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Renací Para Ser La Villana

Renací Para Ser La Villana

Status: En proceso
Genre:Reencarnación(época moderna) / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Crystal Suárez

Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.

NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1

La noche en que morí...

Nunca imaginé que el sonido de una risa pudiera destruirme más que cualquier otra cosa en el mundo. No un disparo. No un golpe. Ni siquiera la muerte misma, fue una risa, la de Isabella, mi mejor amiga durante diez años. La mujer que conocía todos mis secretos, mis inseguridades, mis sueños… y también todas mis debilidades.

Esa noche el hotel estaba cubierto de luces doradas, enormes arreglos florales y copas de cristal que brillaban bajo las lámparas gigantes del salón principal. Todo era elegante, sofisticado, perfecto. Exactamente el tipo de celebración que mi familia adoraba presumir frente a la alta sociedad. Empresarios importantes caminaban de un lado a otro hablando de contratos millonarios mientras fingían sonrisas amistosas. Mujeres vestidas con joyas absurdamente costosas murmuraban entre ellas observándose con desprecio disimulado. Y en medio de toda aquella perfección artificial estaba yo, usando un vestido blanco que Alexander había elegido personalmente porque, según él, “el rojo era demasiado llamativo para alguien como yo”.

Alguien como yo.

Ni siquiera en ese momento entendía cuánto desprecio escondían realmente sus palabras, apreté la copa de vino entre mis dedos mientras recorría el salón con la mirada por décima vez.

No estaba.

Alexander había desaparecido hacía más de media hora justo después del anuncio oficial de nuestro compromiso empresarial. Porque eso era realmente nuestra boda para ambas familias: negocios, acciones, poder, prestigio y yo, ingenuamente, había querido creer que también era amor.

—¿Sigues buscándolo? —preguntó Isabella apareciendo a mi lado con una sonrisa suave.

Giré la cabeza para verla. Llevaba un vestido negro ajustado que resaltaba perfectamente su figura y el cabello recogido elegantemente. Isabella siempre llamaba la atención sin esfuerzo. Incluso yo lo admitía.

—Solo quiero saber dónde se fue —respondí intentando sonar tranquila—. Desapareció sin decir nada.

Ella soltó una pequeña risa divertida antes de tomar una copa de champagne de una bandeja cercana.

—Alexander siempre ha sido así, Mía. Sabes que odia este tipo de eventos.

La miré unos segundos. Ahora que recordaba aquel momento, me daba cuenta de algo doloroso: Isabella siempre justificaba todo lo que él hacía.

Siempre.

Si Alexander me ignoraba, ella encontraba una excusa, si cancelaba nuestras citas, ella decía que estaba ocupado, si me trataba con indiferencia, ella aseguraba que “simplemente no sabía expresar emociones”.

Qué ciega fui.

—A veces siento que ni siquiera quiere casarse conmigo —murmuré bajando la mirada hacia mi copa.

Isabella me observó en silencio unos segundos antes de acercarse un poco más.

—No pienses demasiado, Mía. Tú sabes cómo son los hombres importantes.

Ahora entiendo que casi le costaba contener la risa, porque ella sabía la verdad, siempre la supo y aun así me abrazaba cuando lloraba por él.

Me escuchaba hablar sobre mis inseguridades, me decía que debía esforzarme más para que Alexander “notara todo lo que hacía por él”.

Dios... Era humillante.

—Voy al baño un momento —dije finalmente sintiendo un extraño nudo en el pecho.

—Claro —respondió ella sonriendo—. Y deja esa cara triste, esta noche debería ser la más feliz de tu vida.

"La más feliz de mi vida", qué cruel sonaba eso ahora.

En lugar de ir al baño, caminé fuera del salón durante un buen rato intentando ignorar la sensación incómoda que se había instalado dentro de mí desde el inicio de la fiesta. Los pasillos privados del hotel eran mucho más silenciosos, lejos de la música elegante y las conversaciones superficiales. Mis tacones resonaban sobre el mármol mientras avanzaba lentamente tratando de ordenar mis pensamientos.

