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CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Amor eterno
Popularitas:452
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

nada es para siempre

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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—¡Jajaja! ¿En serio hicieron eso? —estalló Roberta en una carcajada limpia, sujetándose el estómago mientras miraba a su amiga—. ¡No puedo creerlo, Azul!

—¡Te lo juro! —respondió Azul, cruzándose de brazos , aunque una sonrisa delataba que ella también encontraba la situación divertida—. En cuanto la seguridad del antro se nos vino encima, este fortachón me agarró como costal de papas, me subió al hombro y salió corriendo por la puerta trasera.

Dmitriy, sentado cómodamente en el pequeño sillón, levantó las manos con total inocencia y miró a su primo, quien lo observaba con una ceja levantada y los brazos rígidos sobre el pecho.

—Bueno, es que también hay que aclarar que la pequeña Rambo se puso a pelear a mitad de la pista —se defendió el , guiñándole un ojo a Azul—. Yo solo estaba cuidando su integridad física.

—Oye, el sujeto la llamó zorra —intervino Roberta de golpe, poniéndose del lado de su compañera de cuarto—. Era más que justo que mi pequeña se defendiera. Nadie le habla así.

—Lo verdaderamente impresionante —agregó Dmitriy, acomodándose en el sofá y gesticulando con entusiasmo— era que el tipo le llegaba casi a la barbilla a este muro ruso, tenía el doble de su tamaño, ¡y aun así ella le pegó un derechazo limpio! Yo me quedé completamente sorprendido. No me lo esperaba de alguien tan bajita.

Taras soltó un suspiro pesado, frotándose el puente de la nariz por debajo de sus lentes, tratando de asimilar cómo una noche que debía ser de descanso se había convertido en un guion de película de acción de bajo presupuesto.

—Ay, Azul... De verdad, pareces niña chiquita buscando pleitos en los antros —la reprendió Roberta con cariño, dándole un empujón juguetón en el hombro.

—Tú hablas así porque no viste la cara que puso el tipo, Roberta —replicó Azul, defendiendo su honor—. Se lo merecía por completo.

Taras dio un paso al frente, clavando sus ojos claros en su primo con una severidad que recuperaba su papel de protector familiar.

—En serio, Dmitriy... No te vuelvas a ir así nunca más —le advirtió con voz grave—. Dejaste a todo el equipo de seguridad al borde de un ataque . Pensamos que te habían secuestrado .

—Pero si yo no hice nada—protestó el, soltando una risa descarada—. Ella fue la que me sacó a jalones del lugar en cuanto empezó la campal. Yo solo cooperé con sus órdenes para no entorpecer la huida.

Taras se le quedó viendo fijamente, en un silencio absoluto, como si no terminara de procesar el hecho de que el indomable y caprichoso Dmitriy hubiera cooperado de tan buena gana . Conocía a su primo desde la infancia y sabía perfectamente que jamás seguía las órdenes de nadie, a menos que hubiera un interés muy profundo de por medio.

—Bueno... Ya son casi las dos de la tarde —anunció Azul, mirando el reloj de pared de la sala—. Pasamos demasiado tiempo contando las historias de anoche y reviviendo el desastre de la discoteca, así que el tiempo se nos fue volando.

—¡Hay que comer! ¡Siiii! —exclamó Roberta, dando un pequeño salto de entusiasmo—. Me estoy muriendo de hambre. El desayuno de la mañana ya quedó en el pasado.

—Sí, Roberta, tienes mucha razón. Hay que comer algo ya —coincidió Azul, estirando los brazos para sacudirse la pereza.

Dmitriy reaccionó de inmediato, viendo a su primo para buscar una solución de su estilo.

—Deja hago una reservación en el restaurante del hotel, nena —ofreció el heredero con total naturalidad, mirando a Azul con una sonrisa galante.

—¿Para qué o qué? —preguntó Azul, arqueando una ceja ante el derroche innecesario.

—Iremos a comer a un buen lugar, es lo menos que podemos hacer por ustedes después de que prácticamente salvaste a mi primo de terminar en una delegación—intervino Taras, apoyando la propuesta .

—¿Cuál reservación ni que nada? Aquí en la casa hay comida de sobra —contestó Roberta con un ademán despreocupado, tomando a Azul del brazo—. Ven, acompáñame a la cocina y vemos qué inventamos con lo que hay en el refrigerador.

Las dos chicas se dieron la vuelta y caminaron hacia el pasillo de la cocina, discutiendo en voz baja sobre si preparar chilaquiles o recalentar lo del día anterior, dejando a los dos rusos a solas en la pequeña estancia por primera vez en todo el día.

Taras esperó a que las voces de las mujeres se alejaran por completo antes de inclinarse hacia su primo. Su rostro abandonó la rigidez y adoptó una expresión de genuina curiosidad, cruzándose de brazos.

—Me puedes decir... ¿Por qué carajos no te fuiste directo al penthouse en cuanto salieron del club? —le cuestionó , bajando el volumen de la voz—. Tú sabes perfectamente dónde está ubicado el hotel, tienes las tarjetas y el chofer estaba a una llamada de distancia si usabas el teléfono de cualquiera. No tenías ninguna necesidad de caminar toda la noche.

Dmitriy se acomodó en el sillón, dejando caer la cabeza hacia atrás con una sonrisa soñadora que Taras jamás le había visto. Miró hacia el pasillo por donde Azul había desaparecido y luego regresó la vista a su primo, respondiendo con total honestidad.

—Sí... Claro que sé dónde está el penthouse —admitió , con los ojos brillando de una manera inusual—. Pero tengo muy claro que si lo hubiera hecho, si hubiera tomado el camino fácil y me hubiera regresado a encerrar a mi suite de lujo... No hubiera pasado la increíble, maravillosa y mágica noche que pasé con ella. Vale totalmente la pena perderse por una mujer así.

Taras se le quedó mirando un segundo, entendiendo finalmente que la famosa chispa que su primo tanto buscaba no solo se había encendido, sino que estaba quemando todas las estructuras del futuro heredero del imperio de las estepas.

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