Aethelgard Draconis (El Patriarca): Un vampiro de presencia imponente y fría elegancia, con siglos de existencia a sus espaldas. Su mente es una fortaleza inquebrantable.
Nyxandra Draconis (La Matriarca): De una belleza etérea y calculadora. Es la estratega del clan, capaz de leer las intenciones más ocultas antes de que sean pronunciadas.
Kaelen Draconis: El hermano mayor. Protector, de pocas palabras y con un aire de misterio melancólico que oculta una ferocidad implacable.
Vespera Draconis: La hermana menor. Ágil, perspicaz y con una fascinación peligrosa por el mundo efímero de los humanos.
Onyx Draconis (El Protagonista): El miembro más introspectivo de la familia. Vive con el peso de una eternidad que apenas comienza a comprender hasta que un giro del destino cruza su camino.
orden
- Ecos De Cenizas y Ónix
- El Eclipse Del Tiempo: Crónicas Del Valle Eterno
- El Eclipse Del Tiempo: El Despertar Del Abierto Horizonte
- Eclipse Del Tiempo: El Umbral Del Amanecer
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Consecuencias Inesperadas
El trayecto de regreso desde el acantilado hasta los límites seguros del pueblo transcurrió en un silencio inusitado, roto únicamente por el rugido constante del viento y el golpe furioso de las olas contra las rocas lejanas. Onyx caminaba al lado de Lyra, manteniendo una distancia prudente pero lo suficientemente cerca como para evitar cualquier tropiezo en el terreno escarpado. La muchacha parecía absorta en sus propios pensamientos, con la mirada fija en el sendero de tierra húmeda, mientras una mezcla de asombro y confusión evidente se reflejaba en su rostro.
—Aún no me has explicado cómo lograste llegar hasta mí tan rápido —rompió el silencio Lyra, deteniéndose un momento junto a un viejo roble para mirarlo directamente a los ojos con una curiosidad inquisitiva—. Estaba mirando hacia el borde del abismo y, en un abrir y cerrar de ojos, ya estabas sosteniéndome del hombro. Nadie puede moverse a esa velocidad, Onyx. Es físicamente imposible.
Onyx contuvo la respiración por una fracción de segundo, evaluando el riesgo de la pregunta con la precisión milimétrica de un estratega militar. Sabía que la línea entre mantener su coartada humana y revelar la verdad de su naturaleza era extremadamente frágil, pero la inteligencia en los ojos de Lyra demostraba que las explicaciones simplistas ya no funcionarían por mucho más tiempo.
—Los reflejos pueden ser sorprendentes cuando se presta la atención adecuada al entorno, Lyra —respondió Onyx con voz calmada, eligiendo cuidadosamente cada palabra para no delatar la tensión que recorría sus músculos—. En lugares peligrosos como este acantilado, la supervivencia depende de anticiparse a los movimientos antes de que ocurran. Mis sentidos simplemente estaban más atentos de lo que imaginas.
Lyra lo observó con escepticismo, cruzando los brazos sobre su abrigo con una sonrisa irónica que no alcanzaba a disipar la duda en su mirada.
—Tienes una forma muy peculiar de esquivar las preguntas directas —comentó ella, dando un paso al frente para acortar la distancia—. Desde que llegaron a Oakhaven, tú y tu familia han sido un misterio constante. Mis amigos dicen que son extraños, que hay algo en ustedes que no encaja con el resto del pueblo. Pero cuando estoy contigo, tengo la sensación de que hay mucho más de lo que estás dispuesto a admitir.
—Hay cosas que es mejor dejar en la penumbra, Lyra —respondió Onyx con un tono de voz profundamente serio, cargado de una melancolía involuntaria que hizo que Lyra contuviera la respiración—. Algunas verdades son demasiado pesadas para quienes habitan en la luz. Conocerlas puede cambiar tu vida de una manera de la que no hay retorno.
Las palabras flotaron en el aire frío del bosque durante varios segundos, cargadas con el peso de una advertencia real que iba mucho más allá de una simple metáfora literaria. Lyra abrió la boca para responder, pero al observar la profunda oscuridad en los ojos de Onyx y la absoluta rigidez de su postura, comprendió que había tocado una fibra muy sensible. Bajó la vista y asintió levemente con la cabeza, aceptando el límite que él acababa de trazar entre ambos mundos, aunque la chispa de la curiosidad en su interior ardía con más fuerza que nunca.
Cuando llegaron finalmente a las afueras del pueblo, donde las primeras farolas encendidas comenzaban a proyectar sombras alargadas sobre el asfalto mojado, Lyra se detuvo frente a la entrada de su calle.
—Gracias por acompañarme de regreso, Onyx —dijo ella, esbozando una sonrisa suave y tímida que iluminó su rostro a pesar de la penumbra—. Supongo que debo prometerte no volver a subir sola al acantilado en un día de tormenta.
—Es una promesa que deberías cumplir estrictamente si valoras tu seguridad —respondió Onyx con una media sonrisa, inclinando ligeramente la cabeza en señal de despedida—. Nos vemos el lunes en el instituto, Lyra. Ten cuidado en el camino.
Mientras la veía alejarse por la acera hasta perderse entre las sombras de las casas, Onyx supo que las consecuencias de ese encuentro no tardarían en manifestarse. El mundo exterior se acercaba peligrosamente a su secreto, y la tormenta real apenas comenzaba a desatarse en el horizonte.
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