Tal vez estaba exagerando, tal vez Alexander realmente solo necesitaba aire. Tal vez… Entonces escuché risas detrás de una puerta apenas entreabierta y me detuve, porque reconocí inmediatamente ambas voces.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿No crees que ya fue suficiente? —preguntó Isabella entre pequeñas carcajadas—. La has tenido arrastrándose detrás de ti durante años.

Sentí un escalofrío recorrerme completa, Alexander soltó una risa baja.

—Fue útil.

Mis dedos se tensaron alrededor de la copa.

Útil.

Eso había sido yo para él, no su prometida, no la mujer que lo amaba, solo alguien útil.

—Aunque debo admitir algo —continuó él con absoluta tranquilidad—. A veces hasta me daba lástima. Es tan patética intentando agradarme que llega a ser incómodo.

Sentí que las piernas me fallaban, cada palabra golpeaba directamente mi pecho.

Mi mente comenzó a recordar demasiadas cosas al mismo tiempo. Las veces que cambié mi manera de vestir porque él decía que mi estilo era “aburrido”. Las reuniones importantes que cancelé únicamente porque él quería compañía. Las ocasiones donde dejé de defenderme frente a mi propia familia porque Alexander decía que una futura esposa debía ser más “comprensiva”.

Me fui destruyendo sola intentando ser suficiente para alguien que nunca me vio como una persona.

Isabella volvió a reír.

—Aunque debo agradecerle algo.

—¿Qué cosa? —preguntó Alexander.

—Que confiara tanto en mí. Gracias a eso fue demasiado fácil drogarla todas esas veces.

Mi respiración se detuvo completamente, el mundo entero pareció inclinarse bajo mis pies.

¿Qué…?

Sentí náuseas, aoyé una mano contra la pared intentando mantenerme en pie mientras mi cabeza daba vueltas.

Alexander soltó otra carcajada.

—Ni siquiera lo nota. Honestamente pensé que sería más difícil manipularla.

Manipularme, drogarme... Usarme.

Las piezas comenzaron a encajar violentamente dentro de mi mente. Las lagunas mentales. El cansancio constante. Los días donde despertaba confundida sin recordar ciertas conversaciones. Los documentos que firmé creyendo que eran simples acuerdos empresariales.

Dios mío.

Ellos habían estado jugando conmigo durante años.

—Aunque debo reconocer algo también —dijo Isabella con diversión—. Me sorprende lo mucho que te ama. Es casi enfermizo.

—Eso la ha hecho más manejable —respondió él con frialdad—. Mía siempre necesitó desesperadamente que alguien la quisiera.

Sentí las lágrimas arder detrás de mis ojos, pero me negué a llorar.

No.

No iba a darles eso también.

—¿Y qué harás después de casarte? —preguntó Isabella curiosa.

Hubo unos segundos de silencio, luego Alexander respondió tranquilamente.

—No habrá boda.

Mi corazón prácticamente dejó de latir.

—¿Entonces?

—Su muerte será mucho más conveniente. Una esposa muerta da menos problemas que un divorcio y luego tu y yo, podemos empezar una historia sin necesidad de ocultarnos.

Isabella soltó una carcajada divertida.

—Eres horrible.

—Soy inteligente.

—¿Y su familia?

—Cuando descubran el fraude ya será demasiado tarde. La empresa estará completamente bajo mi control.

Cada palabra destruyó algo dentro de mí, mi familia, mi empresa, mi vida, nada había sido real.

Retrocedí lentamente sintiendo que me faltaba el aire, pero entonces mi brazo chocó accidentalmente contra una pequeña mesa decorativa.

Un florero cayó al suelo.

El sonido del cristal rompiéndose resonó brutalmente en el pasillo., hubo un silencio aterrador.

—…¿Mía? —escuché decir a Isabella.

El miedo me atravesó violentamente, entonces corrí, simplemente corrí.

Mis tacones golpeaban desesperadamente el suelo mientras intentaba alejarme. Las lágrimas comenzaron a nublar mi visión y mi respiración se volvió inestable. Apenas podía pensar.

Solo quería salir, salir de ahí, alejarme de ellos, pero entonces alguien sujetó mi brazo bruscamente obligándome a detenerme.

Alexander.

