretos y heridas del pasado. Lo que comienza como un acuerdo estrictamente profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.
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Capitulo 20
La luz del atardecer teñía de sombras la sala del apartamento. Habían dejado atrás la oficina, las acusaciones y las dudas, pero la tensión acumulada seguía ahí, espesa y difícil de ignorar.
—Sé que ella nos quiso enfrentar —dijo Karol, con la voz todavía quebrada—, pero duele tanto que fuera tan fácil para ti pensar que yo te engañaba. Duele que las palabras de una extraña valieran más que todo lo que hemos compartido.
—No fueron sus palabras —respondió Nathanael, dando un paso hacia ella—. Fue mi propio miedo. Mi miedo a que todo lo que siento por ti me haga perder el juicio, a que me vea cegado y termine herido de nuevo. Pero al verte irte hoy… sentí que perdía algo mucho más importante que cualquier negocio.
Karol lo miró con los ojos llenos de lágrimas y de una esperanza que se negaba a morir.
—¿Algo más importante? —repitió—. ¿Qué es lo que sientes entonces? Porque yo ya no puedo seguir fingiendo que solo te debo un favor, o que solo somos socios. Cada día que paso a tu lado… te quiero más de lo que creí posible.
Él se acercó hasta quedar a su alcance, y su mirada, antes inescrutable, ahora mostraba toda la verdad.
—Y yo a ti —confesó él, con un susurro que parecía salir del fondo de su alma—. Llegaste cuando yo creía que ya no podía sentir nada más que frialdad, y has desordenado todo mi mundo. No eres un trato, Karol. Eres lo único que me importa ahora.
Antes de que pudieran decir nada más, se encontraron. Sus labios se unieron despacio, con la urgencia de quien lleva tiempo esperando, y con la ternura de quien teme perder el momento. Fue un beso cargado de todo lo que habían callado: miedos, agradecimiento, deseo y la certeza de que ya no había vuelta atrás.
Cuando se separaron, permanecieron muy cerca, con las frentes juntas y las respiraciones entrecortadas.
—Esto es un riesgo enorme —dijo Nathanael, acariciando su mejilla con suavidad—. Todavía hay muchas cosas por resolver, muchos obstáculos.
—Lo sé —respondió ella, sonriendo entre lágrimas—. Pero prefiero correr cualquier riesgo contigo, que vivir una vida segura sin ti.
Sabían que el camino no sería fácil, que la traición de Bianca todavía tendría consecuencias y que el futuro seguía siendo incierto. Pero por primera vez, no tenían miedo de avanzar: lo harían juntos.
Nathanael la abrazó con fuerza, como si quisiera protegerla de todo el dolor pasado y el que aún pudiera venir.
—Nada nos detendrá —le susurró al oído—. Ni el miedo, ni las trampas, ni nadie. De ahora en adelante, todo lo enfrentamos juntos.
Karol se acomodó contra su pecho, sintiendo que por fin había encontrado su verdadero lugar.
Cerró los ojos y se dejó llevar por el sonido de su corazón, un ritmo tranquilo y seguro que borraba, por unos instantes, todas las inquietudes. Ya no sentía que caminaba sola por un camino oscuro: él estaba ahí, sosteniéndola, y esa certeza valía más que cualquier contrato o cualquier triunfo.
—Juntos —repitió ella muy bajito, como sellando una promesa que duraría mucho más que cualquier dificultad.