Mi cuerpo entero tembló, él me observó fijamente mientras mantenía el agarre sobre mi brazo y por primera vez en todos esos años realmente vi su rostro.

No el hombre del que me enamoré, no mi prometido, no la persona con quien soñé construir un futuro.

Vi a un monstruo.

—¿Escuchaste? —preguntó con una calma aterradora.

Intenté soltarme.

—Suéltame… —susurré sintiendo las lágrimas deslizarse finalmente por mis mejillas.

Él inclinó ligeramente la cabeza observándome.

—Mía…

Detrás de él apareció Isabella, y lo peor fue que no parecía asustada, parecía molesta.

—Sabía que tarde o temprano esto iba a pasar —dijo cruzándose de brazos—. No debiste traerla aquí esta noche.

Sentí el corazón romperse todavía más, ni siquiera fingían, ni siquiera intentaban ocultarlo ya.

—¿Por qué…? —mi voz salió quebrada—. ¿Por qué hicieron esto…?

Alexander me observó durante unos segundos con absoluta indiferencia.

—Porque eras fácil de utilizar.

Esa respuesta destruyó lo último que quedaba dentro de mí.

Toda mi vida había intentado ser amable. Ser suficiente. Ser querida. Pasé años creyendo que si amaba lo suficiente a las personas correctas, ellas harían lo mismo por mí.

Qué ridícula fui.

Alexander levantó una mano y acarició mi mejilla lentamente.

Me dieron unas ganas horribles de vomitar.

—Debiste quedarte ignorante, Mía —susurró—. Habría sido más sencillo para todos.

Luego sonrió, fue una sonrisa fría, vacía, cruel y esa fue la última expresión que vi antes de morir.

1
Renata Mabel
👏
Anonymus
Y la venganza fatidica, vino de cuenta de la desneuronada de Isabella, ojala caiga como mango maduro en asfalto caliente 😡
Anonymus
Ojalá todos los Alexander del mundo , tuvieran un castigo así de educativo y con un valor agregado muy sabroson 🤭🤭🤭🤭
Anonymus
Al menos ella tiene a Dante que sirve de muro y colchón de contención 🫣🤭🤭🤭
Anonymus
Jummmm cuidado que esos egolatras resentidos, son más peligrosos, que un tiburón en piscina de rehabilitación 🫣🤭
Jazmin Pilar
hasta ahora lo que leí está bien bueno e interesante. ojalá publicarán más seguido. eso me molesta un poco. Tener que esperar días para que suban algo.
Crystal Suárez: Lamento la demora, mañana actualizaré 5 capitulos, es que estoy trabajando y todo me absorve 🥹
total 1 replies
Anonymus
Ella no se puede confiar tanto, ese par de zuripantos, andan dolidos y ofendidos en su orgullo y ella tiene una diana pintada en el rostro, ya me estrese 🫣😱😱😱
Anonymus
Cada vez, mejor , esta historia, gracias escritora por compartirla👍🏼😉😊
Maria Camila Hoyos Villa
s ss s ws s s
Maria Camila Hoyos Villa
jbbbb🤣bbb🤣b🤣🤣🤣🤣bb🤣n 🤣la vitrina donde se va todo un trato y esovida. s
Anonymus
Y aquí sigo abriendo la app, esperando ansiosamente, capitulos de esta espectacular historia 🫱🫲👍🏼👌🏻
Anonymus
Capítulo uno al diez y ocho y no me pude detener ' muy buena la trama 👍🏼
Crystal Suárez: Más tarde actualizo más capitulos, gracias por tu apoyo 🫂
total 1 replies
Anonymus
Y ella como supo que murió intentando denunciar al zuripanto , si dice el texto, ella había muerto hacía un año, o fue que estuvo en modo fantasma 🤔🤔
Anonymus: Gracias a ti 👍🏼
total 2 replies
Martha Lucia Montaño
Me encanta como escribes y mucho más la intriga en que siempre dejas las historias en cada capítulo
Emily Rodríguez
jajajajaja me hizo reír lo que le dijo a la mamá
Sr. Look “El Arte del Barbero”
el final de la sonrisa ufff
Lerida Malave de González
guao si así empezamos ya quedé enganchada
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